11/10/15


En Israel también saben hacer cine de terror. Es lo que han tratado de demostrar los hermanos Paz (Doron y Yoav) con "Jeruzalem", un título que juega con una referencia bíblica que indica que la tercera puerta al infierno se encuentra en la ciudad de Jerusalem para proponer una historia de horror y apocalipsis ambientada en el Yom Kippur.

Tanto han intentado asimilar el modo de rodar de los americanos, que, para mi sorpresa, "Jeruzalem" se inscribe dentro del género "found footage", viéndolo todo siempre desde la perspectiva de la protagonista. 

Pero aunque ya saben que servidor ha terminado hartándose de ese subgénero, al menos he de reconocerle a los directores que han sabido darle una vuelta de tuerca y ofrecer una explicación novedosa para la utilización del recurso, ya que en este caso cambiamos la tradicional videocámara (cuyo uso muchas veces es sencillamente inexplicable, sobre todo cuando te están atacando una hora de zombis o situaciones así) por unas "google glass" que lleva la protagonista (que, para más inri, pierde sus otras gafas, con lo que queda justificada que lleve el aparato durante toda la película).


Ojalá la historia tuviera más detalles novedosos como éste, porque siento decir que el resto es un refrito de cosas vistas en cientos de películas previas del género. Dos amigas (guapas, of course) se van de vacaciones. En el avión se cruzan con un chico (también atractivo, cómo no) del que se hacen amigas, hasta el punto de cambiar de planes y, en vez de irse de fiesta a Tel Aviv, acaban en Jeruzalem. A continuación, viene media hora de escenas intrascendentes donde los protagonistas sólo se dicen banalidades (y aún así es la parte que más disfruté) y luego, como es habitual, se desata el caos y se trata sólo de ir viendo en qué orden mueren todos.

"Jeruzalem" demuestra, una vez más, que una película es mucho más que una simple idea inspirada. Sí, lo de usar la ciudad y las referencias bíblicas para desatar el horror está muy bien (es lo que me atrajo a mí de la historia), pero a partir de ahí hay que darle al público algo nuevo, diferente. En vez de eso lo que tenemos son personajes arquetípicos metidos en una situación dantesca que, como también es habitual, nunca se llega a explicar del todo.


Hay algunas escenas interesantes, como el rescate del sanatorio (y todas las referencias al "síndrome de Jeruzalem") y el supuesto "giro final", que está bien resuelto (no digo más, para no caer en el spoiler) pero que, siendo sinceros, tampoco es que te coja por sorpresa. Cuando uno ya ha visto unas cuantas películas sabe que si en una guerra el soldado enseña una foto de su familia es que va a morir, y que sin venir a cuento alguien dice que sabe, no sé, pilotar una avioneta, es que al final le va a tocar hacerlo. Pues eso, que te cuentan una cosa, guiño-guiño, y al final el círculo se cierra.

La película está rodada con oficio. Sigue todas las pautas del género, no hay nada que chirríe y, en ese sentido, no tiene nada que envidiar a las películas de serie B que se hacen en Hollywood. Pero ese es el problema: que tampoco tiene nada que la diferencie. Si me dicen que en vez de ser una peli israelita la financió un estudio de Los Ángeles, me lo creería igualmente. Y eso, créanme, no es una buena señal.


Para pasar el rato y poco más.Y si la ven descansados, mejor. Porque con el tute que llevo, admito que me costó mantenerme despierto. Lo que es cosa mía y no de la película, lo sé. Pero la experiencia me dice que cuando lo que estoy viendo me interesa, por cansado que esté mis párpados tienen a bien permanecer abiertos.



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