5/11/18


Tras un parón forzoso de dos semanas, regresamos con más películas de Sitges 2018, que aún queda mucho que contar. Sobre todo cuando uno descubre en el festival películas tan interesantes como "Cam".

"Cam" narra la historia de una joven, Alice, que se gana la vida con su propia webcam erótica y que tiene fijación por subir en el ranking de popularidad de este tipo de webs y colarse entre las 50 favoritas del público. Pero justo cuando lo consigue, sucede una cosa muy extraña: alguien comienza a suplantarla. Una persona idéntica a ella, vamos, un doppelganger. La impostora se hace con el control de su cuenta y comienza a hacer sus propios shows, mucho más extremos y, al mismo tiempo, mucho más populares. 

Alice se verá envuelta entonces en una pesadillesca carrera contrarreloj para intentar descubrir qué ha pasado, quién es la mujer que le ha suplantado y recuperar su vida, su trabajo...y su cordura.


Seré sincero, fui a la película con muy pocas ganas y menos expectativas aún. Esperaba encontrarme con un subproducto de muy bajo presupuesto, casi amateur, que muy probablemente tendría un guión confuso (por no decir aburrido) y lo fiaría todo a la carga erótica del contenido. Este es otro de esos casos que demuestran por qué jamás debería ganarme la vida como pitoniso.

Porque "Cam", sin ser una obra maestra (no nos pasemos) sí que es una película muy bien trabajada y, sobre todo, fascinante. No sólo retrata muy bien el mundo de las camgirls eróticas (la competitividad, el rechazo social, la cohorte de "fans"/pervertidos que las rodean) sino que crea una situación kafkiana que va haciéndose más y más agobiante a medida que pasan los minutos.


Y mejor aún, aunque no ofrece respuestas a todo lo que sucede, tampoco es uno de estos casos de "era un sueño" o "vete tú a saber lo que está pasando". No, el final es lo suficientemente elaborado e ingenioso como para demostrar que sus responsables (el director Daniel Goldhaber y la coguionista Isa Mazzei) saben perfectamente lo que están haciendo, pero al mismo tiempo todo queda lo suficientemente abierto como para permitir al espectador elaborar sus propias teorías y tratar de encajar todas las piezas.

Es uno de esos films en los que se narra una historia (muy interesante) pero al mismo tiempo se sugieren otras, se apuntan, sobrevuelan por la pantalla dejándonos con ganas de saber más acerca de todo eso que no se ve, pero se intuye.


Resulta casi imposible clasificar "Cam" dentro de un género cinematográfico concreto. A ratos parece una película con componentes sobrenaturales y en otros momentos es un thriller erótico que sabe gestionar muy bien la tensión. Al final, mi conclusión es que podría haber servido perfectamente como base para un capítulo de la serie "Black Mirror", lo que creo que define hasta qué punto salí satisfecho del cine.

Como digo, la película sabe jugar sus tiempos y marcar el ritmo adecuado. Logra introducirnos en el mundo de Alice (y Lola, su alter ego) y hacer que nos interese su vida, sus preocupaciones, para a la media hora, como un truco de prestidigitador, hacer que todo se enrarezca aún más y comience el misterio, que no tarda en engancharnos haciendo que queramos saber qué está ocurriendo. 


A pesar de que en esta cinta no hay nombres conocidos (ni falta que le hace), a la gran labor del director se le suma el trabajo de su protagonista, Madeline Brewer, excelente en su doble papel. Es ella quien logra que nos sintamos interesados por lo que le ocurre a su personaje, poniéndonos de su parte y deseando que logre encontrar el modo de derrotar a ese enemigo sin rostro que ha amenazado con quitarle su vida.

Pero lo mejor de todo es que "Cam" es sórdida, malsana y erótica, pero sin regodearse en ninguno de estos elementos. Y sobre todo carece de esa molesta moralina que estropea muchas películas. Quienes esperen encontrar una crítica a las camgirls o recibir algún sermón del tipo "eso te pasa por desnudarte delante de extraños", que sepan que se han equivocado de lugar. Aquí sólo hay espacio para una genuina película de terror que merece más atención de la que seguramente le dará el público.


Insisto, qué suerte que decidí no quedarme durmiendo. Porque sorpresas como ésta son las que convierten a Sitges en un festival tan especial, uno al que se acude en busca de pequeños tesoros como "Cam".



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