29/8/15


Ed Brubaker es un gran guionista de comic al que no deberían dejarle que se acercara nunca a los superhéroes. Cuando narra historias de género negro (ya sean historias de detectives o incluso híbridos "lovecranianos" como su "Fatale") siempre firma trabajos de lo más interesantes. Cuando se adentra en el terreno de los héroes con mallas...digamos que ni su Daredevil ni su Patrulla X pasarán precisamente a la historia (y sí, soy consciente del excelente trabajo que llevó a cabo en "Capitán América" y "Catwoman", pero es precisamente porque llevó ambas series a su terreno de conspiraciones, agentes secretos y delincuentes comunes)

Por fortuna la obra que nos ocupa, "Velvet", pertenece a la primera categoría, la buena. Una historia de espías a la vieja usanza, que se desarrolla en la década de los setenta y que contiene todos los ingredientes del género: espías, asesinatos, traiciones, agentes dobles...y una protagonista que es algo muy distinto a lo que parece en un primer momento. La fórmula Liam Neeson en "Taken".


La trama comienza con la muerte de un agente secreto, Jefferson Keller, del que se culpa a un segundo miembro del Arc 7 (la agencia de espías central de la trama), Frank Lancaster, que también aparece convenientemente muerto. Pero Velvet Templeton, secretaria personal del Director, no está nada convencida de esta explicación y comienza a investigar por su cuenta, descubriendo una red de mentiras y cabos sueltos...que la convertirán en un chivo expiatorio, cuando todo apunte a que ella misma es una traidora.

A partir de ese momento, como si de "El fugitivo" se tratara, Velvet tendrá que escapar de sus antiguos compañeros, mientras intenta averiguar quién le ha tendido la trampa y quién es el auténtico responsable de todo lo ocurrido. Y si fuera una secretaria al uso quizás le sería difícil, pero como decimos hay una sorpresa reservada: y es que, antes de decidir que prefería un puesto tranquilo, Velvet fue la mejor espía del mundo. Y estas cosas, como lo de montar en bici, no se olvidan nunca.


Brubaker se lo pasa en grande con una trama entretenida que bebe de todos los clichés del género. Espías rusos, tragedias personales, secretos del pasado, escenas espectaculares de acción... todos los ingredientes necesarios para que, tarde o temprano, "Velvet" acabe dando el salto a la gran pantalla...o a la pequeña, da lo mismo. Pero vamos, que si en un futuro cercano se anuncia que se está preparando ya una adaptación, desde luego no seré yo quien se sorprenda.

Su compañero de aventuras es Steve Epting, cuyo dibujo ha ido mejorando a lo largo de los años y que aquí alcanza unas cotas de calidad realmente admirables. Se nota que es un proyecto personal, hecho con mimo, en el que cuenta con el tiempo necesario para dar lo mejor de sí mismo y que cada nuevo número no desmerezca del anterior. Aunque ello signifique mantener una periodicidad un tanto irregular,,,

Porque ese es uno de los principales problemas de "Velvet", Que Image (editorial que lo publica en Estados Unidos) ha tardado casi dos años en sacar los once números con los que cuenta en estos momentos la colección. Y si a eso le añadimos la parsimonia de Brubaker a la hora de desarrollar la trama, lo malo es que, intentar seguir la serie al día, sabe a poco. A muy poco. Yo me leí del tirón los dos tomos publicados por Panini en España (a razón de cinco números por tomo) y fue una gran lectura. Pero sólo de pensar que quizás tenga que esperar un año entero para leer el siguiente tomo hace que me pregunte si, para ese entonces, la trama seguirá interesándome lo más mínimo.


Hay que admitir que el guionista intenta dotar a cada número de una identidad propia, como si se trataran de capítulos de una serie de televisión. Está el piloto, luego un número de persecuciones, y a partir de ahí cada nueva pista lleva a Velvet a tener que lidiar con personajes diferentes, en localizaciones diferentes, en pequeñas miniaventuras que, en cierto modo, podrían calificarse de autoconclusivas.

El problema es el planteamiento global. El McGuffin de la serie, si quieren llamarlo así. Si bien es cierto que Brubaker es un tipo que marca muy bien sus historias personales con presentación, nudo y desenlace ("Fatale" son 25 números, su "Sleeper" duró 24...) y que no suele incurrir en el riesgo de alargar las colecciones como chicles (podrías aprender de él, Bill Willingham. "Fables", con 50 números menos, sería una obra maestra), lo cierto es que, lo que llevamos, da la sensación de ser poco más que el primer acto.

Quizás me equivoque, pero este "Velvet", con su ritmo, con su cadencia, con su ovillo de mentiras y secretos difícil de desenredar, necesitará al menos 25 números en completar la historia. Posiblemente incluso alguno más. Y sé que cuando acabe, cogiendo la colección completa y leyéndola del tirón (como hice con la obra maestra que es "Locke & Key", de Joe Hill), me sentiré muy satisfecho por el resultado. Pero mientras tanto, la espera puede ser muy larga.


Así que mi recomendación es que lean el primer tomo (no el primer número; eso les sabrá a poco, no es suficiente como para coger el tono de la serie). Y si les gusta mucho, sigan con el segundo. Y luego apárquenlos y olvídense de ellos durante un buen tiempo. Es lo que yo voy a hacer. Y cuando haya más material acumulado, entonces me dedicaré a releerlo todo y disfrutarlo en su justa medida.

Hasta entonces, es sólo como un chiste prometedor sin remate. Intuyes que te vas a reír, pero, demonios, lo malo es que no lo sabes con certeza...


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