25/5/17


Estaba cantado que, en esta retrospectiva, tarde o temprano tenía que aparecer "Dead or alive" (1999). Ya no sólo por su excelente calidad, sino porque, junto a "Audition", fue la película que dio a conocer a Miike dentro de nuestras fronteras.

Lo cierto es que se trata de una magnífica cinta de iniciación al universo del director japonés. De entrada, cuenta con una secuencia de arranque impactante, de las que te mantienen pegado a la butaca, con una sonrisa maliciosa en la boca. Luego el ritmo decae, eso es cierto, pero a esas alturas da igual, porque estás inmerso en la película y sólo quieres saber qué pasa a continuación.

Podríamos decir que "Dead or alive" es un Miike engañoso. A primera vista, es una tradicional historia de yakuzas. Bueno, todo lo tradicional que puede ser una película en la que un hombre mete la cabeza en un barril lleno de mierda. Pero, quitando algunos detalles grotescos marca de la casa, lo cierto es que tiene un argumento bastante convencional: la rivalidad entre un yakuza intentando tomar el control de un territorio y un policía decidido a pararle los pies.


La cosa avanza de forma lenta, pero segura. El yakuza tiene un hermano problemático (nada novedoso) y está metido en un doble juego, de esos de traiciones y enemistar a unos con otros y hacer que los enemigos se líen a balazos entre sí, para luego pasar por encima de los cadáveres y recoger los frutos de la planificada estrategia. Por su parte el policía tiene problemas familiares y una hija que necesita dinero para una operación. Dinero que, por supuesto, no tiene.

Así que mientras uno va asentando su posición, el otro cada vez se involucra más en asuntos turbios para poder conseguir el dinero que necesita. Las barreras empiezan a difuminarse hasta que resulta imposible distinguir quién es el héroe del villano. Y, lógicamente, la tragedia se va mascando...hasta que todo se descontrola.

Y claro, hasta este momento uno puede tomar a Miike por un director más que competente de thrillers de yakuzas, una especie de Johnnie To nipón (director, que quede claro, por el que siento igualmente una extrema admiración). Pero entonces llega ese delirante final, esa ida de olla extrema que realmente no sigue el espíritu de la película que hemos visto hasta ese momento, esa gamberrada extrema tan inesperada, y ahí entendemos quién es realmente Miike. Un loco o un visionario, eso depende de cada uno. Yo me quedo con ambos términos. Dicho como el mayor de los halagos,


"Dead or alive" contó con dos secuelas. Pero, he aquí la gracia, ninguna continuaba argumentalmente la anterior. Su único nexo de unión, más allá de la presencia de Miike detrás de las cámaras, era su pareja protagonista, qye se repetía en todos los casos: los excelentes e imprescindibles Riki Takeuchi y Mostrar Aikawa.

A decir verdad, ver la segunda y tercera parte sirve para entender aún mejor cómo funciona el cerebro del director. Porque, a pesar de contar con el mismo título y elenco, Miike juega a cambiar radicalmente de enfoque y de género. De modo que tras comenzar con una historia de yakuzas (algo pasada de rosca), la segunda se convierte en un lacónico ejercicio de nostalgia, una hermosa historia de amistad, mientras que la tercera...la tercera es un desparrame en clave de epopeya futurista con efectos especiales de andar por cada y una trama tan delirante que es imposible no amarla.


Esto es "Dead or alive". Un compendio de las obsesiones y paranoias de nuestro amado director, que lo mismo muestra su sobriedad formal que al instante siguiente se descontrola, dejando claro que es una fuerza de la naturaleza imposible de domar. Por suerte para nosotros.


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