27/10/17


Segunda jornada de Sitges y otras cinco películas, en un día especialmente interesante lleno de propuestas atractivas.

Comienzo el día a las 8.30 am (sí, parece una locura, pero se ha convertido casi en mi sesión favorita) con "Creep 2", secuela de la película de Patrick Brice (que repite detrás de las cámaras, que no delante...por motivos obvios si habéis visto la primera parte) en la que nos reencontramos con Aaron, ese psicópata inclasificable interpretado por Mark Duplass.


En esta peli que repite esquema experimental, con diálogos improvisados, Aaron está pasando por una depresión. Ya no siente placer a la hora de matar, se siente vacío. Así que la presencia de una periodista decidida a saberlo todo sobre él puede ser su testamento...o darle el impulso necesario para volver a disfrutar de esa sana costumbre que es clavarle un hacha a cualquier tipo que se cruza en tu camino. 

No es tan interesante como la primera, pero te diviertes. Y la secuencia del desnudo es incómoda, incómoda, incómoda. Precisamente lo que pretende.


Mejor aún es la segunda película del día, una peli de animación japonesa llamada "Night is short, walk on girl" y que es una joya. En serio, tienen que verla. Esta aventura sobre una chica que decide soltarse la melena una noche mientras un joven busca el valor para declararse es un prodigio de ritmo y diversión, en buena parte gracias a un plantel de personajes secundarios a cada cual mejor.

A veces uno es capaz de escribir mucho sobre películas que no le dicen nada y descubre que, más allá de implorarles que le den una oportunidad si Selecta (que tiene los derechos) decide estrenarla algún día en cines, no sabe qué más decir de algo que adora. Pues este es uno de esos casos. No es lo que cuenta "Night is short, walk on girl". Es cómo lo cuenta.


La tercera película del día es un film pequeño, desconocido, del que posiblemente no hayan oído hablar nunca. "El exorcista", la llaman. Seré sincero, compré mi entrada (sí, han oído bien, los críticos de cine a veces también compran sus entradas) porque quería ver a William Friedkin (al que disfrute también en la rueda de prensa y su Masterclass...y si hubiera dado más charlas habría ido a todas, porque es una persona interesantísima aparte de ser increíblemente simpático). Pero una vez que terminó la presentación...digamos que aproveché para cerrar los ojos un rato durante la proyección.

Qué puedo decirles. Sitges no perdona y uno tiene que aprender a dosificar esfuerzos.


La penúltima peli del día es la primera gran marcianada del festival: "Mom and Dad", con Selma Blair y el ínclito Nicolas Cage dando vida a unos padres que, como el resto de padres del planeta, se ven afectados por un virus que les hace tener unas ganas locas de matar a sus hijos (vamos, básicamente lo que yo siento hacia muchos espectadores de las salas de cine cada vez que voy a una función...fuera de Sitges, que aquí, curiosamente, con ambiente festivo y todo, la gente es terriblemente educada).

Pues eso, que la peli es como una versión hardcore de "Solo en casa", con niños intentando escapar del asedio de sus padres. Es una peli gamberra a la que le falta algo (posiblemente más mala leche y un guión más elaborado). En realidad es uno de esos ejemplos de grandes ideas magníficas para un pitch, pero que luego, cuando hay que desarrollarlas, se quedan en tierra de nadie.


Eso sí, siempre es un placer ver a Selma Blair y Nicolas Cage tiene la oportunidad de poner caras y sobreactuar, básicamente lo que lleva haciendo los últimos 20 años. Pero qué puedo decirles, es que me cae bien... (por cierto, flípenlo, que el jurado estuvo muy seriamente darle el premio a MEJOR ACTOR por esta película... por favor, habría que controlar mejor el minibar de las habitaciones del jurado).

El día termina con otra obra maestra: "The killing of a sacred deer", o la nueva salvajada del griego Yorgos Lanthimos.


A ver, la película no es tan hardcore como "Canino" (es difícil que nada lo sea), pero que no les engañe. Ni su cuidada factura, ni su teórica frialdad ni el hecho de haber tirado de estrellas de Hollywood (Colin Farrell y Nicole Kidman) quiere decir que Lanthimos se haya domesticado. Nos encontramos ante una película inquietante, en la que te pasas la mitad del tiempo tratando de entender de qué diablos va la cosa, y cuando lo descubres se te queda un mal cuerpo que para qué contarles.

Última película del día, pero me costó conciliar el sueño. En el cine, los ojos como plato. Y porque uno ya tiene la cabeza jodida, porque pelis como ésta no ayudan a congraciarse con la raza humana. Pero sí con el séptimo arte.





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