8/12/15


El problema de haber hecho una película tan rompedora y visceral como "Canino" es que sabes que a partir de ese momento cualquier nuevo trabajo que firmes va a sufrir irremediablemente las comparaciones con la citada obra maestra. Esa es la realidad a la que se enfrenta el griego Yorgos Lathimos, y que hace que la interesante "Alps", su trabajo inmediatamente posterior, pasara desapercibido. Yo mismo recuerdo que en su momento me gustó, pero tendría problemas para contarles exactamente de qué iba. Mientras que "Canino" me la sé casi de memoria.

En este sentido, "Langosta", su último trabajo, sigue sin superar al film del 2009. Pero paradójicamente, siendo una película menos impactante y que no pasará a la historia, está mejor hecha que "Canino". Sobre todo porque es un trabajo mucho más reflexivo y maduro, que prefiere insinuar y hacer pensar al espectador antes que repetir la fórmula de "tirar a matar". Es todo mucho más sutil, más pausado. Con las cosas positivas y negativas que ello conlleva.


El punto de partida, desde luego, vuelve a ser una genialidad. Estamos en un mundo en el que los solteros son obligados a trasladarse a un hotel muy especial, donde tienen 45 días para encontrar una nueva pareja. Si pasado ese tiempo siguen solos, serán asesinados y convertidos en el animal que hayan elegido previamente. El único modo de acumular días extras es "capturar solteros" durante las partidas de caza que se organizan diariamente, y en el que los huéspedes del hotel se internan en el bosque en el que vive una facción rebelde que ha decidido vivir de espaldas al amor y disfrutar de su soledad.

"Langosta" nos cuenta la historia de David (excelente Colin Farrell), un hombre que acaba de ser abandonado por su mujer y que por tanto es conducido al hotel de los solteros, al que acude acompañado por un perro que es la reencarnación de su hermano. Allí conocerá a toda una variopinta fauna que refleja, mayormente, lo peor del ser humano. Y llegará el momento en que tenga que decidir si quiere convertirse en esa "langosta" (el animal que eligió) o escapar y probar suerte como fugitivo.


Mientras veía la película no podía dejar de pensar que "Langosta" es como el reverso oscuro de la también muy interesante "Youth". Ambas películas dan la sensación de no estar contando apenas nada, pero la cantidad de ideas que desarrollan por minuto es algo abrumador. Hacer un análisis pormenorizado de todo cuanto apunta Lathimos en su último trabajo daría casi para un libro, de modo que me centraré solo en algunos aspectos que me parecieron especialmente interesantes (con la cantidad justa de spoilers; no destripo mucho, pero algún dato siempre se escapa).

La película nos muestra a los humanos como seres complejos, ridículos, capaz de lo mejor y de lo peor. Resulta curioso que, en una sociedad con unas reglas tan estrictas, tan poca gente decida recurrir al engaño y fingir estar enamorado aunque sea para escapar a su destino. Sí, hay personajes que mienten, pero son la excepción, no la norma. Curiosamente la gente acepta su destino con estoicismo, sin intentar hacer trampas.


Igual de curioso resulta esa insistencia que se hace en que la gente sólo se enamora de personas con las que comparten alguna cualidad. Olvidad eso de que los polos opuestos se atraen. Si uno es cojo, piensa que tiene que buscar a una mujer con el mismo problema. O si es miope, o tartamudo... La pregunta que yo me hago es, ¿realmente somos así los humanos? ¿Estamos tan desesperados por buscar puntos de unión, sin pararnos a pensar en lo maravilloso que es descubrir las diferencias en la gente que nos rodea?

Pero posiblemente el mayor acierto de la película sea reflejar el error (y el horror) que se esconde detrás de todos los extremismos. Sí, la política del hotel es espantosa, es un mundo en el que no me gustaría vivir. El problema es que "los solteros" viven de acuerdo a reglas igualmente inexplicables, que les impiden flirtear o enamorarse, hasta el punto de que a los que infringen la norma se les castiga duramente (aparte de que cada rebelde está obligado a cavar su propia tumba, "sólo por si acaso").


Amar a toda costa o evitar enamorarse. Estas son las dos opciones. En medio, los sentimientos de los dos protagonistas, que se enfrentan a una situación imposible ante la que tampoco saben reaccionar especialmente bien. Una situación marca de la casa para la que, por supuesto, tampoco hay una respuesta fácil. Esto no es Hollywood y aquí no hay un final feliz forzado.

La película, por supuesto, no sería ni la mitad de interesante si no fuera por el gran trabajo de todo su reparto. Empezando por el ya mencionado Colin Farrell, que vuelve a poner ese semblante triste que ya exhibía en "True Detective" (unido a un evidente sobrepeso) y que demuestra que, pese a lo mal que pueda caer, es un actorazo como la copa de un pino. A su lado, la siempre interesante Rachel Weistz (abonada últimamente a los papeles secundarios) y un buen número de rostros conocidos como John C. Reilly, Ben Whisaw (el "Q" de Bond), Léa Seydoux (otra conexión con el último Bond, ya que era la chica de "Spectre"). Michael Smiley ("Luther") u Olivia Colman ("Broadchurch"), que demuestran su incontestable talento.


"Langosta" es una comedia extraña, un drama liviano, una película filosófica, un film de ciencia ficción y una reflexión sobre el amor y la soledad. Todo eso y mucho más, agitado con maestría y servido por un director que ya no necesita provocar para conseguir una respuesta por parte de sus espectadores. Escuchamos, disfrutamos, pensamos y entendemos que el amor es cuanto menos difícil, y la mayor parte de las veces una auténtica putada.



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