11/6/17


Hola amigos, bienvenidos a la primera de una serie de reseñas sobre el universo de James Bond. Hace escasos días os reseñamos su última película “Spectre”, que no nos entusiasmó precisamente, y hoy damos el pistoletazo de salida a una serie de artículos que no sólo hablarán de las películas, también de los cómics, los videojuegos, los productos derivados y muchas cosas más. Esperemos que os gusten y que nos acompañen en este viaje que empieza justo ahora.

Nadie pilla por sorpresa a Bond, no ha nacido quien lo logre

Estrenada en 1962, “James Bond contra el Doctor No” adapta la sexta novela del personaje. Aunque durante la película se mencionan hechos acontecidos de misiones pasadas (el incidente con la Beretta por ejemplo), es el enfrentamiento contra Jules No el que inicia la saga de películas más longeva de la historia del cine.

Terence Young dirigió la cinta (labor que repetiría en las dos siguientes) y consiguió sacar oro de la misma, pues con un presupuesto de 1.100.000 dólares (se excedió 100.000 sobre el presupuesto original) consiguió recaudar más de 50 millones en todo el mundo y no sólo asegurar nuevas películas de la franquicia, sino iniciar también un género cinematográfico en sí mismo: los films de espías, que había tenido ya alguna película de este tipo, pero nada que ver con lo que vendría a partir de 1962.

El maquillador era fan de Data de Star Trek

Aunque el filme no ha envejecido del todo mal – el hecho de no usar efectos especiales demasiado costosos le ha venido de miedo – sí que es cierto que su lento ritmo le ha pasado factura y los poco más de cien minutos de duración se acaban haciendo algo pesados. También es cierto que su comienzo no es precisamente el que alguien se esperaría de una película de espías con una ambientación en Jamaica (donde el escritor Ian Fleming posee una casa, lo que ayudó en las localizaciones del rodaje) y el asesinato de un agente secreto británico por parte de tres ciegos. No es lo que quizás podríamos tener en mente, pero es original, de eso no hay duda.

La cinta ha tenido incontables carteles a lo largo de los años

Sin embargo “Doctor No” sentó desde el principio las bases de las que serían las señas de identidad de cualquier filme de James Bond hasta la llegada de Daniel Craig. A saber: carreras, asesinatos con estilo (en este film con tarántulas), mujeres hermosas, planes para desestabilizar el equilibro social-económico de occidente, malos malignos y tecnología imposible. Sobre este último aspecto, cuentan los productores de la película que todos los paneles y maquinaria que se ven en la guarida del Doctor No son reales, ya que fueron alquilados a grandes empresas, y que sus operarios no eran extras del cine, sino científicos titulados para que todo fuera más real, amén de que se rodó con un cuidado de narices.

Cuando Bond fuma, es el aire quien pilla cáncer

Ahora es cuando llegamos a Sean Connery, el que para la mayoría de los cinéfilos  y apasionados de James Bond será siempre el agente 007 definitivo. El actor galés, que por entonces gastaba ya 32 años (aunque pareciese mucho mayor), supo darle un porte al personaje que parecía sacado directamente de la imaginación de Ian Fleming: rudo, de pocas palabras, sibarita, machista y hedonista. Un as con las armas de fuego (aquí debuta la mítica Walter PPK) y un experto en la lucha cuerpo a cuerpo, hecho que queda demostrado en el film con varias coreografías bastante elaboradas para la época en la que se rodó, y teniendo en cuenta que la mayoría de su reparto no había dado un puñetazo en la vida.

Aquí tenemos a Bond improvisando unos condones con unas hojas de árbol y tabaco de mascar

Otros elementos que ya quedarían grabados a fuego son los personajes de Q, M y Moneypenny. Las primeras menciones a Espectra (con un significado del acrónimo verdaderamente absurdo), el Martini seco con vodka mezclado y no agitado o la introducción diseñada por Maurice Binder con la banda sonora que siempre ha sido acreditada a John Barry, cuando éste realmente lo que hizo fue retocar la melodía original de Monty Norman.

Sin embargo me van a permitir una apreciación personal. Para mí las películas de James Bond siempre se han basado en un triángulo de personajes formado por Bond obviamente, el villano de turno y la chica a mitad de camino entre damisela en apuros y femme fatale. Sobre estos dos últimos vamos a terminar la reseña. El Doctor No interpretado por Joseph Wisseman no se asemejaba mucho al de la novela, que medía dos metros, era completamente chino y tenía garfios en lugar de manos. El Doctor No fílmico tenía rasgos orientales, apenas pasaba el metro ochenta y tenía manos artificiales de poca movilidad (lo que juega un papel fundamental en el desenlace de la cinta) pero oigan, me parece que hace una gran actuación, mucho mejor que la idea original, que era meter a un gorila amaestrado dentro de un traje (no es broma).

¡Vaya par de conchas!

Y ahora ya sí, por último, Ursula Andress, despampanante y guapa como ella sola. Su papel de Honey Rider le valió un Globo de Oro y una escena que pasó para siempre a la escena del cine, apareciendo entre las olas del mar con un bikini blanco bastante pequeño para la época. La verdad es que analizando fríamente la película, su aparición no aporta absolutamente nada, pero bueno, es parte del encanto.

Esto ha sido todo para comenzar, la semana que viene más.



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