14/10/15


Un consejo para todos los músicos que tengan una banda. Si después de un pequeño fiasco os invitan a tocar en un local frecuentado por neonazis, sería inteligente rechazar el ofrecimiento. Y más si encima empiezas tu actuación "haciendo amigos", con un tema cuya letra no recuerdo, pero cuyo mensaje era "que se jodan los skin heads". Porque al final tanto va el cántaro a la fuente que vas a acabar viendo algo que no deberías y se liará parda.

Esto es lo que sucede en "Green Room", la nueva película de Jeremy Saulnier (responsable de la muy interesante "Blue Ruin"), que llegaba a Sitges precedida por una gran expectación y por unas inmejorables criticas allá por donde ha pasado. Sin llegar a compartir ese grado de fascinación extrema por la cinta. sí que me parece un trabajo de lo más interesante y una película a tener muy en cuenta.


En lo formal, lo cierto es que "Green Room" aprovecha su planteamiento para crear un escenario en el que se desarrollará toda la trama, como se lleva haciendo en el cine en toda la vida (personas atrapadas en una casa intentando escapar/defenderse de tipos chungos que les intentan matar. Empiecen por "Asalto a la comisaría del distrito 13" y sigan pensando títulos, que los hay a patadas). Pero eso no quita para que la película esté muy bien hecha, sepa manejar los tiempos y haga que los 90 minutos que dura la historia se pasen en un suspiro.

Una de las cosas más interesantes de la cinta, al menos para mí, es que es más "realista" de lo habitual. Es decir, que no tenemos el "efecto McGyver", ese en el cual cuando te encierran en una habitación con una bombona de oxígeno, unos clavos y un mechero (¡justo lo que necesitabas!) ideas un plan de escape tan brillante que el Pentágono debería darte un trabajo fijo.


Al contrario, aquí los protagonistas (tanto los buenos como los malos) van improvisando sobre la marcha. Toman decisiones algunas de ellas absurdas, de esas que, a posterior, te preguntas "para qué diablos hizo eso". Pero es que cuando uno se encuentra en una situación jodida así, de repente, sin comerlo ni beberlo, intuyo que no se para a pensar demasiado en lo que hace. Lo único que quieres es solucionar el entuerto cuanto antes.

(Es como lo que sucedía en "It follows", en su tercer acto, que cuando le preguntaban al director por qué los protagonistas hacían la estupidez de la piscina, su respuesta era "es que son chavales, no siempre aciertan". Pues eso)


De modo que "Green Room" se vuelve tosca, imperfecta, las cosas suceden a trompicones. Ni siquiera tiene el típico calendario de peli de terror en la que en tal página tiene que morir alguien, tal en la siguiente y así. No, aquí las cosas llegan sobre la marcha. Un paso en falso y estás muerto (aparte de otro detalle, que no voy a comentar por riesgo a decir demasiado, pero que me pareció todo un acierto, algo en lo que siempre he pensado viendo este tipo de películas. Cuando se produzca el estreno comercial, les juro que dejaré de ser tan críptico).

Por lo general me gustan las películas elaboradas, en las que todo encaja, pero es que justo la gracia de esta es lo contrario. Y ante eso, y el modo en que está resuelto, sólo puedo quitarme el sombrero.

Mención especial merecen los actores, todos ellos perfectos. Pero si hay alguien que sobresale (lo que tampoco es ninguna sorpresa) es Patrick Stewart, el capitán Pickard de "Star Trek; la nueva generación", como el malo de la función. Lejos de ser un villano de opereta, el suyo es un personaje con matices, creíble. Pero, al mismo tiempo, capaz de acojonar al más pintado.


Esto es "Green Room". Quizás no la obra maestra que me habían vendido, pero sí una excelente película que se merece mucha suerte en su paso por salas comerciales. Un título muy interesante, uno de los tantos que (afortunadamente) nos está dejando este Sitges 2015.



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