21/10/15


Me alegró mucho que S. Craig Zahler se llevara en Sitges el Premio al Mejor Director por "Bone Tomahawk". Sobre todo porque hay que tener narices para hacer una película así, a contracorriente, tomando todas las decisiones que, a priori, cualquier gran estudio de Hollywood te diría que son un suicidio comercial.

De entrada, "Bone Tomahawk" es un western, género que lleva muerto cuatro décadas (no, por favor, que nadie vuelva a nombrar "Sin perdón", que fue la excepción que confirma la regla y además ya ha llovido desde entonces). Luego, en la generación MTV o Youtube, o como quieras llamarla, va Zahler y se casca una película de ritmo lento, pausado, con una duración de 140 minutos en la que apenas hay acción. Y, cuando la hay, es rápida y brutal, sin fanfarrias ni música ni crescendo ni ninguna de esas cosas a las que estamos tan acostumbrados.

Desde luego hay que tenerlos bien puestos.


Unos indígenas salvajes, con propensión al canibalismo, raptan a una chica en un pequeño pueblo del oeste. Se forma una pequeña cuadrilla (el sheriff, su ayudante, otro pistolero y el marido de la chica secuestrada, que además está malherido en una pierna) para ir a rescatarla. Van. Se enfrentan a los salvajes. Fin de la historia.

Así es. La trama de "Bone Tomahawk" es simple, simple, como el asa de un cubo. No hay más. Ni giros argumentales ni complicaciones. Es una historia sencilla que se puede resumir en menos de un minuto. Y ojo, que es así de forma completamente premeditada, no es que esté mal escrita (que Zahler, antes que director - esta es su primera película - es guionista...y novelista, así que sabe de lo que se habla).


Entonces ¿cuál es el atractivo de la película? Pues la forma en la que está contada. Como no tiene que preocuparse por el argumento, el director se permite el lujo de hacer una película de personajes. De recrearse en ellos, en su forma de ser, en la manera en la que interactúan. Es una delicia escuchar los diálogos, tan cortantes como condenadamente bien escritos.

Lo que el director le pide a los espectadores es un salto de fe. Que no se preocupen tanto por lo que va a ocurrir y que en su lugar lo hagan por los protagonistas de la historia. Que lleguen a conocerlos, a apreciarlos, a entender los matices de su comportamiento. Que viajen con ellos en esta aventura de final incierto. Y, ya de paso, que disfruten con las localizaciones, majestuosamente filmadas.


Una película de personajes necesita actores cuanto menos solventes. Pero la suerte es que el director tiene un reparto de lujo que hace su trabajo mucho más fácil. Empezando por Kurt Russell, una leyenda que aquí vuelve a desplegar todo su carisma y su condición de gran estrella mítica. A su lado, el siempre interesante Patrick Wilson, Matthew Fox (cada vez más cerca de librarse de su personaje en "Perdidos"), Lili Simmons (una de las revelaciones de esa joya de la televisión que es "Banshee")... y Richard Jenkis, igual de genial que siempre. Es virtualmente imposible que ese hombre esté mal en una película.

Qué diablos, si por tener, Zahler incluso se ofrece el lujo de darle un papelito a esa musa malograda de los 80 que fue Sean Young...


"Bone Tomahawk" se toma su tiempo para llegar a donde quiere hacerlo. Y una vez que se ha adentrado en territorio enemigo, todo es mucho más rápido y sucio de lo que podíamos esperar. Porque Zahler tenía claro la película que quería hacer, para bien o para mal. y la ha llevado a cabo hasta las últimas consecuencias (no me extraña que la financiación haya salido de Europa y no de ningún estudio de Hollywood).

No sé cómo responderá la taquilla ante la propuesta. Lo que sí sé es que es una gran película, merecedora de todos los elogios.



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