9/12/15


En 2001 Marvel Comics estaba creativamente al borde de la ruina, todo lo contrario que en lo económico, pues aunque si bien su situación no era boyante, iba remontando gracias al pelotazo que dio en todo el mundo el estreno de la primera película de “X-Men”, que recaudó más de 300 millones de dólares a nivel global. En este tiempo un tipo llamado Joe Quesada había tenido un gran éxito creativo con la línea “Marvel Knights” de la que era editor junto a Jimmy Palmiotti. 

Alguien sumó dos y dos, y si Daredevil era un personaje que no importaba a nadie y había conseguido sacarlo a flote, quien sabe lo que podría hacer con mayor poder editorial, y así fue fichado como Editor en Jefe de Marvel Comics. Lo primero que hizo Quesada fue tirar de agenda y traerse a La Casa de las Ideas a multitud de autores que jamás habían pisado la editorial o lo habían hecho de manera muy tangencial. El objetivo primordial era reflotar la antaño exitosa franquicia mutante.

A partir de ahora molaremos.
Así a la altura del número 114 de “X-Men” llegaron Grant Morrison y Frank Quitely, directos desde DC, donde habían cosechado grandes éxitos. Para la ocasión, y al contrario de lo que sucede ahora, no se renumeró la serie, pero si se la renombró, añadiendo el “New” antes de “X-Men” en un logotipo creado por el propio guionista que podía leerse igual del derecho que del revés.

La pose es lo primero
A nivel creativo fue una verdadera revolución y en sólo tres números puso patas arriba la colección. Empezó con un simple retoce estético: adiós a los uniformes de colores y hola a unos trajes donde el cuero primaba como en la película de Brian Singer, aunque todavía tenían trazas amarillas como los trajes originales. Hola también a las mutaciones secundarias para hacer más interesantes los poderes de estos personajes tan manidos. Y como todo buen guionista que se precie, hola finalmente a una nueva amenaza llamada Cassandra Nova, un mutante de un poder inconmensurable.

Las intros son muy peliculeras
Morrison escribió de manera intensa esta primera historia donde en apenas unas páginas hizo suyos a los personajes. Cíclope evolucionó por primera vez en su historia, y además quedó claro que tenía problemas para intimar con Jean Grey, Lobezno además de ser un fanfarrón y el mejor en lo que hace también tenía los pies en el suelo, y La Bestia desarrolló un más que curiosos humor negro. El guionista también se encargó de un problema que suele ser periódico con los mutantes, y es que, como crecen como cucarachas, a veces hay que erradicarlos.

En tres páginas a tomar por culo Genosha
Pero no penséis que se quebró mucho la cabeza. Es más, en un pis pas arrolló Genosha en una elipsis creativa y los mutis pasaron de ser millones a sólo unos miles. Cierto es que lo que más llama la atención de este pequeño arco son los diálogos y las apabullantes escenas de acción que nos marca un artista de la talla de Frank Quitely, que aunque sus caras son bastante feuchas, narra como poca gente es capaz de hacerlo. Ahora bien, lo verdaderamente importante es que por primera vez desde el “Giant-Size X-Men 1”, la franquicia había evolucionado, el cambio era real y la revolución acababa de llegar.

Un pequeño resumen y avance a partes iguales

En España esta saga ha sido recientemente recopilada en el primero de los tomos que Panini Comics publicó con motivo del estreno de “X-Men Días del Futuro Pasado” y que podéis encontrar aquí.



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