8/10/15



Haciendo un símil deportivo, recuerdo cuando hace años Rafa Nadal era el sobrino del jugador de fútbol del Barcelona y de la selección Miguel Nadal. Ahora sólo los más viejos del lugar nos acordamos aún de aquel central, pero todo el mundo sabe quién es el famoso tenista.
Pues bien, Joe Hill empezó con la inevitable coletilla de “hijo de Stephen King”, pero se puede decir que en un futuro no muy lejano se conocerá al genio del genero del terror como “...ah sí!!!! ¿¿Ese no era el padre de Joe Hill??”

Y es que, por mucho que el patriarca de la familia mantenga a su legión de fans contenta con novelas cada vez más insulsas (de lo más reciente se salvaría “22/11/63”, de la que se prepara serie de TV), es Joe Hill el que se renueva constantemente, regalándonos maravillas en diferentes ámbitos, pero teniendo el comic como principal herramienta, con “Locke & Key” como gran referente a  superar. Una vez leído, todo lo demás te parecerá inferior.

Y esa es la piedra en la carretera que se encuentra "Wraith" (Espectro), publicado gracias a Planeta en una cuidada edición en tapa dura. Sin llegar a decepcionar del todo, sabes que este cómic podría haber ofrecido mucho más, y me da la impresión de que la mayor culpa de todo se la lleva el dibujo de Charles Paul Wilson III.
¿Es mal dibujante? No especialmente, pero su estilo es difícil de leer y es de esas clase de dibujantes con los que te queda la sensación de “esto lo puede dibujar mi sobrino de 9 años”. Hill se acompañó en sus anteriores comics de Gabriel Rodriguez (quien se encarga de unas espectaculares portadas variantes) o de Jason Ciaramella, que firmó un trabajo increíble en “La Capa”, por lo que desgraciadamente las comparaciones acaban resultando desalentadoras para el dibujante de este tomo. Eso no quita admitir que sabe componer páginas, o que se marque alguna splash o doble splash tan significativas como la del Laberinto de Hielo (y en la que os invito a buscar a Wally y a un Capitán América criogenizado):


El comic en sí viene a ser un complemento, que no adaptación, de la novela “NOS4A2” (leído en inglés, prácticamente lees “Nosferatu”) en el que durante 7 números se narrarán las desventuras y penurias de un grupo de presos y sus custodios que llegan a bordo del ya famoso Roll-Royce Wraith (si, el título hace referencia a un modelo de coche) al parque de atracciones idílico/terrorífico de Christmasland tras un intento de huida poco satisfactorio.  Roll-Royce conducido, cómo no, por el chófer con el que jamás compartirías ni siquiera un semáforo, Charles Manx, del que se conoceremos su particular historia al comienzo del tomo a modo de prólogo.


La historia principal se va complementando además con el flashback de uno de los presos, Chess Llewellyn, con el que irás simpatizando según se desarrollen los acontecimientos al ver que su mayor pecado fue querer lo mejor para su hijo a cualquier precio (siendo padre, te pones en su lugar y no paras de defender cada uno de sus actos) y cuya historia supone una fuerte crítica al asqueroso sistema sanitario estadounidense.
Cerrando los 7 números de la miniserie nos encontraremos un número en prosa a modo de epílogo, un cuento con pequeñas ilustraciones, en el que se darán respuestas a infinidad de “por qué” y con el que confirmas que los malos no nacen, se hacen. Y es que aunque Manx viene a presentarse como el villano de la historia, no deja de ser del tipo de malo con el que te encariñas y con el que llegas a empatizar una vez conoces su pasado. Digamos que forma esa figura de villano justiciero, un Robin Hood de lo sobrenatural.

¿Te lo puedes leer sin leer la novela? Por supuesto. Es más, si tu primer contacto es el cómic, estarás deseando hacerte con ella para devorarla. Y si ya conoces la novela, estarás deseando saber aún más de nuestro querido conductor.

En unas semanas volveremos a hablar tanto del libro como del cómic, así que os invito a seguir visitando nuestra web. Os aseguro que no os defraudaré...


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