29/10/15


Entramos en la recta final del festival, felices pero algo cansados. La séptima jornada comienza, una vez más, a las 8.15 de la mañana con "Victoria". que es la película del plano secuencia. Sí, podría decirles que es la historia esa de la chica española (estupenda Laia Costa) que trabaja en Berlín y que una noche, de fiesta, conoce a cuatro tipos. con los que congenia, pero que, mira tú por donde, terminan complicándole la vida al involucrarla sin querer en sus actividades delictivas. Pero es posible que con el tiempo lo de la trama se les olvide. Lo del plano secuencia, seguro que no.

"Victoria" ni me pareció tan buena como algunos aseguran, ni tan mala como otros la ponen. Como experimento es curioso, está muy bien hecho y al menos no te aburres como pasa con Gaspar Noé. Pero más allá del recurso formal, la película es algo floja y, desde luego, el comportamiento de su protagonista es inexplicable, no se puede ser tan idiota. A no ser que su presencia en Alemania se deba a que tenían que practicarle una lobotomía.


Pero la verdad es que disfruto mucho más con "Schneiner vs Bax", la nueva película de Alex van Warmerdam, el director de esa joya que es "Borgman" (y que ganó en Sitges hace dos años). En esta ocasión cambia el terror malsano por una comedia negra sobre dos asesinos a sueldo que reciben cada uno la misión de matar al otro. Y el problema es que las complicaciones se van amontonando en ambos bandos, lo que dificulta mucho el trabajo de los dos protagonistas.

Se trata de un film ligero, sin la carga emocional de su anterior trabajo, pero que no sólo resulta muy divertido (los dos primeros actos más que el tercero) sino que además es de agradecer que el director opte por hacer algo diferente y no repetirse. Yo me lo pasé en grande.


Desde luego mucho mejor que con "Experimenter", que me parece una película espantosamente planteada. Ni siquiera mala, lo que pasa es que no sabe a qué diablos juega. Desaprovecha un buen punto de partida (la historia real de Stanley Milgram, el tipo responsable de ese famoso experimento en el que se medía hasta qué punto los sujetos eran capaces de infligir dolor a otra persona sólo porque "acataban órdenes", incluso cuando no estaban bajo ningún tipo de coacción), desaprovecha a un magnífico Peter Sarsgaard e incluso desaprovecha la ocasión de devolvernos a la mejor Winona Ryder, que aquí sólo hace de mujer florero.

Creo que la historia hubiera sido un excelente documental y puede que incluso un excelente biopic, pero al final tira por la calle de en medio y se convierte en un documental ficcionado, con Sarsgaard hablando a cámara todo el rato. No podría ser más aburrido ni aunque les fuera la vida en ello.


Y vamos de mal en peor, porque "Lace Crater" tiene el dudoso honor de ser la película que menos me ha gustado de todo el festival. Se trata de otra película que desaprovecha su punto de partida y se convierte en lo que no debería ser. Porque una historia que comienza con una mujer teniendo relaciones sexuales consentidas con un fantasma al que conoce en la casa de un amigo, en mi cabeza sólo puede derivar hacia la comedia.

Pero no, de repente la película comienza a oscilar entre el terror (la mujer se va convirtiendo paulatinamente en un fantasma...eso le pasa por no usar protección) y el drama existencialista. Como diría Brando, el horror, el horror... Lo peor fue tener al pobre director en la sala, listo para una sesión de preguntas y respuestas al final de la proyección, y ver cómo la gente salía corriendo mientras las luces aún estaban apagadas, para ahorrar el mal trago a todas las partes.


Menos mal que luego llega "Partisan" para solucionarlo todo. La película, protagonizada por un excepcional Vincent Cassel, me recuerda en algunos puntos a "Canino", ya que habla de una comunidad que vive de espaldas al mundo y que acepta como válida situaciones que en cualquier otro lugar consideraríamos aberrantes.

En esta ocasión Cassel dirige una especie de "culto" en el que él es el único hombre, está rodeado por mujeres necesitadas de cariño, y adoctrina a sus hijos para que se conviertan en asesinos a sueldo que cumplan las misiones que él les encomienda. Pero todo cambiará cuando uno de los niños, el favorito del protagonista, comience a cuestionar las decisiones del patriarca.

Lo mejor de la película (y créanme, tiene muchas cosas buenas) es la forma en la que explica las cosas, haciéndolas creíbles, hasta el punto de que entiendes que eso podría darse en el mundo real. Y que el personaje de Cassel es un monstruo, pero a su modo realmente quiere a los niños. Posiblemente lo más aterrador de todo.


Sin embargo en esta ocasión no nos vamos a la cama con buen sabor de boca, porque la última proyección del día es la de "Southbound", una película de relatos cortos de terror que no tiene ni pies ni cabeza. Hago el esfuerzo un rato, después simplemente me pongo de mala leche y por último salgo de la sala en cuanto acaba, decidido a olvidarla lo antes posible. Les explicaría de qué van las historias, pero para qué, si ninguna de ellas acaba realmente... (sí, una puta tomadura de pelo).


Estoy tan enfadado que siento la tentación de volver a ver "As the god's will", la primera macarrada de Miike en este Sitges, que ya me gocé meses atrás. Un divertimento muy entretenido, con escolares enfrentándose a extraterrestres que asumen forman extrañas y que parecen empeñados en jugar con ellos a juegos infantiles como "un dos tres, caravana es". Claro que aquí cuando pierdes no vuelves al punto de partida, sino que te vuelan la cabeza...

Es Miike. ¿Qué se esperaban?



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