25/5/16


Cuando me dijeron (después de que ya tuviera la entrada en mi poder, eso sí) que "Polder" era una película "un tanto especial" ya empecé a temerme lo peor. Porque es como cuando te dicen que una persona a la que no conoces es "muy simpática". Eso se resume en que puedes estar seguro de que no se trata de alguien con la apariencia de George Clooney o Charlize Theron.

Terminada la proyección puedo dar fe de que sí, "Polder" es una película especial. Muy especial. Demasiado especial. De las que molan en los festivales, porque sirven para lograr que los asistentes hagan piña, como miembros de un grupo de apoyo para personas que han vivido una experiencia traumática. Siendo un poco crueles, pero terriblemente sinceros, "Lord of tears" se convirtió en un chiste recurrente hace un par de años, e intuyo que de igual modo en alguna cola, en alguna película, en algún momento inesperado, a lo largo de esta semana escucharé a alguien citar a "Polder" y a continuación habrá unas cuantas risas cómplices entre la gente de alrededor. Porque estas cosas pasan factura.


¿Y de qué va la película? Pues esa es la pregunta complicada. Primero, porque me obliga a admitir que no me enteré. Y segundo, porque confieso que no me importa no haberme enterado y no tengo muchas ganas de esforzarme en buscar información. 

A grandes rasgos podríamos decir que trata de una gran corporación, NEUROO-X, que quiere lanzar un nuevo juego de realidad virtual al mercado. Lo malo es que su diseñador muere y su viuda descubre que hay algo malo en el juego. O quizás no, quizás ellos sean parte del juego. Es posible que el programador sea en realidad un jugador. Puede que sea una metapelícula en la que lo que sucede es un test del juego para que los responsables del mismo evalúen si mola o no. ¿Ven? Les dije que era todo muy confuso.Ah, pero sale una china con el pelo rosa y un niño con un parche, eso sí.

Lo he dicho muchas veces, y no me cansaré de repetirlo: el gran problema de películas como "Polder" es que creen que tienen que ser enrevesadas, complejas e inexplicables para resultar interesantes, cuando no es así. Eso se te permite si eres un genio como David Lynch (y aún así, tienes que andarte con cuidado). Pero Lynch sólo hay uno y no tiene nada que ver con esta cinta.


En la idea general (que no en la ejecución) hay mucho de "Avalon", la obra maestra de Mamoru Oshii que no sólo era brillante sino también entendible. Y hay un poco de "Origen", de "Cypher"... de todas esas películas que mezclan realidad y ficción, que juegan al "sueño dentro de un sueño" y que, y éste es el problema, demuestran que el punto de partida es interesante y que con ese material se puede hacer una gran película. Algo que aquí no sucede.

Estoy convencido de que en "Polder"hay una buena película. Lo malo es que no está en el montaje final. Volviendo al punto de partida, al germen de la idea, hay conceptos que podrían haber hecho de ésta una experiencia interesante. Pero sus responsables han sido incapaces de concretar esos pequeños apuntes interesantes, sepultándolos en una trama que no parece llevar a ningún lado, que va dando bandazos obligando al espectador a preguntarse a cada momento qué está pasando.

Hasta que deja de hacerse preguntas.


Esa es la diferencia entre un buen film y uno fallido. El primero juega contigo pero no te deja caer del alambre, mantiene el interés el tiempo suficiente como para engancharte a sus giros y que, te guste el resultado final o no, al menos disfrutes del viaje hasta el último minuto. Pero en "Polder", para cuando intenta introducir un acto final a contracorriente, ya hace tiempo que el público la ha abandonado a su suerte. E intentar explicar las incoherencias del guión haciendo mención a esas propias incoherencias, como si fuera algo premeditado, es una jugada demasiado arriesgada que al menos en este caso no podía haber salido peor.

Le estoy dedicando ya demasiadas líneas a una película que lamentablemente no las merece. Y me da pena, en serio, porque sigo pensando que con este material se podría hacer algo bueno. Yendo en dirección contraria, claro está. Para resumirlo: si lo visto en "Polder" es la experiencia del juego que en teoría venden en la película, creo que la empresa iría a la bancarrota en pocas semanas, porque no encuentro ninguna razón para que los adictos a los videojuegos quisieran perder su tiempo en una realidad virtual tan absurda y descafeinada.




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