3/2/18


Hay que adelantarse en todo, y en el cine aún más. Aunque muchas de estas películas tardarán en llegar a nuestros cines, queremos que se os vaya haciendo la boca agua y podáis preparar el calendario para lo que viene. Como ya sabeís las distribuidoras tienen mucho que decir, pero en principio esto es lo más destacado que está previsto para los próximos meses.

Tomb Rider:

Angelina se fue, pero Lara Croft se queda para hacernos vivir una nueva aventura. Ahora será la actriz sueca Alicia Vikander la que tendrá que hacer todas las cabriolas del mundo, este papel siempre es muy exigente físicamente, para .... pero si pudo con Bourne esta chica puede con todo.



Dead Pool 2:

Quiero verla ya, ya, ya!!!! De todas las películas que hay para este año es la que espero con más ganas, quiero volver a ver a Ryan Reynolds liándola, ese lenguaje tan sutil, ese modo de actuar tan tierno...ese superhéroe tan diferente por el que hemos apostado con tan buen tino.

De momento vamos tirando con el Tráiler ( muy convencional también :-). Espero que no sea una decepción porque cuando pones el listón muy alto...ya sabeís un gran poder conlleva una gran responsabilidad...



Ready Player One:

Todos sabemos que Steven Spielberg es un genio que lo mismo te hace un dramón, una peli de guerra o una película de Ciencia Ficción, o todo a la vez. Pero la verdad es que la parte de ficción es la que más me gusta, y en este caso pinta muy bien.

Un mundo virtual ( que por desgracia es a lo que nos espera ) y una gran recompensa económica, aunque la recompensa en realidad es el control de la no realidad, aunque al final acaba siendo la realidad, ( que lío ).

No se si es un rollo plan Avatar o GTAV, la verdad es que me da igual, es el señor Spielberg haciendo Sci Fy y eso no me lo puedo perder.



Han Solo: A Star Wars Story

No se que decir, no se si va a ser un apaño o una gran historia pero estamos hablando de Star Wars y de mi personaje favorito, que más se puede pedir. Que la fuerza nos acompañe.





Y ya estamos con el volumen 3 del maravilloso universo Marvel y lo que nos queda...


1. Avengers: Age of Ultron

Tras la "separación" del equipo  de los Vengadores, toca reunirse de nuevo ante la amenaza de Ultrón, una inteligencia artificial con muy mala uva. Máquinas inteligentes con una mezcla de experimentación con humanos y un tema que ya hemos visto también en el universo DC, cuando intentas salvar el mundo hay daños colaterales difíciles de asumir.
Muy acertad la entrada de "Visión" en la historia.



2. Ant Man

Poco a poco se van incluyendo nuevos personajes con historias separadas pero que van guiando el camino a lo que será una peli de Marvel con tropecientos mil superhéroes en una misma escena. Ya lo vereís, ya...

Lo cierto es que este nuevo personaje nos ofrece una peli bastante divertida. Típico perdedor con ganas de recuperar a su familia y que por una oferta de el gran Michael Douglas se acaba convirtiendo en un héroe que va para largo...de momento ya está próxima a llegar a los cines la segunda parte ( además es que Paul Rudd me cae simpático desde que salía en Friends :-)



3. Capitán América: Civil War

Pues vale, aceptamos que se meta dentro de la línea del Capitán América, pero vamos que con el mogollón de personajes que incluye casi podría ser un Vengadores 3 versión extendida.

Visualmente es una auténtica pasada ver como se zurran los dos bandos, casi no caben más superhéroes en una misma secuencia ( bueno sí caben, lo vereís próximamente ). Y además ya se ve como Disney sigue con sus negocietes incorporando, muy acertadamente, a Tom Holland alias Spiderman  en la historia. Y ya así sin querer metemos a Black Panther para lo que pueda venir...



4.Doctor Extraño

Mira que me suena raro Doctor Extraño, queda más bonito Doctor Strange no? Bueno, lo importante es que incorporamos al gran hechicero al lío. Película entretenida, un poco mareante en algunas escenas, pero es que la supuesta realidad, las distintas dimensiones, es lo que tiene.

Benedict Cumberbatch ( mira que se puede tener un apellido más fácil como García ) al cual adoramos da vida al personaje.


17/12/17




Como ya dijimos en el anterior artículo sobre este tema el universo Marvel es muy grande, y como además es rentable, pues cada vez lo va a ser más. Y teniendo en cuenta la posible compra de parte de Fox por Disney...

Seguimos con la guía para que podaís ver las películas de una forma más o menos conexionada.

1. Ironman 3

Personalmente la que más me ha gustado de la saga del hombre de acero, con un Tony Stark que debe luchar contra el malvado Mandarín ( con un Ben Kingsley como siempre muy grande, y este caso bastante divertido ).

Interesante la trama real de la película sobre las posibilidades de la modificación del cuerpo humano para la posible cura de ciertos problemas hasta la fecha imposibles de solucionar y los limites de las mismas.



2. Thor: el mundo oscuro

Secuela de la película del 2011 que tampoco me parece para tirar cohetes, pero que para pasar un rato entretenido no está mal.

Mismos personajes encabezados por Chris Hemsworth, Natalie Portman y  tal vez uno de los mejores personajes de la saga ( que en la tercera parte de Thor ya me conquistó definitivamente ) Tom Hiddleston haciendo del amable hermanito Loki.



3. Capitan America: El soldado de invierno

Segunda vez que el Vengador más patriota de todos ( por algo es el primero ) da nombre a la película de Marvel, con aparición de nuevo de Scarlett, sólo por ver a esta mujer haciendo de Viuda Negra ya merece la pena pagar la entrada al cine.

De nuevo se aprovecha el elenco de actores/personajes disponibles incluyendo a Nick Furia, y entra en escena Falcon, que dará más guerra en posteriores películas. Hay que aprovechar lo máximo a los actores con contrato no?


4. Guardianes de la Galaxia

Hasta la aparición de la tercera entrega de Thor la que más me había hecho reir ( ahora mismo las pondría a la par y añadiría el Volumen 2 de este genial grupo de guardianes ).

El grupo de supuestos héroes difiere de lo típico de Marvel ( sin llegar al nivel de Masacre por supuesto ) y cada uno aporta a su manera algo diferente a la película. Lo cierto es que son personajes que se hacen carismáticos y a los que se les coge cariño. Tanto Groot como Rocket me parecen simplemente geniales ( y por si alguien no lo sabe a ambos les ponen la voz actores de mucho renombre, al primero Vin Diesel y al segundo Bradley Cooper, casi nada )


2/11/17


Sí, ya sé que esta crítica hubiera sido ideal para la noche de Halloween, pero bueno, sólo llego con dos días de retraso (no me hagan empezar a hablar de nuevo de lo difícil que es sacar tiempo para escribir, que empiezo a sentirme en una especie de círculo vicioso).

Pero al menos la espera creo que ha merecido la pena, porque hoy toca hablar de una de esas cintas que compensan su bajo presupuesto con una dosis extra de ilusión, inteligencia y un gran conocimiento del género (y del oficio). Así es "The terror of Hallow's Eve", una de las gratas sorpresas de este Sitges 2017 que, incomprensiblemente (al menos para el que aquí suscribe) tuvo su estreno en la sección Brigadoon y no como parte de la programación estándar.

A ver, no seré yo quien tire piedras contra Brigadoon (que siempre hace un trabajo ejemplar). Pero, siendo sinceros, la película que nos ocupa no sólo merecía ser proyectada en los grandes cines (si no el Auditori, como mínimo el Retiro) sino que además, siendo sinceros, es superior a algunas de las propuestas de la sección oficial.


En cualquier caso, lo importante ahora es hablar de "The terror of Hallow's Eve". Una película de terror-terror, con un aroma muy clásico (sí, ochentero), y que puede acabar siendo el principio de una larga saga, protagonizada por un tan peculiar como inquietante ser llamado "The Trickster".

Situémonos. Tim es un joven creativo, sensible, amante del género del terror y que, por desgracia, no encaja muy bien en el pueblo en el que tiene la desgracia de vivir. Que es la forma elegante de decir que sufre no sólo la incomprensión de sus vecinos (lo que ya de por sí es malo), sino también el bullying de los matones del instituto (lo que sin duda es mucho peor). Y el hecho de que su madre sea demasiado protectora con él y luche todas sus batallas, aunque es algo admirable y que está claro que hace con la mejor voluntad, la verdad es que en realidad sólo sirve para empeorar las cosas.


Un día, después de recibir otra paliza, Tim conoce a un curioso personaje: el ya citado "Trickster", un ser en apariencia inofensivo que sólo quiere ayudarle concediéndole un deseo. Pero ¿saben eso de tener cuidado con lo que se desea? Pues aquí se aplica a las mil maravillas, porque Tim quiere venganza por lo sucedido, pero lo que no termina de calibrar es la sed de sangre de su nuevo amigo sobrenatural, que tiene ideas mucho más radicales que las del joven sobre lo que significa ajustar cuentas con los matones...y con todo el que se cruza en su camino.

"The terror of Hallow's Eve" es, como decía, una carta de amor al género, a las películas de los años 70 y 80 (que queda reflejado en los efectos especiales de la película, mucho más enfocados a lo que se conoce como "efectos prácticos" (es decir, marionetas y trucos de toda la vida) que al uso del CGI sin el que hoy día muchos directores parecen no saber vivir). Una historia que sigue fielmente los patrones del género pero que, al mismo tiempo, sabe cómo introducir algunas pequeñas novedades que le confieren una identidad propia (y de lo más interesante).


Tras un primer acto digamos "convencional", la película comienza a volverse más oscura de lo que uno podría imaginarse. Sin dejar de ser fiel a sí misma, sí que hay ciertas cuestiones en su desarrollo que no son las que cabría esperar. Es decir, si eres aficionado al género, conoces las claves, sabes lo que va a pasar a cada momento. Pero aquí hay un punto, un momento concreto, en el que piensas "ey, esto no me lo esperaba". Y hasta aquí puedo leer.

Todo ello es posible gracias a la labor detrás de las cámaras de Todd Tucker, en su debut como director en el género (sólo había dirigido otra película antes, "Chucho monstruoso", que no es precisamente material para Sitges) pero curtido en mil batallas gracias a su dilatada carrera en los departamentos de maquillaje y efectos visuales en grandes producciones como "Watchmen", "Geostorm" o "Apocalypto", por citar tan sólo tres ejemplos.


Tucker pone en práctica no sólo todo lo que ha aprendido sobre cómo hacer que un presupuesto ínfimo luzca maravillosamente en la pantalla, sino que además se rodea de un equipo de primer nivel, empezando por el ya imprescindible Doug Jones, que aquí pone rasgos y voz (algo no tan habitual) al  malvado Trickster, que a primera vista parece un primo lejano de Dobby, el elfo doméstico de Harry Potter, pero que poco a poco va dejando atrás esa apariencia inofensiva y casi lastimosa para revelarse como una figura terrorífica con la que sería mejor no tener tratos.

Pero la película no es sólo Doug Jones (que hace doblete, por cierto, ya que también interpreta a un espantapájaros), puesto que el resto del casting también está a la altura, con mención especial al protagonista, Caleb Thomas, y a su madre en la pantalla, Sarah Lancaster a la que muchos recordarán por su papel en la serie "Chuck". ¡Qué diablos, si incluso hay un cameo del gran Eric Roberts!


"The terror of Hallow's Eve" es una historia sobrenatural de muerte y destinos trágicos, que pese a todo no renuncia a hablar también de temas sociales como el bullying (la película dice estar basada en hechos reales, algo que obviamente me hizo sonreír - no es la primera peli de terror que usa esa estrategia falsa - ...hasta que descubrí que en este caso sí que era cierta, pero no la parte sobrenatural sino la de los abusos, ya que está basada en los recuerdos del propio director, que sufrió acoso de niño. Mira tú por dónde, al final fue él quien rió el último, y tanto que me alegro).

No obstante, no nos engañemos. El director puede haber aprovechado la oportunidad para exorcizar algunos demonios, pero su cinta no intenta ser una crítica social, sino un divertimento para todos los que hemos crecido amando el género del terror. Para los que sabemos que cuando alguien se ofrece a ayudarte a que te vengues de tus enemigos, por bonito que parezca en realidad nada bueno puede salir de ahí.


En sus muy ajustados 80 minutos no hay tiempo para el aburrimiento. Es una montaña rusa llena de momentos escalofriantes que incluso dejan la puerta abierta para una segunda parte en la que Todd Tucker admite que ya ha pensado...y yo admito que me encantaría verla. Al final The Trickster también ha logrado engatusarme a mí.



28/10/17


Lo admito. Tengo sentimientos encontrados con esta película. Porque cuando te dicen que van a proyectar algo llamado "Science Fiction Volume One: The Osiris Child" (a partir de ahora sólo "The Osiris Child", para abreviar), tu cerebro hace "click" y dices "vale, peli de serie b, carne de videoclub". 

Y cuando encima ves que el protagonista es Kellan Lutz, que es uno de esos tipos que te suenan de algún sitio, posiblemente de unos cuantos subproductos, pero que no eres capaz de ubicarlo exactamente, pues como que te reafirmas en tu idea (por cierto, consulta a Imdb mediante, Lutz se dejaba ver en "Los mercenarios 3", "Extraction" - lo que yo decía, subproducto con el nuevo Nicolas Cage, o sea, Bruce Willis - o la saga "Crepúsculo", que admito que no es precisamente el tipo de saga que mejor controlo).


Pero como te pica la curiosidad y eres un tarado que ve películas sin tino, decides aprovechar para darle una oportunidad...y sí, no andabas desencaminado. Es una serie b en el espacio, con unos efectos especiales apañados y con un puñado de actores de segunda que hacen lo que pueden (que Isabel Lucas me caiga muy bien no quita para que no sea lo que yo llamaría una estrella rutilante, y a Rachel Griffiths hace tiempo que se le pasó su oportunidad). Y sin embargo, la historia tiene algo...

Les pongo en situación. Típico conflicto "padre que es un crack como piloto pero que ha caído en desgracia tiene relación tirante con hija pequeña que no le ve todo cuanto desearía". Pero luego resulta que, por motivos que no vienen al caso (o sí, pero es que si lo cuento todo, qué gracia tiene) unos monstruos quedan sueltos en el planeta donde está la niña. y las altas instancias deciden que para qué complicarse la vida, cuando lo más fácil es exterminar el planeta entero y así nos dejamos de boberías.


Obviamente al padre no le hace ninguna gracia el tema, así que vuela al planeta para rescatar a su hija, para lo que cuenta con la ayuda de una serie de tipos chungos a los que se va encontrando (el citado Lutz, que es un preso fugado, una pareja de hermanastros a los que les falta un tornillo...) y que, en el fondo, en realidad tienen un corazón de oro y madera de héroe. Como marcan los cánones.

Así que durante buena parte de la película todo va según lo previsto y va pasando lo que se supone que tiene que ocurrir... hasta que llega el último tercio de historia y, sin que esto se convierta en "El Padrino" (no nos pasemos), sí que es cierto que hay que aplaudir la decisión de su director de dar un giro de timón que te deja con una sensación agridulce...y de paso explica lo de "Volume One". Porque en realidad esto es sólo el principio de una historia mucho más larga que supongo intentarán contar en el futuro, en sucesivas entregas.


Salvando mucho las distancias, pero para tratar de entendernos, "The Osiris Child" funciona como lo hacía la serie de televisión "Babylon 5" (si no la han visto, ya tienen deberes, porque es magnífica). Decorados de cartón piedra, una premisa que parece mil veces vista...y luego te das cuenta de que no, que el resultado tiene su personalidad propia. Es de estos raros casos en los que el resultado final es mejor que el "pitch" que le presentas al productor para que te dé el dinero.

Pues con la peli pasa eso. Sin dejar de ser una serie B, sin dejar de tener fallos, clichés y situaciones mil veces vista, lo cierto es que al menos es una historia con alma y mejor planteada de lo que uno podría pensarse. Es una producción ambiciosa camuflada de producto de sobremesa. Es más, si me dicen que sus responsables tienen claro todo el desarrollo de la saga, me lo creo. Porque tiene pinta de ello.


A la película también le ayuda su distribución en capítulos, que van saltando de unos personajes a otros y también a través del tiempo, contándonos, de forma no lineal, el pasado del personaje de Keiran Lutz, por qué ingresó en prisión y cómo logró escapar. Esa estructura episódica hace que la película no resulte nunca pesada, lo que es un gran punto a su favor.

De modo que, como decía al principio, estoy en una encrucijada. Porque "The Osiris Child" no es una gran película ni ofrece nada realmente original. Pero, al mismo tiempo, de un modo extraño, consigue atraparte. Lo único que puedo decir es que si Shane Abbess decide atreverse algún día con el "Volume 2", aquí tiene un espectador. Algo escéptico, sí, pero interesado en saber hacia dónde continúa la historia..





En los últimos años Sitges está siendo un poco menos Sitges. No me refiero a su ecléctica programación (el festival se ha convertido en una muestra de cine de terror, ciencia ficción, películas asiáticas...y lo que se tercie. Pero oye, yo encantado) ni a la calidad de las cintas (este año, sin ir más lejos, la cosecha ha sido fabulosa). Hablo de la falta de sangre, de esas películas de serie b que quizás no sean una maravilla pero que siempre son divertidas de ver rodeadas de fanáticos del género.

No sé, es como si los gustos hubieran cambiado, y ahora a los directores les interesara más contar historias introspectivas, usando el género únicamente como excusa. O, directamente, que su propósito sea aburrir sobremanera al personal (uy, ya hablaremos de "Revenge"...). Por desgracia para los seguidores de este tipo de propuestas más cañeras, como un servidor, parece que las historias gamberras están cayendo un poco en desuso.


Supongo que por eso me gustó tanto "Mayhem". Un film sin demasiadas pretensiones que probablemente si la hubiera visto en alguna plataforma digital, desde el salón de mi casa, me habría dejado un poco frío. Pero en Sitges, a las 8.30 de la mañana, esa ración de sangre y violencia desatada que propone me supo a gloria, para qué negarlo.

Tampoco se esperen una historia especialmente compleja, aún cuando el director (Joe Lynch, firmante de esa curiosidad llamada "Evelyn", en la que Salma Hayek repartía estopa) introduce algunos elementos de crítica social y denuncia sobre la manera en la que actúan las grandes corporaciones de abogados. Pero esto es como las pelis de Luc Besson: no se dejen engañar, el componente social le importa poco. Ni "Venganza" era (obviamente) un estudio serio sobre la trata de blancas ni "Mayhem" aporta nada al tema de los bancos y las hipotecas que no se resuma en una frase de una servilleta de cafetería.

Aquí tenemos a Derek Cho (Steven Yeun, recién salido de "The Walking Dead"), un abogado que es una buena persona pero que en algún momento perdió su camino y se ha vuelto un auténtico capullo. Por eso cuando una letrada independiente va a visitarle para pedirle ayuda para sus clientes, que van a ser desahuciados, él pasa completamente del tema. Aunque, cosas del karma, resulta que sólo unos minutos después al pobre Derek le despiden por un error/crimen que, como le pasaba al "Equipo A", él tampoco cometió, sino que le están intentando cargar el muerto.


Pero tranquilos, que aunque el tema parece que puede derivar en un drama social, no es así. Son las dos pinceladas necesarias para intentar hacer tridimensional al prota, que en el fondo sabemos que es un pedazo de pan, y de paso presentar al resto de integrantes de la oficina, por eso de que cuantos más seamos, más reiremos una vez que empecemos a arrancarnos las cabezas los unos a los otros.

Porque (y aquí es donde quería llegar) resulta que "Mayhem" tiene lugar en un mundo en el que se desató un virus que volvía irracionalmente agresiva a la gente. La gracia está en que, bajo sus efectos, la gente no es legalmente responsable de sus actos (gracias a un error en la legislación que averiguó...¿adivinan quién? Exacto, nuestro prota). Y aunque la plaga ya está prácticamente controlada, como no podía ser menos, se desarrolla un brote en el edificio, que es puesto en cuarentena. Las autoridades sueltan el antídoto (vía aérea), pero claro, eso tarda unas horas en hacer efecto...tiempo más que suficiente para que todo el mundo decida arreglar cuentas con sus compañeros.


A partir de ese momento ya se pueden imaginar qué les espera. Nuestro protagonista intentando demostrar su inocencia...a puñetazo limpio hasta llegar a los jefes supremos. Y por el camino mientras pierde la calma recupera su humanidad, y decide formar equipo con la otra letrada porque a) unidos es más fácil sobrevivir; b) la chica es guapa; y c) es lo que pasa en estas películas, que algún mcguffin deben tener para que la trama avance.

"Mayhem" es diversión en estado puro que funciona casi como un videojuego, en el que hay que ir ascendiendo niveles. Porque la estructura piramidal de la empresa (que queda claro en los primeros minutos, en los que se presenta a todos los personajes) invita precisamente a eso. Los "rivales" son cada vez más difíciles, y para llegar al último piso, al del gran jefazo, pues eso, primero hay que abrirse paso como sea (y ya imaginan cómo es) a través de todos esos subalternos que tienen sus propios problemas, que se la tenían jurada a alguien y a los que en el fondo también les va la marcha.


Insisto, sé que no es una obra maestra y creo que me abstendré de volver a verla en el futuro, para quedarme con la grata impresión que me causó. Pero como digo, fue mucho más divertida de ver que las tres últimas temporadas de "The Walking Dead", y además dura infinitamente menos, unos ajustados 86 minutos. 

No pasará a la historia, no ofrece nada nuevo. Pero la mercancía, que no engaña a nadie, es de primer nivel. El ritmo no decae, los buenos te caen bien, los malos te caen mal y hay suficiente violencia como para contentar a las legiones de fans de este tipo de películas. Gente como yo, que aplaudió cada muerte igual que hizo un servidor. Porque el buen cine de evasión es eso, lograr que te evadas un rato mientras sacias tu sed de sangre (si han visto el anuncio de Sitges de este año entenderán la referencia).



27/10/17


Aún no tengo del todo claro si los responsables de Amazon Japon (rama televisiva) son unos valientes o unos locos. Posiblemente ambas cosas.

Estamos ante una nueva edad de oro de la televisión. Plataformas como HBO o Netflix han cambiado las reglas del juego, tanto en la pequeña como en la gran pantalla, apostando por financiar proyectos de grandes estrellas a las que les han otorgado plena libertad creativa. Es lo que nos ha permitido tener una nueva y excepcional temporada de "Twin Peaks" (gracias, Showtime) o que genios como David Fincher decidieran aparcar por un tiempo los largometrajes para sacar adelante proyectos que, aunque no se vean en la gran pantalla, son igual o incluso más interesantes ("House of Cards", "Mindhunters").


Pues inmersos en esta vorágine, y viendo que en Estados Unidos sus homólogos están repartiendo billetes como si fueran caramelos, los ejecutivos de Amazon Japon no han querido ser menos, por lo que decidieron sacar adelante su propia serie. ¿Y a quién se la encargaron? Ni más ni menos que a Sion Sono, al que intuyo que le dijeron "aquí tienes el dinero, haz lo que te dé la gana". Y eso es que lo que hizo Sion Sono, ni más ni menos. Sacarse de la manga algo tan extraño, bizarro y a ratos genial (vamos, su marca personal) como "Tokyo Vampire Hotel".

Lo dicho, valientes y locos.

A la espera de que Amazon se reponga del shock y decida sacar la serie también en España (o al menos en Estados Unidos), y para que el resto del mundo pudiera echar un vistazo a la mente enferma (dicho con cariño y respeto) de Sono, al menos sí que dieron autorización para reconvertir la serie (unas 9 horas de metraje) en un largometraje de 140 minutos en el que se recoge la esencia del proyecto. Película que es lo que se ha proyectado en Sitges, en uno de esos maratones nocturnos tan interesantes como odiosos (en serio, en este festival todo minuto de sueño es bienvenido, y cuando acabas a eso de las tres de la mañana teniendo que levantarte a las siete al día siguiente, te acuerdas de Ángel Sala, pero no por los motivos correctos).


Como digo, más allá de admitir que tengo mucha curiosidad por el resto del material (la misma que aún me despierta la serie de televisión de la inclasificable "The Virgin Psychics") en lo que respecta a la película, sus responsables han hecho un trabajo exquisito, ya que la selección tiene sentido en sí mismo. Bueno, todo el sentido que se le puede pedir a un trabajo de Sion Sono. Sí, hay cortes abruptos y cambios de ritmo radicales. Pero qué diablos, eso también se lo llevo viendo en muchas películas que no adaptan material de la pequeña pantalla.

¿Y de qué va "Tokyo Vampire Hotel?" Buena pregunta. Pues, como su propio nombre indica, hay vampiros (clanes en guerra) y hay un hotel al que la acción se traslada cuando la cinta ya lleva casi una hora. El resto, como siempre, es indescriptible. Matanzas, situaciones bizarras, mucha sangre, vueltas de tuerca y delirios made in Siono que, como también es habitual en él, termina sobrepasando al espectador, que acaba aturdido ante la sobrecarga de estímulos visuales.


Lo mejor de "Tokyo Vampire Hotel" reside en sus primeros 80 minutos, una sucesión de escenas adrenalíticas llenas de violencia y sangre que me recordaron al brillante inicio de "Tag" (vista hace un par de años también por aquí). Hay que admitir que Sion Sono sabe cómo llamar la atención. Nunca necesita unos minutos de tranquilidad antes de que sus películas arranquen, él pisa el acelerador y empieza siempre muy arriba, dejándote sin respiración. El inicio, como digo, es brutal. Violencia, muerte, muerte, más muertes, persecuciones, vampiros, profecías... Puro delirio.

Pero, como ocurría con "Tag", aquí la cosa también va perdiendo fuelle y termina convertida en un pastiche difícil de describir. La trama se vuelve confusa, las situaciones se enredan y no dejas de pensar que quizás has cerrado los ojos sin querer y te has perdido algo (o que el editor se olvidó de incorporar algún capítulo de la serie que pudiera otorgar un poco de coherencia a lo que estás viendo).


No, no nos engañemos. En este caso no eres tú, sino que es él. Sion Sono, que de repente mezcla la historia principal con subtramas que tienen que ver con el hotel y con sus huéspedes, que lo mismo parece que asisten a una fiesta que descubren que ellos son el plato principal del menú, para luego decidir escapar, para luego regresar, para terminar decidiendo procrear entre ellos, para... No, en serio, no tiene sentido tratar de encontrarle sentido. 

El resultado final es irregular, y terminas con esa sensación de "ni lo he pillado todo ni estoy del todo seguro que me importe". Las traiciones, las luchas entre clanes, el destino de la protagonista... todo termina en un "qué más da". Pero eso no quita para admitir que, hasta ese momento, al menos un servidor disfrutó del viaje. Al menos de ciertos momentos del viaje, que me hicieron sonreír y tener ganas de aplaudir ante el catálogo de locuras de Sono.


"Tokyo Vampire Hotel" es un Sion Sono desatado, para lo bueno y para lo malo. Esto nos ofrece grandes momentos, pero sí que es cierto que no puedes dejar de pensar que el día que un productor con talento logre atarlo en corto, nos ofrecerá por fin una auténtica obra maestra. Mientras tanto, nos queda una obra irregular que no puedo decir en conciencia que sea una buena película. Pero tampoco que sea mala. A ver, una cinta en la que una vampiresa engulle a una chica por la vagina condenándola a una especie de infierno que existe entre sus piernas nunca puede ser mala.

De modo que no, no está en mi Top 15 de Sitges...pero admito que ardo en deseos de ver la serie o, llegado el caso, me conformaría con un segundo visionado de la película. Y eso tiene que significar algo, ¿no?




Hay veces en las que los astros simplemente se alinean. Es lo que le ha ocurrido al Festival de Sitges que, sabiendo que este año celebraba su 50 aniversario, quiso contar con tiempo con un maestro de ceremonias de excepción, como es Guillermo del Toro. Presencia que fue revelada con 365 días de antelación, en la clausura de Sitges 2016.

Claro, tener a Del Toro ya es de por sí un gran atractivo. Pero cuando justo ese año el director firma una de sus mejores películas, como es "La forma del agua", la cosa pinta aún mejor si cabe (sobre todo cuando logras amarrar la cinta para que inaugure el festival). Y si ya resulta que, contra todo pronóstico, en el Festival de Venecia deciden apostar por el fantástico y le otorgan el León de Oro, pues mira, resulta que has hecho un pleno al 15.


"La forma del agua" es un cuento de hadas hermoso pero oscuro. Guillermo del Toro regresa a esa suerte de realismo mágico que tan buen resultado le dio en "El laberinto del fauno" para contarnos la historia de amor entre una joven muda (espléndida Sally Hawkins, no por nada firme candidata a conseguir, cuanto menos, una nominación al Oscar a la mejor actriz) y una criatura marina salvaje retenida en unas instalaciones gubernamentales. 

En realidad, la trama es muy sencilla, pero es que no importa tanto el qué cuenta, sino el cómo lo cuenta. Ahí es donde Del Toro se hace grande. Consciente o inconscientemente (yo apuesto más por lo primero), en cada plano de la película se nota su doloroso paso por Hollywood. Sus pulsos con los grandes estudios, las presiones, los proyectos que nunca terminan de cuajar (esa "En las montañas de la locura" que tanto me gustaría ver en pantalla grande, y que me temo que me quedaré con las ganas).


Es como si Del Toro hubiera dicho "a la mierda". No quiero escuchar a otro ejecutivo, no quiero más sugerencias que en realidad son imposiciones. Voy a hacer una película más pequeña pero infinitamente más personal. Una que tenga todo lo que a mí me gusta. Una en la que por fin poder en práctica todo aquello de lo que siempre hablo (es un placer escuchar al director hablar de cine) pero que luego no siempre aparece reflejado en la pantalla. Y es que es curioso que el responsable de gigantescas cintas como "Pacific Rim" o "La cumbre escarlata", llenas de megaestrellas, siempre dé lo mejor de sí mismo en proyectos más minoritarios como "El espinazo del diablo" o "El laberinto del fauno".

En este sentido, se podría decir que "La forma del agua" es su mejor película. No sé si la más auténtica, pero posiblemente sí la más personal. Una en la que se nota el inmenso amor de Del Toro por el séptimo arte. Sus habilidades como contador de historias. Como soñador que quiere compartir con la audiencia aquellas ideas locas que le rondan por la cabeza y a las que necesita dar salida.


Es esa fuerza, ese empuje, esa pasión, lo que eleva "La forma del agua" y la convierte en un triunfo que se colará en la ceremonia de los Oscar (aunque ya vaticino que no se llevará los premios importantes. A la Academia le encanta aparentar modernidad, pero en realidad siguen pensando que el género fantástico no es auténtico cine). Y es lo que la convierte en un gran título a pesar de sus fallos y puntos débiles.

Porque sí, los tiene. Y se le notan. Se mire como se mire, y a pesar de esa dosis de realidad con la que el director quiere recubrir su obra (ese componente sexual que no se esconde en ningún momento), "La forma del agua" está llena de personajes-clichés. Desde el malo malísimo Michael Shannon (genial, como siempre), hasta Richard Jenkins, pasando por Michael Stulhbarg u Octavia Spencer. No nos engañemos. Están todos increíbles porque son actores de primer nivel. Pero sus personajes son tan entrañables como planos.


También podría detenerme a contarles que, por mucho que el gran Guillermo insistiera en la rueda de prensa que intentó alejarse todo lo posible de Abe Sapiens y de la Criatura del Lago Negro, su monstruo es precisamente un cruce de ambos (si me dicen que es el primo del personaje de Hellboy, me lo creo). O los inevitables paralelismos con "Amélie", película de la que bebe mucho, no sólo en cómo cuenta la historia, sino en el uso del color y de ciertos movimientos de cámara.

Podría seguir hablando de fallos, errores, imperfecciones. Pero entonces estaría dejando que la magia se me escapara entre los dedos. Porque lo mejor de "La forma del agua", como dije antes, está en cómo cuenta su historia. El modo en que nos emociona, nos hace sonreír, logra que incluso los escépticos como yo se dejen llevar un momento por la belleza de un mundo cruel, sí, pero infinitamente romántico. Es una obra hecha con el corazón que habla directamente al corazón del espectador. Las palabras pueden describir el cascarón, pero nunca serán justas con la magnífica obra de Guillermo del Toro ni con lo que es capaz de hacernos sentir.


Sitges 50 se estrenó con una película 10. ¿Qué más se puede pedir?


11/10/17


No me gusta el trabajo de Michael Haneke. Nada. No me gustan sus consideradas "películas buenas" ("Funny games" aún tiene un pase, pero aborrezco "Amor" y "La cinta blanca" tampoco crean que es santa de mi devoción, vale, ya pueden lapidarme) así que imaginen lo que siento por sus películas menos buenas. Y "Happy end" entra en esa categoría.

Haneke es de esa clase de directores (como Iñárritu o Lars Von Trier) a los que nunca verán en la consulta de un psicólogo para tratar un problema de falta de autoestima. Está encantado de conocerse a sí mismo, lo que le permite hacer siempre lo que le viene en gana, sin pensar en si es bueno para su carrera o si va a decepcionar a sus fans (ojo, que esto no lo digo como crítica, sino todo lo contrario. A pesar de sus trabajos no me atraen, sí que le admiro por no plegarse a los dictados de nadie).


Por eso, después de la profunda, intensa, íntima y multipremiada "Amor" (y tras darse un garbeo por la pequeña pantalla para marcarse una tv movie), el director decidió que ahora le apetecía dejarse de cosas profundas y marcarse una comedia. Bueno, lo que él entiende por comedia, que ya les digo que el señor es especialito. No más que Paul Verhoeven, seamos sinceros. Pero si servidor conecta a las mil maravillas con la mala leche del genio holandés (qué bien me lo pasé con "Elle") pues lo que les decía, con Haneke no me pasa. 

Admito, eso sí, que este "Happy end" coral, en el que disecciona los problemas de una familia burguesa con boda de por medio (y con el conflicto de los balcanes como telón de fondo, aunque es más una provocación que otra cosa) tiene sus momentos y algunos personajes memorables. Sobre todo Eve, la niña más psicópata e hija de puta que se ha visto en una sala de cine en mucho tiempo. Sus maneras de resolver los conflictos con la gente que le resulta molesta (empezando por su madre) es sin lugar a dudas lo mejor de la función.


En realidad hay otra cosa que me hizo gracia. Un chiste autorreferencial, una broma (más bien una tomadura de pelo) que Haneke plantea así, como quien no quiere la cosa, para quien logre pillar la referencia (es un pequeño spoiler, aviso. Por si quieren evitar éste y el siguiente párrafo). Y es que uno de los protagonistas de esta comedia, con un tono de comedia, es Jean-Louis Trintignant, el protagonista de "Amor". Pero es que su personaje, un señor mayor en silla de ruedas y con demencia, se llama George, al igual que el protagonista de "Amor". Y más aún, en un momento concreto se pone a hablar de una anécdota de su pasado...¡¡y lo que está contando es "Amor"!!

¡Que el muy cabrón de Haneke se ha sacado una secuela/spin off de "Amor", en clave completamente distinta, descojonándose de todas las reflexiones que hacía en su anterior película y haciendo que veamos al personaje de un modo muy diferente y menos amable! Hay que admitirle que los tiene cuadrados.


Sí, esas dos cosas me hicieron gracia. Pero no es suficiente para mantener una película fallida, que intenta ser más inteligente de lo que realmente es (o al menos así me lo parece) y que, siendo sinceros, ya he empezado a olvidar y en medio año me costará recordar todo su argumento y a la mitad de los personajes. Todo sea dicho, insisto en que no creo que Haneke haya intentado hacer una obra para la posteridad. Simplemente decidió rodar un chiste que le hizo gracia a él mismo. Y con eso es más que suficiente.

Patriarcas depresivos, padres con problemas, niños psicópatas y un accidente en una construcción que trae tela son sólo algunas de las subtramas que presenta "Happy end", en la que, eso sí, se da cita la flor y nata de la cinematografía francesa (Haneke no es tonto), empezando por el citado Trintignant y la siempre exquisita (y fría) Isabelle Huppert, a los que se unen Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin y el británico Toby Jones, que aprovecha para viajar un poco y poner la nota exótica en un producto bizarro de por sí que seguro que ha cogido descolocado a más de un seguidor del director.


Porque así es Haneke, se le quiere o se le odia. O, como en mi caso, simplemente se le ignora...aunque con el secreto deseo de que ojalá estuviéramos en sintonía y tuviéramos una sensibilidad parecida. Porque el tipo estará un poco ido, pero como creador, interesante un rato es y me encantaría poder disfrutar de alguno de sus trabajos.






10/10/17


A veces uno ve una película que le reconcilia no sólo con el cine (tan de capa caída últimamente) sino casi hasta con la propia humanidad. Y esto es lo que me ha sucedido con "The Florida Project".

La anterior cinta de Sean Baker, "Tangerine", ya apuntaba maneras (era la historia de un grupo de prostitutas transexuales, aunque lo realmente curioso de la película es que se rodó con un Iphone...y lucía la mar de bien). Pero es que con su nuevo trabajo Baker lo ha bordado, demostrando una madurez, en la construcción del relato y en su resolución visual, realmente meritoria. Y no se puede decir que sea por cuestión de presupuesto (a todas luces más abultado, pero tampoco tanto) ni por contar con actores profesionales (sí, sale Willem Dafoe, que está excelente - ahora hablaré de él - pero el resto del reparto no se queda atrás, niños incluidos). Creo que es, sencillamente, porque el director ha demostrado por fin todo el talento que atesora.


Y lo hace siendo fiel a su estilo y a su obsesión por la vida cotidiana de personajes marginales a los que uno termina cogiendo cariño casi a su pesar. En esta ocasión la historia se centra en un grupo de personas que viven en un motel de mala muerte en Florida, cerca de Disneylandia. Y en especial en una niña pequeña, Moonee (excepcional Brooklynn Prince, qué gran descubrimiento) y en su madre, que sobrevive como puede (y ese "como puede" incluye robo a pequeña escala, prostitución, pequeñas estafas...ya se hacen una idea, ¿no?)

Uno de los grandes aciertos de la película es que su historia avanza sin que nos demos cuenta. A ratos parece casi un documental, un testimonio del día a día de estas personas, de sus problemas, sus miedos, sus aciertos (pocos) y sus fallos (muchísimos). Es un catálogo de acciones de lo más reconocibles, que van desde las amistades y enemistades entre los inquilinos hasta los problemas para pagar la renta, los encontronazos con el responsable del motel o la de barrabasadas que hacen unos críos sin control que se comportan como auténticos pequeños hijos de puta (atención a la parte del incendio) pero sin dejar de ser, a su vez, niños inocentes, fruto de las circunstancias que les ha tocado vivir.


Sean Baker presenta a unos personajes que en la vida real odiaríamos (no sean falsos, nos cruzamos con gente así todos los días e intentamos rehuirlos) pero sin juzgarlos en ningún momento. Quizás porque los adultos están atrapados en una situación de la que resulta muy difícil salir (lo que no quiere decir que, con sus acciones, no lo hagan aún más complicado) y los niños son víctimas de un sistema que les ha abandonado...y que les conduce, irremediablemente, a convertirse con el tiempo en una nueva muestra de esos adultos atrapados en una situación imposible, que tendrán a su vez más niños que serán víctimas de la situación...y así hasta el infinito.

Pero Baker no es Ken Loach (se nota que le tengo especial tirria al realizador inglés, ¿verdad?) porque no aprovecha la coyuntura para hacer un cine de denuncia social, metiéndonos el dedo en el ojo y obligándonos a ver cómo todos responsables de este problema y bla, bla, bla. Al revés, "The Florida Project" apuesta casi por lo contrario, por presentarlo todo en tono de comedia, en el que uno no puede dejar de sonreír tímidamente ante la cantidad de salvajadas, triquiñuelas y argucias de sus protagonistas... al menos hasta que llega la parte final y se te encoge el corazón. Qué manera de jugar con las emociones, por Dios.


"The Florida Project" es excelente (la relación de los niños, esa madre que lo mismo intenta ser simpática que demuestra una crueldad extrema cuando se pelea con la que era su mejor amiga...y no hablo sólo verbalmente), pero el resultado no sería lo mismo de no contar con el elenco que tiene. Empezando, ya lo decía antes, por un Willem Dafoe majestuoso, que ya está lanzando en la carrera por el Oscar (y con razón).

Dafoe aquí hace el más difícil todavía: bordarlo interpretando a un personaje normal. Bobby, el sufrido responsable del motel, que tiene que luchar por mantener la paz en sus instalaciones (y que los clientes paguen el alquiler) pero que al mismo tiempo siente cariño por sus inquilinos y los protege contra viento y marea, aún cuando al pobre le hacen todo tipo de putadas. El actor, que pertenece a ese género de intérpretes a los que les encanta la sobreactuación, se muestra aquí sumamente contenido. Y sin tener ninguna gran escena en la que poder lucirse (al estilo de la de Michael Stuhlbarg en "Call me by your name") logra transmitir toda la tristeza y el cansancio de su personaje y hacer que le cojamos cariño. Eso sólo está al alcance de los más grandes.


Pero que Willem Dafoe borde su papel tampoco es algo tan raro. Mucho más me sigue sorprendiendo que en Estados Unidos parezca existir una cantera interminable de niños actores que le dan mil vueltas a muchos adultos de los que se creen los reyes del mambo (quizás porque en España ya me conformaría con encontrar a un niño actor que sepa vocalizar...). Por eso no deja de admirarme el trabajo de la protagonista, Brooklynn Price, que no tengo ni idea de si es actriz profesional o sólo se interpreta a sí misma, pero en cualquier caso lo hace genial como esa niña cabrona y repelente pero que en el fondo no deja de ser una pobre niña, con los sueños que tienen todos los críos. 

Lo mismo podría decir de Bria Vinaite, que interpreta la madre de la niña, y que parece una yonki a la que hayan sacado de la calle. Y del resto del reparto. Es lo genial de propuestas como la de Sean Baker. Que mientras sé perfectamente que Williem Dafoe no regenta un motel (de Katherine Heigl me lo creería, viendo cómo va su carrera, pero Dafoe aún tiene mucho trabajo) del resto del reparto no tengo ni la más remota idea. No sé si se asemejan a sus personajes, si son realmente gente de la calle o si sólo son jodidamente buenos actores. Y a día de hoy, una cinta que logra mantener la magia de este modo y hacerme dudar qué es real y qué no, merece todos mis respetos.


Creo que no hay palabras para describir lo buena que es "The Florida Project". Sobre todo porque, y aquí volvemos con el tema de las filias y las fobias, está enmarcada en un género por el que no siento ninguna simpatía (el retrato de "la vida real" saben que suele repelerme). Y aún así consiguió engancharme, fascinarme y dejarme con ganas de saber más sobre la vida de los protagonistas. Una señal de que cuando haces bien las cosas, cualquier tema puede resultar interesantísimo.






9/10/17


Empecemos por señalar que a mí "Borg McEnroe" me ha gustado mucho, pero que es una película difícil. Difícil sobre todo de vender, ya que aunque en realidad es un drama de personajes, tiene (como es obvio) mucho de historia deportiva basada en hechos reales. Y porque el carácter frío y reservado del tenista Björn Borg (espléndida caracterización e interpretación de Sverrir Gudnason), que se deja sentir en cada una de las imágenes, no permite un exceso de épica ni emotividad ni esa clase de cosas que le gustan al gran público.

Así que si fuera productor y me preguntaran si querría poner dinero en esta película, mi respuesta sería "no". Porque dudo que conecte con la audiencia (más allá de los fanáticos del tenis). Pero si me preguntan como espectador si la recomendaría, la respuesta es un rotundo "sí". Porque está muy bien hecha.


Como digo, el problema de las historias basadas en hechos reales (sobre todo aquellas sobre las que existe numerosa documentación e imágenes de todo tipo) es que condicionan mucho la manera de contar las cosas. Si te tomas demasiadas licencias, en seguida te saltan al cuello. Pero si decides ser fiel a lo sucedido, es muy probable que te acabes dando cuenta de que en verdad la realidad no es tan interesante como creías. Y "Borg McEnroe" adolece de este problema.

A priori, la premisa suena bien. Narra el primer enfrentamiento de ambos tenistas en la final de Wimbledon, en 1980. Borg venía de ganar el campeonato cuatro años seguidos (pero sentía que la edad y la presión empezaban a hacer mella en su juego, y no sabía si podría revalidar el título) y McEnroe era un joven jugador, engreído y maleducado, que despertaba numerosas antipatías a pesar de su talento. El duelo estaba servido.


Yo me imagino a los productores frotándose las manos al decidir poner en marcha un proyecto sobre el que se consideró durante mucho tiempo el mejor partido de tenis de la historia (y que se resolvió en un agónico quinto set, aunque no les diré a favor de quién, obviamente. Para eso está la película...o wikipedia, si les puede demasiado la curiosidad). Sobre todo cuando tienes a dos tenistas con personalidades tan diferentes (el glaciar Borg y el volcánico McEnroe, uno que parecía una máquina sin sentimientos y el otro al que le perdía su bocaza y su mal talante).

Pero lo cierto es que, más allá de lo que es el planteamiento, resulta difícil sacarle todo el partido deseado a la historia. En lo que respecta al encuentro de tenis propiamente dicho, en una película resulta imposible recrear el grado de pasión que despierta en la vida real (la única vez que me he sentido realmente transportado al terreno de juego en una sala de cine fue en "Un domingo cualquiera", de Oliver Stone, y porque éste, que está loco, decidió filmar el partido de fútbol americano como si fuera casi una batalla de Vietnam). 


Al final, si lo que te interesa es el partido, pues vas a la hemeroteca y ves el partido de verdad. En el film sólo ves un resumen que sí, que está bien filmado...pero que nunca te llega a atrapar, y sólo tienes ganas de saber cómo acaba y quién se lleva el título (es algo parecido, si me lo permiten, a lo que sucede con "El código Da Vinci". En el entretenido libro de Dan Brown hay numerosos acertijos que dejan pensando a los protagonistas. Pero lo que funciona en el papel no lo hace en la pantalla, porque no puedes tener a los actores mirando hacia el infinito mientras tratan de encontrar la solución, de modo que la sensación que se experimenta al leer la novela es muy diferente - y superior - al que se tiene al ver la película. Bueno, pues con el deporte real vs el ficcionado pasa exactamente lo mismo).

Y en cuanto al estudio de personajes, el problema en primer lugar es que se centra mucho más en Borg que en McEnroe, que quizás hubiera dado mucho más juego (pero esa hubiera sido otra historia, todo sea dicho). Por cierto que el encargado de meterse en la piel del excepcional tenista americano (y uno de mis ídolos de la infancia) no es otro que Shia LaBeouf, que vuelve a demostrar que, si nos olvidamos de todas las tonterías que hace en su vida cotidiana, cuando quiere, delante de las cámaras, es un auténtico monstruo de la interpretación, y que posiblemente merece mejor suerte - y mejores papeles - de la que ha tenido en los últimos años.


El peso de la historia recae pues en Borg. En sus dudas, su calvario interior y su complicada personalidad. Pero es todo tan de puertas para dentro, se comporta tanto como el sueco que es, que la emotividad se percibe en pantalla a cuentagotas. Y su forma de ser termina contagiando al resultado final, que te deja con ganas de "está bien, pero tampoco mata". Con todo lo que odio la emoción forzada y que intenten meterme el dedo en el ojo a base de música lacrimógena y momento de "tienes que llorar por narices" (¿alguien ha dicho Bayona?), he de admitir que un poco de calidez no le hubiera venido mal a la historia.

Sólo al final el director Janus Metz (que si no me equivoco debuta aquí como director de largos de ficción, después de haber hecho el documental "Armadillo" y trabajar en diversos documentales, cortos y dirigir un episodio de "True Detective") intenta conferirle algo de emoción a la historia. Es en ese momento cuando la película se torna más hollywodiense...y al mismo tiempo cuanto más falta a la verdad o, dicho de otro modo, cuenta los acontecimientos con cierta memoria selectiva, resaltando algunos datos, obviando otros y acentuando cosas que en verdad tampoco fueron así (que servidor se ha estado documentando). Pero bueno, es que nunca llueve a gusto de todos.


Como fanático del tenis, seguidor de McEnroe y entusiasta de las películas deportivas, servidor disfrutó mucho de "Borg McEnroe". Pero no lo suficiente como para incluirla en ninguna lista de "lo mejor de". La vi, me gustó, dentro de algunos años sólo será un recuerdo lejano. No puedo decir que su visionado vaya a cambiarles la vida. Tampoco les puedo decir que verla sería una pérdida de tiempo, porque no lo es.

Será cuestión de decidirlo en el tie-break. Y que gane la opción que ustedes decidan.





8/10/17


El "problema" de crear una obra maestra del cine es que, pase lo que pase, siempre acabarán refiriéndose a ti como "el director de...", y que las comparaciones terminarán siendo inevitables (aunque lo bueno es que se puede vivir prácticamente la vida entera de una obra maestra y mantener el estatus. Y si no que se lo digan a Copppola, que lleva casi tres décadas sin hacer una película medianamente digna, pero sigue siendo uno de los grandes porque "El Padrino" es mucho Padrino...)

De modo que aquí estamos para hablar de "C'est la vie!", la nueva película de Olivier Nakache y Éric Toledano...que son los directores de esa joya que fue, es y será "Intocable". Y dentro de 15 años seguirán haciendo películas (o eso espero) y muchas serán buenas (o eso deseo), pero seguirán siendo los directores de "Intocable". Porque los seres humanos, yo el primero, somos así.


Afortunadamente Nakache y Toledano, que no son tontos, han decidido que lo mejor para poner distancia es hacer películas diferentes a la que les encumbró a la fama. Ya lo era "Samba" y lo es la cinta que aquí nos ocupa, que se mantiene dentro del género de la comedia, pero alejada de la profundidad de la historia que compartieron Omar Shy y Françoise Cluzet (el "Dustin Hoffman francés").

En esta ocasión los directores se adentran en el terreno de las bodas, a través de los ojos (muchos ojos) de los integrantes de una empresa encargada de organizar convites (desde la música hasta la fotografía, pasando, cómo no, por el catering). Sólo que en esta ocasión les toca además ir vestidos con pelucas, al estilo siglo XVIII, y lidiar con un novio que es bastante gilipollas, para qué negarlo. 


La historia, tras un pequeño prólogo (excepcional), se centra en las horas que van desde que los empleados llegan a la finca en la que va a tener lugar la celebración hasta el momento en que ésta acaba, al día siguiente. Menos de 24 horas que sirven para hacer un retrato de todos los problemas que se pueden presentar en este tipo de eventos, obviamente exagerados (aunque no tanto como la gente se pueda pensar, que tengo amigos que trabajan en estas cosas y me han contado historias para no dormir).

Seguro que Ken Loach habría aprovechado la ocasión para hacer un drama sobre las condiciones laborales de estos pobres trabajadores y los sinsabores de sus vidas. Pero afortunadamente ni Nakache ni Toledano son Loach, y prefieren centrarse en hacer una película divertida, llega de pequeños gags de esos que, sin hacerse reír a carcajadas, sí que hacen que mantengas todo el rato la sonrisa. 


Porque "C'est la vie" habla de seres humanos, de sus conflictos, sus manías, incluso toca temas sociales pero, no nos engañemos, tampoco es que profundice demasiado en ninguno de los protagonistas, que quedan marcados (perfectamente marcados, que conste) con un par de rasgos. Tenemos al jefe hastiado, el dj chulesco, la encargada con problemas de temperamento, el inmigrante que sólo dice obviedades (uno de los mejores running gags del film), el empleado torpe... Y así hasta más de una decena de personajes que componen esta historia coral tan simpática como divertida.

Es curioso, porque la verdad es que mientras la estás viendo piensas que la película es entretenida, sí, pero que tampoco es para tanto (vamos, que no tiene destellos de genialidad). Pero justo cuando está acabando, cuando los trabajadores comienzan a despedirse hasta la siguiente celebración, descubres que en realidad te importan y te caen bien. Que han calado más en ti de lo que realmente creías. Que durante cien minutos has estado completamente volcado en la historia y en sus protagonistas, y que los vas a echar de menos. Y ahí es donde se nota la maestría de sus responsables.


"C'est la vie!" es una comedia que, sin perder la ocasión de introducir gags y jugar con los tópicos, logra añadir a la mezcla ese ingrediente mágico que es lo que separa a las buenas de las malas películas: el alma. La cinta tiene alma, tiene ese no sé qué que es imposible de explicar, pero que es lo que hace que el espectador al final se sienta cómplice de lo que está saliendo en la pantalla. Que, más allá de reírse ante ciertas situaciones y sorprenderse por otras, lo más importante es que al final nunca pierda el interés. 

Todo ello sazonado con momentos impagables como el del globo, la búsqueda incesante de un pretexto, ese fotógrafo gorrón que al final es quien más provecho le saca a la celebración (y hasta aquí podemos leer), el recurso de los hojaldres y un sinfín más de divertidas ocurrencias que convierten a "C'est la vie!" en un título de obligado visionado y disfrute, que por si fuera poco tiene un elenco inspirado no, lo siguiente (Jean Pierre Bacri, Gilles Lellouche, Vincent Macaigne, Jean-Paul Rouve, Eye Haïdara...todos, sin excepción, lo bordan).


De modo que sí, la película me ha puesto de buen humor y  me deja deseoso de saber ya cuál será el nuevo proyecto de Olivier Nakache y Éric Toledano. Ya saben, los directores de "Intocable"...