28/8/15


¿Recordáis "100 Balas"? Una fantástica historia creada por Brian Azzarello y Eduardo Risso en la cual durante un centenar de números nos desvelaban las peripecias de un buen puñado de familias mafiosas y su lucha por el poder y la supervivencia. Pues imaginaos todo eso en sólo siete números.

Sí, amigos. "Secreto", de Jonathan Hickman, bebe directamente de esta obra maestra del género de negro, lo aglutina, lo mezcla, lo resume y nos brinda una miniserie que se devora con una avidez inusitada y, en el caso de un servidor, todavía más sorprendente si tenemos en cuenta lo mucho que me llega a cansar la manera de dilatar y alargar las tramas que el autor ha tenido en sus celebradas etapas de "4 Fantásticos" y "Vengadores".


"Secreto" comienza de manera medida, armónica, como un reloj suizo dando la hora, con un atracador entrando en la casa de un ejecutivo y soltándole un discurso sobre lo poco que podía hacer para evitar que entrase en su casa. Todo una muestra de poder y de control. Un diálogo que pone los pelos de puntas  y que consigue que empaticemos con ambas partes, sintiendo miedo e impotencia como la víctima y autoridad como el agresor.

Rápidamente la trama se complica, llevándonos  a presenciar una conspiración que lleva ejecutándose durante veinte años entre la CIA y el KGB, y cuyo alcance está valorado en billones de dólares. Toda una economía fantasma que podría desajustar la economía mundial si se hiciera pública. Acción, sangre, secretos y mentiras y muchos cambios de bando es lo que nos ofrece Jonathan Hickman, que pone el destino del mundo capitalista en las manos de tres personas que estarán dispuestas a cualquier cosa para que todo cambie.


Hickman deja en evidencia a la industria y a sí mismo y demuestra que cuando una historia es buena y da para lo que da, lo mejor es ceñirse a la misma y no estirarla más allá de la trama pensada con su inicio, nudo y desenlace. Y qué desenlace, señores, de esos que te golpean con el puño cerrado en el estómago y te deja con un regusto de satisfacción a la par que con un sabor agridulce por los sacrificios presenciados.


Ryan Bodenheim, dibujante joven que apenas acaba de aterrizar en la industria y que ya ha colaborado en un puñado de proyectos con Marvel, realiza su mejor trabajo hasta la fecha con una buena caracterización de personajes, variadas expresiones faciales, eficaz narrativa y una gran composición de página para las escenas de acción. Sin embargo creo que los mayores elogios en la parte artística de este tebeo deben ser para el color de Michael Garland, que usando una paleta muy limitada (típica de las obras de Hickman) donde predominan los grises sobre colores más vivos, consigue una ambientación muy de película retro de espías. 

Una delicia, oigan.


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