12/10/15


¿Una película con niños zombis que se intentan merendar a sus profesores? ¡¡Compro!! A decir verdad es una vieja idea que siempre quise escribir, aunque en mi imaginación tenía claro que Leticia Dolera debía ser la protagonista.

Pero bueno, aquí tenemos a Elijah Wood, Alison Pill y Rainn Wilson como protagonistas, así que tampoco es cuestión de quejarse. Los tres hacen gala de un gran talento para la comedia, cada cual a su estilo. Wilson con su característico histrionismo, Pill con sus simpáticas expresiones (las mismas que pone en "The Newsroom", la verdad) y Wood haciendo del pringadete de turno que se ve metido en una situación que le supera.


Y es que imagínense. Él, que sueña con ser escritor, se ve obligado a regresar a su pueblo natal para hacer de profesor suplente en un colegio de primaria. Allí se reencuentra con una antigua compañera de la que siempre estuvo colgado, pero que ahora sale con el profesor de gimnasia. Y por si no fuera suficiente drama, una infección causada por una partida de nuggets de pollo en mal estado convierte a los niños en zombis. Ojo, sólo a los niños. Si ya has pasado la pubertad, tranquilo que no volverás de entre los muertos. Sólo servirás de alimento para los que aún están "en edad de crecer".

Semejante locura de argumento sólo podía provenir de la mente de Leigh Whannell, el guionista de "Saw" e "Insidious" que aquí demuestra que no sólo del terror viven los escritores, y que cuando hay que echarse unas risas, también es el hombre indicado para escribir los chistes. Además, como ya viene siendo característico en él, se las arregló para que los directores (los debutantes Jonathan Milott y Cary Murnion) le dieran un papel secundario que está claro que escribió con la firme intención de interpretarlo él mismo.


Si algo hay que achacarle a la película (lo sé, siempre soy demasiado quisquilloso; lo siento, servidor es así) es que la idea prevalece sobre el argumento. Dicho de otro modo, que no pasan demasiadas cosas. Hay unos veinte minutos iniciales de presentación (que, gracias a la maestría de Whanell, son más entretenidos de lo habitual en estos casos), luego los niños empiezan a convertirse en zombis y ale, una vez que se ha armado el pifostio. el resto de la peli consiste en los profesores (y un par de críos que recogen por el camino) intentando salir de la escuela sin ser devorados.

Pero, sinceramente, ¿quién necesita más? Porque "Cooties"no deja de ser una broma, una de esas cintas gamberras que están hechas única y exclusivamente con la intención de que el espectador pase un buen rato. Y vaya si lo consigue. En parte gracias a que los protagonistas caen bien y en parte a una controlada dosis de mala leche que hace que. sin caer en el gore más extremo, sí que haya situaciones de lo más bestias (es decir, si no creen que patear niños, aunque sean zombis, no es algo bestia, en serio, deberían hacérselo mirar).


Secundarios como el "samurai" encargado de la limpieza y su interminable fábula, situaciones como la de Rain Wilson abriéndose paso entre una horda de mocosos infectados o todo lo que tiene que ver con el odioso niño cabrón (tanto cuando es humano como cuando deja de serlo) son algunos de los alicientes con los que cuenta la película, que a buen seguro les hará reír en más de una ocasión y mantener una sonrisa (más o menos horrorizada, dependiendo de lo sensibles que ustedes sean) durante todo el metraje.

Mención especial merece ese robaescenas profesional que es Jack McBrayer, que después de demostrar toda su valía en la serie de Tina Fey "30 Rock", así tiene un pequeño papel como uno de los profesores. No es que diga mucho, pero cada palabra que sale de su boca es oro puro.


La película tiene un final extraño, eso es cierto. Le sobran diez minutos o le faltan veinte, no sabría decirlo (hay un clímax antes del clímax que particularmente me descolocó). Quizás sea la manera de los responsables de decir "guiño, guiño, no estaría mal hacer una secuela". O a lo mejor es parte de la broma, un "divirtámonos mientras podamos". En cualquier caso, como película tiene fallos estructurales. Pero es que es tan divertida, que se le puede perdonar eso y mucho más.



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