23/9/15



Greg (Thomas Mann) es un adolescente que se odia a sí mismo y que intenta sobrevivir al instituto siendo invisible. No es que sea un marginado. Al contrario, ha desarrollado una técnica para llevarse bien con todo el mundo, pero sin tener que interactuar realmente con ellos. Su miedo a las relaciones personales es tan grande que incluso se refiere a Earl (RJ Cycler), su único amigo, como su "compañero de trabajo" (dado que ambos se dedican a rodar malas películas que parodian a grandes títulos de la historia del cine).

Pero todo cambia cuando a una compañera de clase, Rachel (impresionante Olivia Cooke), le diagnostican leucemia. La madre de Greg obliga a éste a ir a hacer compañía a la joven, algo con lo que no está de acuerdo. Pero, una vez que la conoce, surgirá entre ellos una inquebrantable amistad que le demostrará al chico dos cosas: que estaba en lo cierto sobre lo terrible que puede llegar a ser hacer amigos y que, al mismo tiempo, estaba completamente equivocado.


"Me & Earl & the dying girl" (me niego a usar la traducción española) es, para la subjetiva opinión del que aquí suscribe, la mejor película del año. Suficientemente buena como para no ponerle una frase extra al titular de la crónica (no ha sido un olvido). Porque diga lo que diga sobre ella, me quedaré corto. Es una de estas películas sobre las que no está mal leer, pero, sinceramente, lo que deberían hacer es ir a verla en cuanto tengan oportunidad (tranquilos, se estrena en unas pocas semanas)

Parece que este año el Festival de San Sebastián tiene algún tipo de fijación con el tema de la muerte, porque, si recuerdan, ayer hablábamos de "Truman", con la que esta película mantiene algunos puntos en común. Pero aunque las dos son excelentes, es cierto que, más allá del planteamiento inicial, ambas difieren en sus intenciones. Si "Truman" hablaba de viejas amistades y vidas vividas, "Me & Earl & the dying girl" nos habla de la confusión adolescente, de la necesidad de madurar, de aceptar a los demás y a nosotros mismos.


Contada en primera persona por su protagonista, es una historia de descubrimiento personal, en la que la comedia y el drama una vez más se dan la mano de manera magistral (la explicación sobre el efecto que tiene en un adolescente que una chica guapa le hable es, sencillamente brutal...y completamente cierta). Ríes, te emocionas y, al menos yo, no pude reprimir algunas lágrimas. Un cocktail de emociones que te golpean sin tregua y que te obligan a pensar, a sentir, mientras, lo quieras o no, acabarás empatizando con unos personajes protagonistas tan humanos que te parecerá que los conoces personalmente.

"Si esta fuera una comedia romántica, ahora sería el momento en que nos enamoraríamos. Pero no lo es". La frase la repite en un par de ocasiones el protagonista, y ejemplifica a la perfección lo que el director Alfonso Gómez Rejón ha conseguido: saltarse las reglas del género para contar una historia humana que, por más que a ratos deseemos que se trate de un producto made in Hollywood, no lo es. Es un diálogo directo con el espectador, con sus sentimientos, que te viene a decir que no estás solo en tu confusión, que todos necesitamos a veces un poco de ayuda.


"Me & Earl & the dying girl" es, como decía, una historia de amistad y de aceptación. Los adultos de la película no están mucho más centrados que los jóvenes, casi al contrario. Es entendible que a Greg sus padres (maravillosos Nick Offerman y Connie Briton) le saquen de quicio. La madre de Rachel (la no menos genial Molly Shannon) es una alcohólica en ciernes intentando lidiar con la enfermedad de su hija. Y el profesor favorito de los chicos (Jon Bernthal), con sus tatuajes y su colegeo, tampoco parece la mejor influencia del mundo.

Y sin embargo son el mejor punto de apoyo para Greg. O, al menos, el único que tiene. Al principio parece que estamos asistiendo a una sucesión de arquetipos, de personajes excéntricos sin demasiados matices. Pero he ahí el truco de la película, la clave para entenderla: que todos somos mucho más de lo que aparentamos. Y que si nos lo proponemos, siempre podemos descubrir cosas nuevas sobre la gente cercana a la que injustamente ya creíamos conocer del todo.


La película habla sobre la amistad. La verdadera amistad. Lo que queda reflejado en varias escenas, en la parte final, sobre las que no puedo hablar, pero que me pusieron la carne de gallina. Son tres momentos concretos en los que por fin descubrimos la pasta de la que están hechos los tres chicos protagonistas. Son esos momentos en los que comprendemos que a pesar de sus errores, de sus enfados, de lo que se dicen en algunos momentos (siempre con Greg como centro del grupo) están cuando verdaderamente importa. Es todo cuanto se puede pedir a un amigo.


Gran triunfadora en el Festival de Sundance, "Me & Earl & the dying girl" es, por derecho propio, una de las grandes películas del 2015. Por lo pronto, como ya he dicho, mi favorita. Porque no sólo está maravillosamente contada sino que habla de cosas que yo necesitaba escuchar en este preciso momento. Me ha dado respuestas. Me ha dado en qué pensar. Porque aunque siempre digo que el cine sólo debería ser cine, a veces, por suerte, resulta ser algo más.


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