20/10/15


Los 140 minutos que dura "Victoria" transcurren en tiempo real y están rodados en un único plano secuencia. Ese es su gancho. Ser "la peli del plano secuencia". Si esa circunstancia despierta su interés, podemos seguir adelante. Si no, mejor se bajan ya y se ahorran un precioso tiempo, porque ésta no es su película.

Porque la verdad es que es una de estas cintas en las que la forma prevalece sobre el contenido. Vaya por adelantado que a mí me gustó (debí ser de los pocos), y que el modo en que está filmada me llamó mucho la atención. Pero si no lo haces así, si no planteas el tour de force y optas por ser conservador y recurrir a un montaje tradicional, entonces todos estaremos de acuerdo en que, como mínimo, a la peli le sobra una hora de metraje. Y si a eso le sumamos una trama convencional, que tampoco es que cuente demasiado, de nuevo volvemos a la importancia del plano secuencia.

(Y aún así, lo digo desde ya, es muy superior a esa cosa infumable llamada "Enter the void", dirigida por Gaspar Noé, uno de los directores actuales cuyo trabajo me causa mayor pereza. Tanto es así que estuvo este año en Sitges, presentando "Love 3D", y no hice ni el más mínimo amago ni de ver la cinta ni de intentar hablar con él. Y no me arrepiento de ninguna de las dos decisiones).


Pero volvamos al tema que nos ocupa. ¿De qué va "Victoria"?, se preguntarán ustedes. A ver, ¿quieren la explicación académica o mi interpretación de los hechos? Vale, vamos con ambas. Empezando por lo que podríamos llamar "sinopsis oficial"

Victoria es una chica española que lleva algunos meses trabajando en una cafetería en Berlín y que se siente sola porque no conoce a nadie. Una noche, tras salir de un pub, entabla conversación con un grupo de jóvenes con los que sigue la fiesta, aunque pronto las cosas empiezan a complicarse, hasta el punto de terminar viéndose envuelta en una actividad delictiva. Es el retrato de una joven que necesita conectar con alguien y que termina cogiéndole cariño a unos delincuentes que en el fondo son buenas personas, pero que se ven superados por una situación de la que no saben cómo escapar.


Ahora vamos con mi interpretación. Victoria es una niñata que necesita un polvo con urgencia (nada más empezar la peli la vemos flirteando con el camarero de un bar, intentando invitarle a una copa). De modo que, cuando conoce a estos pobres diablos, que está claro que no son graduados de Harvard, en vez de irse a casa decide, con una falta de juicio terrible, que no pasa nada por irse con cuatro desconocidos a quién sabrá donde. Sobre todo porque cuando empiezas a hablar a las tantas de la mañana con unos tipos borrachos y medio drogados a los que le han prohibido la entrada al club y que te dicen de darte una vuelta en su coche, que ni es su coche ni nada, no hay que ser adivino para entender que la cosa no va a acabar bien.

Por fortuna para ella no son violadores. Sólo delincuentes que se verán metidos en una situación muy chunga a la que terminan arrastrando a la chica, que, lejos de arrepentirse, parece incluso estar pasándoselo bien. Una joyita de niña, vamos.

Pero, ¡ey!, a pesar de lo que nos muestran las películas, resulta que en la vida real hay mucha gente que es tonta de remate, así que si aceptamos que nuestra protagonista no es precisamente una lumbrera, con la misma hasta podemos entender que sólo tome malas, peores y requetepeores decisiones. Y entonces la acompañamos durante las citadas dos horas veinte, en las que le da tiempo a beber, charlar, hacer el payaso, enamorarse un poco, meterse en actividades chungas y acabar descubriendo que con la misma si se hubiera ido a dormir a las primeras de cambio hubiera sido mejor (aunque...no, no digo nada).


"Victoria", más allá de la dirección de Sebastian Schipper y su plano secuencia (sí, lo repetimos una vez más) se sustenta en el excelente trabajo de la española Laia Costa, y del grupo de delincuentes que la acompañan y que lo cierto es que te los crees en los papeles. Y menos mal que todos están muy bien, porque si no sí que sería un coñazo de película. Pero todos terminan siendo suficientemente carismáticos (no diré que me caen bien, porque no es verdad, pero al menos les coges algo de cariño, aunque sea un poco) como para que el interés no decaiga y acabes preguntándote cómo acabará la cosa.

Triunfadora en Berlín y en los German Film Awards, en Sitges no ha convencido tanto, lo que siembra dudas sobre su potencial comercial cuando llegue a las salas de cine. Teniendo en cuenta que su estreno será el próximo viernes, en unos pocos días será el momento de comprobar la reacción del público: si se suman a los que la critican por considerarla una obra vacía con personajes con los que es imposible identificarse o los que, como yo, aprecian sus intenciones y piensan que la verdad es que no está del todo mal.


En cualquier caso, ya saben, siempre será "la película del plano secuencia". Ese sambenito no se lo quita nadie.


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