23/9/17


Es curioso y de verdad que no me lo explico. Con lo mucho que me gusta el Festival de Cine de San Sebastián, con la de excelentes películas que veo cada año, y sin embargo sigo teniendo problemas con los títulos elegidos para las inauguraciones. "Regresión" no estaba del todo mal (pero tampoco era una maravilla), "La doctora de Brest" simplemente se dejaba ver y la cinta de este año, "Submergence" ("Inmersión")...no, la de este año no hay por dónde cogerla. Por mucho Wim Wenders que dirija.

Tranquilos, que ésta no será una crítica larga, que tampoco hace falta ensañarse ni hacer leña del árbol caído. Quédense sencillamente con eso, con que la película muy posiblemente sea el peor trabajo de su director y de sus dos protagonistas, el siempre interesante (menos aquí) James McAvoy y la oscarizada Alicia Vikander (cuya futura Lara Croft seguro que tendrá mucha más profundidad que la Danielle de "Inmersión". Básicamente porque menos es virtualmente imposible).


¿Y de qué va semejante despropósito? (...suspiro largo...). Pues yo la definiría como una historia de amor entre el peor agente secreto de la historia y una bióloga marina (o quizás esa no sea su profesión, pero ¿a quién le importa? Se monta en un submarino y hace cosas. O finge que hace cosas) que parece una cría de quince años a la que le entran pataletas porque el chico que le gusta no le escribe (que no lo hace porque está retenido por unos jihadistas ya que, ¿recuerdan?, sí, es un inútil integral y una vergüenza para el servicio secreto)

Siendo sinceros, tampoco pasa mucho más en la película, que se apoya (mucho, demasiado, hasta el infinito) en una retahíla de monólogos en voz en off especialmente cargantes (aunque no sé qué es peor, si eso o los sonrojantes diálogos que los dos protas recitan en las escenas en las que se desarrolla su supuesta historia de amor).


Los dos intentan dotar de profundidad a sus personajes y hacernos partícipes de su dolor y desesperación. Y en cierto modo logran su propósito, puesto que yo también sentí dolor y desesperación desde mi butaca del Kursaal. Eso y la imperiosa necesidad de que los minutos avanzaran mucho más rápido de lo que lo estaban haciendo.

A Wim Wenders siempre habrá que agradecerle "Paris, Texas". Pero no olvidemos que la película es de 1984, y que desde entonces ya ha llovido (en ese momento yo tenía ocho años, y ahora ya peinaría canas si no fuera porque estoy calvo). Si bien es cierto que su trayectoria en los últimos años no es como para lanzar cohetes, lo cierto es que creo que jamás había caído tan bajo. Y, lamentándolo mucho, tampoco termino de entender la decisión del Festival de concederle el honor de inaugurar la edición de este año, si no es por el hecho de que con ello se aseguraron la presencia del director y de Alicia Vikander.


"Inmersión" es, en resumidas cuentas, un telefilm de sobremesa de Antena 3 protagonizado por rostros conocidos. No he leído la novela en la que se basa, no sé si era igual de lenta, aburrida y pretenciosa, pero lo que sí tengo claro es que la adaptación a la gran pantalla al menos lo es. Supongo que lo más divertido (hay que intentar sacar algo bueno de la experiencia, dado que estas dos horas de mi vida jamás regresarán) es leer la sinopsis de la película, que habla de una historia de "amor y obsesión" que me hace temer que, o bien el que la escribió se equivocó de película, o yo me equivoqué de Kursaal, porque está claro que vimos dos cintas diferentes.

Lo dicho, que el festival de este año comienza de manera decepcionante. Pero esto no es como empieza, sino como acaba, y estoy convencido de que en estos días veré muchas grandes películas que me olvidarán a olvidar el mal trago que he pasado viendo una película cuyo lugar adecuado sería un cajón cerrado, "Arca de la Alianza style", por toda la eternidad.




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