13/10/15


Tener prejuicios quizás no sea algo sano, pero sí que es un comportamiento de lo más normal. Todos los tenemos. Por eso cuando escuchas que en Sitges presenta película Karyn Kusama, la responsable de "Aeon Flux" y "Jennifer's body" (pobrecita, que hoy la entrevisté y la mujer es encantadora; y además comparte mi opinión sobre la peli de Charlize Theron), mi primer pensamiento fue huir en dirección contraria todo lo rápido que me fuera posible (lo que tampoco es mucho; estoy en una forma física espantosa).

Pero, como me pasó con "Summer Camp", Sitges me está dando amor del duro, haciéndome entender hasta qué punto a veces soy idiota. Porque,  yendo al grano,  al final por una serie de casualidades terminé en la sala viendo la película... y descubrí una joya, firme candidata a mi Top 10 del año

"The invitation", como ocurría con "Coherence" (no busquen similitudes argumentales;  no las hay. Soy sólo yo y mis entrañas asociaciones de ideas), logra mantener la atención del espectador en su primera hora con únicamente un grupo de personas hablando. Que ya tiene mérito. Amigos que hace dos años que no se ven y que son invitados a la casa de una de ellas, a la sazón ex mujer de otro de los invitados.


El motivo de que perdieran el contacto es que el hijo pequeño de la pareja murió, lo que les destrozó de tal modo que acabaron divorciándose. Y el resto de amigos, sin saber qué decir, intentando darles espacio, al final terminaron cada uno por su lado. Pero ésta es la noche en la que todos se van a reencontrar. Will acude con su nueva novia, y la anfitriona, Eden, presenta en sociedad a su nuevo novio. Bueno, y a dos amigos algo extraños. Amigos con ideas sobre cómo superar el dolor apoyándose en la comunidad. Un mensaje de amor y paz y armonía...muy en la línea de algunos cultos.

Posiblemente la mayor de la virtudes  de "The invitation" (y ya les digo que tiene unas cuentas,entre ellas su perfecto casting en el que todos, absolutamente todos, están brillantes, desde Logan Marshall-Green hasta Tammy Blanchard, Michiel Huisman o el gran John Carroll Lynch) es su maestría a la hora de ser muy sutil. En la película se cuentan muchísimas, el espectador recibe grandes dosis de información, pero casi sin darse cuenta. Porque el guión, perfectamente construido, huye de las redundancias. Confía en la inteligencia del espectador para atar los cabos sin necesidad de dárselo todo mascado.


Otro de sus grandes aciertos es haber hecho una película que te invita a reflexionar pero que al mismo tiempo es un thriller muy entretenido, en el que te pasas todo el tiempo pensando si las ideas de los nuevos amigos de Eden son propias de un culto peligroso, o si nos estamos dejando llevar por la paranoia de Will, el protagonista, decidido a ver algo extraño en todo lo que hace su ex-mujer.

Pero más allá de la apasionante aproximación al tema de las sectas, a qué podemos considerar como tal y qué no, "The invitation" es, sobre todo, una reflexión sobre el dolor. Sobre cómo nos acompaña y sobre cómo debemos aprender a vivir con él. En ese sentido la película no intenta aleccionarnos sobre el camino correcto, ya que tanto la rabia de Will, incapaz de dejar ir a su hijo, como la nueva actitud de Eden, que cree firmemente en que podrá volver verlo en el más allá, terminan teniendo algo de razón y ser al mismo tiempo terriblemente tóxicas.

Hay tanto de lo que hablar sobre "The invitation" que me temo que no le estoy haciendo justicia. Porque, en serio, lo tiene todo. Tensión, sentido del ritmo, reflexiones interesantes sobre cómo el dolor nos consume, sospechas... y la sensación de que en cualquier momento alguien va a acabar haciendo una locura. La pregunta es ¿quién?


Si les sirve de referencia, hace 24 horas que la vi y aún no se me va de la cabeza. Sigo pensando en ella, sigo dándole vueltas a todos los temas que trata. Y a la vez, como ya he dicho, me entretuvo sde lo lindo, me mantuvo pegado a la butaca (y créanme, con el cansancio acumulado que llevo eso no es nada fácil, lo habitual es que me pesen los párpados) y al finalizar la proyección acabé sumándome a la ovación general.

La próxima vez que Karyn Kusama presente una película, iré a verla el día del estreno. Porque ahora, con "The invitation", se lo ha ganado y con creces.




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