4/10/15


Tiempo, divino tesoro. Hace ya una semana que terminó el Festival de Cine de San Sebastián, y aunque me gustaría seguir hablando largo y tendido de mi experiencia, creo que va siendo hora de ir cerrando el tema. Sobre todo porque dentro de cinco días comenzamos con el Festival de Sitges (lo que me supondrá un nuevo reto en lo que se refiere a ver casi cincuenta películas, poder dormir unas horas y sacar tiempo para irles contando todo lo que ocurre. Se hará lo que se pueda).

En cualquier caso, en cuanto a las películas que vi en San Sebastián, ya he escrito acerca de casi todas (algunos ejemplos aquí, aquí o aquí, por si les apetece releer las críticas). Y las tres que aún me faltan, sinceramente, no me impactaron lo suficiente como para dedicarle un artículo a cada una de ellas, de modo que tendrán que conformarse con ir incluidas en esta suerte de "artículo desastre".


Lo de "The Assasin" fue, sinceramente de traca. Cuando me enteré de que su director, Hsiao-Hsien Hou, venía de ganar un premio en Cannes, ya tendría que haberme mosqueado. Pero bueno, en Cannes a veces premian cosas interesantes como "Pulp Fiction" o "Corazón Salvaje", y encima en teoría era una película de artes marciales (del género Wuxia, ya saben, el mismo que "Tigre y Dragón"), así que pensé que a lo mejor estaba bien.

Error.

Lo expondré del siguiente modo. La vi en una sesión nocturna, a las doce de la noche, y durante la proyección se marcharon de la sala unas 30 personas. A mi alrededor, otra veintena dormitaba (eso lo que alcancé a ver). Y esto es San Sebastián, que aquí el público se comporta. Espera que en unos días se proyecte también en Sitges, que nos vamos a echar unas risas.


Me gustaría explicarles de qué va la película, pero para eso primero tendría que saber yo de qué va la película. Sí, es un film histórico. Sí, hay una asesina. Y sí, se supone que hay gente que conspira contra gente, porque hay Gobernadores que oprimen a los pueblos, o el Emperador oprime a los Gobernadores, o yo qué sé, porque entre que salen tropecientos personajes, que parece que al director le cobran por mover la cámara o acercarla a donde se supone que sucede la acción y que el desarrollo de la trama otorga una nueva dimensión a la palabra "lento", pues eso, que a los veinte minutos comprendí que no me estaba enterando de nada, a los treinta vi claro que nadie se estaba enterando de nada en la sala y a los cuarenta minutos me di cuenta de que en realidad me daba igual no estarme enterando de nada. 

En comparación "London Road", la película que clausuró el Festival, es una obra maestra. Lo que no quita para que sea mala con ganas. O, como mínimo fallida. Hablamos de un musical basado en una obra de teatro que a su vez se basa en un hecho real: la muerte de cinco prostitutas en dicho barrio hace algunos años.


No suena mal, ¿verdad? Le hace a uno pensar que a partir de ahí la historia puede dar juego. Ya, mejor esperen sentados. La película empieza con las chicas muertas (no se ven), luego a la media hora pillan al culpable (tampoco se ve) y el resto del tiempo el barrio, compungido por el suceso, decide seguir adelante con su vida. Fascinante. Casi tanto como ver cómo me crecen las uñas de los pies hora a hora.

Para rematarlo, la gracia de las canciones está en que la letra toma, palabra por palabra, las declaraciones reales de los vecinos, entrevistados por el autor de la obra teatral. Que resulta curioso sí, y hasta podría haber estado si los vecinos fueran herededos de Shakespeare. Pero son tipos normales hablando como tipos normales. Y por más que el autor se esfuerce, es imposible hacer rimas con estrofas como "estamos cultivando petunias".


Además, la dirección tampoco es que sea un prodigio, teniendo en cuenta que es una película que, como digo, está basada en una obra de teatro...y cuya adaptación a la gran pantalla está sufragada por el mismo teatro. Pues eso, que no esperen un espectáculo a lo Michael Bay por mucho que Tom Hardy se deje ver en pantalla no sé bien a santo de qué, a lo mejor había perdido una apuesta o algo.

La última película admito que la vi casi de rebote (sinceridad ante todo) y, curiosamente, es la mejor de las tres. Se trata de "Psiconautas", una película española de animación, protagonizada por animales como Chico Pájaro o la ratoncita Dinky y que, lejos de ser una de estas películas que uno le pondría a sus hijos pequeños (a no ser que seas muy cabrito), es un drama en toda regla con personajes drogadictos, esquizofrénicos, violentos... intentando escapar de su destino y de un mundo devastado por la radiación.


Lo admito, la película (adaptación de una novela gráfica de Alberto Vázquez, que aquí también hace las veces de co-director) me pareció lo suficientemente buena como para hacerme sentir algo culpable por no dedicarle más líneas. Quizás en un futuro próximo lo haga. Mientras tanto, si quieres saber si les va a gustar o no, mejor vean el cortometraje "Birdboy", ganador del Goya hace unos pocos años y germen de este largo bastante interesante, en la línea de los torturados personajes de Tim Burton (en su magistral novela "La melancólica muerte del Chico Ostra")


Vaya, dije que iba a hacer unas reflexiones finales y al final me he liado hablando de las tres películas que me quedaban por reseñar. Y tampoco quiero alargar esto mucho más, así que lo resumiré en un único párrafo:

San Sebastián es un festival increíble. Más allá de que algunos años su programación pueda ser mejor o peor, más allá de que pueda traer a más o menos estrellas de Hollywood, el mimo y el cuidado que sus actuales responsables ponen en el certamen es digno de todos los elogios. La organización funciona como un reloj, la programación (mezcla de títulos populares con otros más "underground") me parece un acierto y encima el público responde a las mil maravillas. Público muy civilizado, con clase, simpático y abierto, al que no le importa hacer colas durante horas, ya sea para ver las películas o conocer a sus actores favoritos, de modo que siempre había alguien apostado en las puertas del Hotel María Cristina. Pero con respecto. Con alegría. Y, sobre todo, con pasión por el cine.


No tienen por qué creerme. Es más, no deberían hacerlo. Lo que tendrían que considerar es la posibilidad de escaparse a San Sebastián el año que viene, por estas fechas, para la 64 edición del Festival. Aún queda mucho y cualquiera sabe qué será de mí para ese entonces. Pero, si puedo, tengan por seguro que repetiré. Porque, tanto si les he convencido como si no, todo cuanto he dicho es verdad y he pasado algo más de una semana sencillamente extraordinaria.

(La fotografía con la que se abre el artículo está sacada de la web del Festival y es obra de Montse Castillo)


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