17/3/17


El Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria inaugura hoy la segunda parte de su programación de la temporada. Y lo hace por todo lo alto, ya que cuenta con el nuevo montaje del gran Josep María Flotats, "Serlo o no; para acabar de una vez con la cuestión judía".

Escuchar a Flotats, que aquí hace doblete como director y protagonista, es toda una delicia. En una rueda de prensa que duró una hora pero que se pasó en un suspiro, tuvo a bien compartir toda clase de anécdotas e historias a cada cual más interesante.

Flotats, en su tercera visita al Teatro Cuyás, y la primera en más de una década, presenta en esta ocasión un texto del dramaturgo francés Jean-Claude Grumberg, autor desconocido en España pero que en su país goza de gran éxito. Y se decantó por esta obra porque, como él mismo admitió, "desde el primer momento se enamoró del material, casi como si se tratara de un espectador más".


A lo largo de su charla, este Caballero de las Artes y las Letras (uno de los muchos galardones que ha recibido en su dilatada y exitosa carrera) comenzó hablando del trasfondo de la obra, que narra la relación que establecen dos vecinos (uno muy culto e instruido, al que da vida el propio Flotats, y otro mucho menos espabilado, que tiene los rasgos de Arnau Puig) cuando el segundo, navegando por internet, descubre que el primero es de origen judío. De manera que comienza a hacerle toda clase de preguntas al respecto, muchas de ellas impertinentes y hasta ofensivas, a las que el interpelado responde con toda la paciencia que es capaz de atesorar.

Partiendo de una premisa sencilla, Grumberg (de origen judío, por si quedaba alguna duda sobre el tono satírico del título) aprovecha todos los tópicos habidos y por haber sobre su religión para hablar de una tema tan universal como es el de la identidad y la necesidad de abrazar nuestras diferencias, abogando por el diálogo en lugar de la confrontación. Y lo hace con un texto divertido, ingenioso, reflexivo y lleno de réplicas brillantes (si hemos de creer a Flotats; particularmente me inclino por fiarme de su palabra).

Una vez ganada la atención de los presentes, y cuando ya nos había convencido de que hay que ver la obra sí o sí, Flotats decidió ir un paso más allá y compartir algo de la intrahistoria de la obra, en un viaje fascinante en el que tuvo tiempo de soltar toda clase de chascarrillos (que al final son la salsa de la vida, al menos para un servidor).


Empezando por el hecho de que es amigo personal del autor de la obra, Jean-Claude Grumberg, que le hizo entrega del texto en 2015, antes de que éste fuera público. Flotats relató cómo desde el primer momento se sintió atraído por el material, y cómo le estimulaba sobremanera estrenar su versión antes incluso de que la obra pudiera verse en Francia (aunque esto al final no fue posible). También compartió con los presentes cómo hubo un momento en el que su amigo parecía no estar del todo convencido de que esa debiera ser la obra a representar, ya que consideraba que quizás hubiera sido mejor para el público español conocer primero algunos de sus trabajos previos.

La anécdota, contada con todo lujo de detalles, se centró en el tira y afloja entre ambos (cuando Flotats parecía desistir, al no querer ser responsable de un posible fracaso del dramaturgo en España, entonces justo Grumberg volvía a animarle a seguir adelante, al entender, como actor que también es, que cuando un intérprete se enamora de un material, tiene que seguir adelante pase lo que pase) y cómo el genial actor catalán terminó convenciendo del todo a su amigo merced a un monólogo...y a una pequeña variación de la obra, en forma de epílogo, que ha sobrevivido en el montaje final (y que personalmente tengo muchas ganas de ver).

También habló del otro protagonista de la obra, Arnau Puig, y cómo lo conoció durante el casting de un montaje previo...al que Puig había acudido sólo para darle la réplica a un amigo, que era quien verdaderamente aspiraba a conseguir un papel. Al final, como suele ocurrir, el verdadero interesado se quedó con la miel en los labios mientras Flotats le pidió a su ayudante que consiguiera el teléfono de Puig, ya que aunque no le iba a ofrecer el papel para esa obra en concreto, sí que le quería para la siguiente (que es la que aquí nos ocupa).


Igualmente divertida fue la narración sobre la conversación que mantuvieron cuando le ofreció formalmente el papel, y la reacción de Puig al descubrir que Flotats no sólo iba a dirigir la obra...sino también a coprotagonizarla ("sólo por esa reacción, por el modo en que se puso tan nervioso, ya le habría contratado", comentó entre risas).

Más triste (aunque lo contara de un modo que invitaba a la sonrisa) fue la historia sobre la situación del Teatro Español de Madrid el año pasado. Con su responsable despedido, nadie parecía ser capaz de completar la programación, hasta el punto de que Flotats, que debía estrenar en diciembre, no sabía si el compromiso seguía en pie o no, ya que nadie respondía a sus mensajes. Y que fue en junio (seis meses después de lo que hubiera sido aconsejable) cuando le dijeron que sí...pero que le necesitaban en septiembre, para inaugurar la temporada, lo que le dejaba prácticamente sin tiempo para preparar el montaje. Al final, tras otra ardua negociación ("octubre"..."no, principios de septiembre"... "última semana de septiembre y eso es innegociable") terminó estrenando "Serlo o no. Para acabar con la cuestión judía", en lo que fue el inicio de una gira que le llevará por casi toda la geografía española...y que durante dos noches, por fortuna para los que vivimos aquí, recala en Las Palmas de Gran Canaria.

Hubo tiempo para mucho más. Para que nos contara que, pese a llevar media vida sobre los escenarios, sigue siendo un actor inseguro. Que la verdadera memoria no está en la cabeza sino en las piernas ("si no estás en la posición correcta  en la que se debe encontrar tu personaje, te olvidarás del texto", aseguró) y que "el diablo" le visita en alguna función ya que cuando empieza a pensar demasiado en cómo puede acordarse de todo el texto, entonces es justamente cuando llegan las dudas, los olvidos y el pánico (aunque afortunadamente en cuanto pone un pie en el escenario, como por arte de magia vuelve a recordar todas sus frases).


No faltó alguna que otra mención al catalán, y al juramento que ha hecho de que nunca más estrenará una obra en dos lenguas, catalán y castellano, porque luego le resulta muy difícil pasar del uno al otro (ya que, aunque la obra es la misma, la cadencia de las palabras y las pausas no) y que prefiere dejar en manos de otros las traducciones de textos en otros idiomas, porque cuando se ocupa él mismo, luego, durante los ensayos, le vienen a la cabeza todas las posibilidades que barajó para cada una de las frases y acaba armándose un lío y mezclándolo todo.

Dardos contra algunos políticos (de todos los partidos, que ninguno está libre de culpa), una explicación del por qué del título (que al principio era sólo "Para acabar con la cuestión judía", pero tras el atentado contra la sede de Charlie Hebdo, los responsables del teatro parisino consideraron que era mejor ponerle otro nombre, manteniendo el original como un subtítulo en letras más pequeñas), historias sobre los judíos y el por qué no se vengaron de los nazis... Sí, un cocktail de lo más ecléctico, pero sumamente apasionante. Una master class disfrazada de rueda de prensa que, como digo, valió su peso en oro.

Sólo unos pocos pudimos disfrutar de ese momento irrepetible, es cierto. Pero lo que sí pueden hacer todos los que vivan en Las Palmas de Gran Canaria es correr a comprar la entrada para la función de hoy o de mañana sábado y saborear como se merece una obra que está llamada a ser uno de los grandes títulos de la temporada. Porque hasta que se alce el telón, sólo tenemos la promesa - por fiable que sea - de que el texto estará a la altura de lo esperado. Pero lo que sí es ya una realidad es que, contando con Josep María Flotats sobre el escenario, pase lo que pase será una experiencia inolvidable.


"Serlo o no. Para acabar de una vez con la cuestión judía" se representa en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria el viernes 17 y el sábado 18 de marzo, con entradas cuyos precios oscilan entre los 12 y los 22 euros. 



25/2/17



Ya tenemos confirmación del estreno de Orbita 9. Sabemos que será el próximo 7 de abril cuando podamos ver la nueva película de Filmax con Clara Lago y Alex Gonzalez. 
Para empezar bien esta cinta apuesta fuerte con actores de renombre. Todos los cinéfilos ya conocemos a Clara Lago y Alex González, si no habeís visto alguna peli suya vivís en Marte  o en algún sitio peor... Pero además cuenta con un plus como Belén Rueda ( la que se lió con Resines en Los Serrano, pero que luego ha hecho tan maravillosas películas  como Mar Adentro, Los ojos de Julia o Los otros, por eso le perdonamos lo de Resines), que no sabemos bien cómo será el protagonismo de su papel, pero que haga lo que haga por su calidad ya da un punto muy importante.


Si le sumamos que además Telefónica Estudios, que está apostando por la producción propia para luchar contra grandes marcas como Netflix o HBO confía en el proyecto, pues pinta bastante bien.

La verdad, es que tampoco sabemos demasiado de la trama . Estamos ante un mundo donde la vida empieza a ser cuando menos complicada. Hay que buscar opciones de supervivencia y hay una persona que lleva toda su existencia preparándose para esta misión. Pero este destino se ve modificado por alguien que se encuentra en su camino…

Lo cierto es que saber tan poco de la historia me hace tener más interés. Sobre todo cuando la historia la trae Hatem Khraiche un guionista con varias historias interesantes a sus espaldas que da el salto a director. Tras realizar los guiones de La cara oculta y la que me parece una de las grandes injustamente olvidadas como es Retornados, tengo aún más ganas de ver cómo ha plasmado su idea del papel a la pantalla.

Lo cierto es que es una película que tengo muchas ganas de ver. Mezclar géneros es complicado y cuando hablamos de ciencia ficción y romance parece aún más difícil. Pero si me cautivaron con una historia de amor semi-zombi como Retornados…creo que merece la pena apostar.

26/11/16


Si hubiera un premio a la combinación más bizarra, seguro que sería para "While the women are sleeping", película dirigida por el hongkonés Wayne Wang ("El club de la buena estrella"), protagonizada por el japonés Takeshi Kitano ("Violent cop") y basada en un relato corto del español Javier Marías ("Corazón tan blanco"). Como mínimo la combinación es exótica, eso no se puede negar.

Lo malo es que la cosa se queda en eso, en una curiosidad. Porque aunque la premisa mola, aunque sabes que hay una buena película escondida en alguna parte, ésta nunca termina de germinar. Quizás porque Wayne Wang es un tipo al que le gusta demasiado la poesía. Insinuar, proponer, mostrar sólo la primera capa de la cebolla. Dicho de otro modo, si comparáramos su película con "American beauty", Wang disfrutaría mucho más filmando la bolsa vacía que sobrevuela las calles que a Kevin Spacey fantaseando con Mena Suvari.


Atentos, que el argumento, como tal, es fascinante. Un escritor en crisis (¿acaso los hay de otro modo?) y su mujer, editora de libros, están pasando unos días en un balneario. Un buen día, mientras están en la piscina, el hombre se fija en un hombre mayor (Kitano) que va acompañado de una chica que podría ser su hija. Podría, pero no lo es.

El escritor se interesa cada vez más por la extraña pareja y hasta comienza a espiarles (todo con tal de no ponerse a escribir. Eso también es real como la vida misma). Y así es como descubre que el buen hombre tiene la manía de grabar cada noche a la chica mientras duerme ya que, como más tarde confiesa, algún día será su última noche y quiere atesorar ese recuerdo. 


De modo que por una parte tenemos a un viejuno creepy que graba a una Lolita que a saber por qué está con él. Y por otra a un escritor atormentado que encima tiene problemas con su mujer, que podría o no estar teniendo una aventura. Sólo con la mitad de esto Paul Verhoeven empezaría a salivar y crearía una película memorable. Pero desafortunadamente Wayne Wang no es el maestro holandés, y sus inquietudes van por otros tiros. 

Si te fijas detenidamente, en "While the women are sleeping" hay mal rollito para dar y tomar. No sólo en las relaciones de las dos parejas, sino también en la que entabla el escritor (auténtica columna vertebral del relato) tanto con el otro hombre (con el que comparte confidencias nocturnas en la piscina) como con la chica, a la que parece divertirle (o no, vaya usted a saber) la fijación que sienta hacia ella, y que le lleva no sólo a investigar su historia sino incluso a colarse en su habitación y esconderse debajo de su cama mientras ella se cambia.


Hay mal rollito, pero no se muestra. Como si Wayne Wang te dijera "sí, puede que sea lo que estás pensando...o quizás no". Nunca termina de quedar clara la historia de la extraña pareja. Ni si la mujer del escritor le está poniendo los cuernos (¿lo hace? ¿se lo imagina él? ¿nos lo imaginamos nosotros? ¿con qué hombre se acuesta? ¿o quizás no es un hombre?). Ni siquiera el por qué de la fascinación del protagonista hacia sus vecinos. ¿Busca inspiración, está enamorado de la chica, está simplemente hastiado?

El director, como decía, se limita sólo a sugerir. A esbozar el paisaje dejando que seamos nosotros los que lo dotemos del grado de oscuridad que creamos conveniente. Servidor, que tiene una mente muy enferma, ha elaborado toda clase de teorías. Pero claro, te gustaría que al final alguien te corroborara tus sospechas. Pero no, todo queda en el aire, como en la vida real. Y lo que parece imprescindible, fundamental, el eje de la trama, termina convirtiéndose en una simple anécdota. Un sueño lejano...o quizás una pesadilla fruto de la fiebre. Quién lo sabe.


(Pero claro, está basado en un relato de Javier Marías. En serio, ¿qué esperaba? Es como decepcionarme porque una película basada en un libro de Paulo Coelho no termina en una orgía de sangre y destrucción...)

"While the women are sleeping" es más interesante por lo que podría haber contado que por lo que verdaderamente cuenta. Es cine etéreo, onírico, del que se desvanece entre los dedos sin que seas capaz de agarrar del todo las ideas que propone. Todo ello aderezado, eso sí, por una narración elegante y un cuarteto protagonista que bordan sus papeles (incluso un Kitano que, seamos sinceros, nunca ha sido ni será un gran actor, pero que para determinados papeles, como éste, es la elección perfecta).


Debería ser suficiente, lo sé. Y aún así no puedo dejar de preguntarme qué habría hecho Verhoeven con este material... (pues ponerlos a todos a follar a lo bestia, pensándolo bien tampoco tiene mucho misterio)




25/11/16


Lamento muchísimo no haber empezado mi repaso de Sitges 2016 por esta película. No porque me parezca una obra maestra, más bien al contrario: porque ahora, un mes más tarde, empiezo a tener serios problemas para recordar de qué iba. Y eso nunca es una buena señal.

Tiremos de memoria. Emma y Stacey (no, no me acordaba de los nombres, para eso existe google) son dos hermanas que viven en un pequeño pueblo con su padre y su madre, que están intentando salvar su matrimonio. Emma es la hija responsable, ya saben, la que estudia mucho, no sale de fiesta y le hace ojitos al vecino, y Stacey es la fiestera, la oveja descarriada. Pero se llevan bien, en ese sentido no hay drama.


Entonces un buen día el padre (Michael Kelly, que no entiendo qué hace aquí porque seguro que tenía mejores cosas que hacer) sale a buscar a la madre al aeropuerto...y como siempre pasa, no podría haber elegido peor momento. Porque de repente se empieza a propagar por la ciudad un extraño virus que está afectando a la gente y que...esperen, que esto seguro que no se lo esperaban...en última instancia les conduce a la muerte. Total, que todo es un caos, las fuerzas de seguridad que si no saben organizar el tráfico en una rotonda imaginen cómo van a controlar el tema, y entre cuarentenas, controles de seguridad y demás, pues eso, que las dos chicas se quedan solas en casa.

¿Y qué hace uno en estos casos? Pues dar una fiesta, cómo no. Bueno, eso la chunga. La otra dice "no deberíamos", "ya verás como vuelva papá" (que no, que no a volver...) y esas cosas en plan aguafiestas que se ponen en boca de las protagonistas para que te des cuenta de que son las niñas buenas y que sólo por eso merecen llegar vivas al final de la peli.


Pues eso, que si la memoria no me falla hay una fiesta. Y luego todo el mundo debería estar en cuarenta, pero pa qué. Y luego algunos de los chavales se contagian del virus. Y luego se contagia la hermana. Y luego todo es drama, pero en versión intimista porque no hay pasta para hacer "Guerra mundial Z", Y luego...luego nos vamos a casa y nos olvidamos de lo que hemos visto.

El tema de los feelings y fobias es horrible. Porque en su momento me gustó tanto "Catfish" (pedazo de documental, que luego dio pie a una serie bastante peor) que siempre estuve firmemente convencido de que el tandem Henry Jost - Ariel Schulman tenía talento. Pero claro, ¿cuántas oportunidades se le puede dar a unos directores hasta entender que quizás lo de la peli que te gustó fue la suerte del principiante?


Porque luego vino "Paranormal activity 3", que sí, es la mejor de la saga, pero es que eso tampoco es tan difícil (y ni siquiera estoy tan seguro de que sea una buena película, lo que pasa es que toca el tema de las sectas y los aquelarres, que son una debilidad personal). A continuación la espantosa "Paranormal activity 4". Después esa tontería teenager llamada "Nerve" y lo siguiente ya ha sido "Viral". Como ven, no es un curriculum como para tirar cohetes, por más que aún me resista a admitir abiertamente que estos dos tipos andan justitos de talento.

"Viral" es terror para adolescentes, es decir, una película tan edulcorada, tan blandita, que eso ni es terror ni es nada. Toda la trama está dibujada con brocha gorda, a base de clichés y más clichés, no tengo claro si por incompetencia de los guionistas o porque el público al que va dirigido son directamente clichés con piernas, de esos que se creen únicos pero están cortados por el mismo patrón.


Uno tiene una edad y no está para tonterías. Pero es que incluso en mi adolescencia a mí lo que me ponía eran cosas como el "Cromosoma 3" y "Vinieron de dentro de" del maestro Cronenberg. Películas difíciles, extrañas, con un punto malsano que disfrutaba precisamente porque suponían un reto para mí como espectador.

Ahora todo está masticado, todo es sencillo y limpio y previsible. Las niñas buenas (siempre ellas, por cierto) llegan al final y los chavales rebeldes van cayendo por el camino. Pero sin sangre, para que nadie se traumatice. Sin suciedad ni imágenes impactantes, no vaya a ser que los espectadores, por casualidad, terminen realmente preocupándose por el destino de los protagonistas. No, es mejor hacer tramas intercambiables con personajes intercambiables que hacen que salgas de la sala, te encojas de hombros y un mes más tarde te las veas y te las desees para escribir una crítica porque resulta que apenas te acuerdas de nada.





24/11/16


Park Chan-wook es un genio. Es el único modo de calificar a este director coreano con un estilo tan elegante y personal que ni siquiera Hollywood logró estropearlo. En su aventura americana (que es algo que todos los realizadores asiáticos deciden probar, tarde o temprano, aunque por lo general la experiencia es un absoluto fracaso) se sacó de la manga una de las películas más fascinantes de los últimos años, "Stoker", recordándonos por el camino que, cuando quiere, Nicole Kidman sabe actuar (y fruncir el ceño...si el efecto del botox ya se le ha pasado).

Para muchos siempre será el responsable de "Old boy" (la buena; por cierto, Spike Lee le podría pagar un par de clases particulares para que le enseñe a mover la cámara, ya que si siquiera copiando su trabajo logró llegarle ni a la altura de los tobillos con su remake), pero lo cierto es que Park Chan-wook es mucho más que eso. "Sympathy por Lady Vengeance", "I'm a cyborg but that's ok", "Thirst"... películas muy diferentes en cuanto a género cinematográfico e intenciones, pero que demuestran que este hombre es una fuerza de la naturaleza (posiblemente "Thirst" sea la que menos me guste, y aún así el bueno de Park demuestra un magnífico dominio de la cámara).


Y claro, cuando uno está en estado de gracia y sabe que podría rodar una película de los Teletubbies y lograr que fuera buena, pues pasa lo que pasa: que te envalentonas y te atreves con todo. Como coger una novela que transcurre en la era Victoriana y adaptarla a tierras coreanas (en la época de la ocupación japonesa). Y no contento con eso, te olvidas del thriller y del terror, es decir, de tus supuestos puntos fuertes, y te marcas un drama erótico de dos horas y media de duración. A eso es a lo que yo llamo tenerlos cuadrados.

¿Saben qué? Lo mejor es que la jugada le ha salido a la perfección. Saben lo que opino de las películas orientales largas. Súmenle que no me gustan las cintas de época y que el drama no es mi género favorito y entenderán que parece una película pensada para hacerme tener arcadas. Pues, justo al contrario, "The handmaiden" logró fascinarme sobremanera, hasta el punto de que creo que es una de las mejores películas del año.


Vamos con el argumento (que parece más complejo de lo que realmente es). Un caradura que se hace pasar por conde contrata a una joven ladrona, Sook-He, para que se convierta en la doncella de una rica heredera a la que quiere cortejar. El plan pasa porque Sook-He convenza a su ama de que no hay mejor hombre que el conde y que debería casarse con él. Una vez que ocurra esto, el estafador piensa encerrar a su flamante nueva esposa en un sanatorio mental y quedarse con todo su dinero y pertenencias, momento en el que su cómplice recibirá una suculenta recompensa.

Pero, como pasa con todos los planes, siempre hay algo que falla. De entrada porque la chica se hace amiga de la rica heredera. Demasiado amiga. Demasiado demasiado amiga, ya me entienden. Y claro, de repente todo el tema de putearla y encerrarla en un manicomio para que se pudra ya no le parece tan buena idea. Y si se creen que ese es el punto de ruptura, la gran decisión que marca la parte final de la película...no podrían estar más equivocados. Porque lo que les acabo de contar es sólo el primer acto. A partir de ahí se suceden las sorpresas y te quedas con cara de "¿qué diablos está pasando?".


Así es. Tenemos al Park Chan-Wok más juguetón, capaz de dar giros de 180 grados a su historia y cambiar de paso el foco de la historia, que se va alternando entre los distintos protagonistas. Como un truco de magia de los buenos, vamos asistiendo a diferentes interpretaciones de los sucesos, de manera que cada nueva "repetición" arroja más luz sobre unas acciones que pensábamos que estaban claras y que pronto descubrimos que no, que nos estaban engañando como a chinos. Pero de qué forma tan brillante.

"The handmaiden" se mantiene siempre fiel a sí misma. No hace que la trama avance a base de golpes de efecto absurdos, sino que la montaña rusa en la que se convierte está plenamente justificada. Llega un momento, pasada la sorpresa inicial, que sólo nos queda sonreír y confiar en que el director repita la estrategia una y otra vez, porque, seamos sinceros, es de lo más divertido. Es como ver "Las amistades peligrosas" pero con un toque extra de frivolidad y erotismo.


Porque esa es otra. El cabrón (con cariño) del director se marca una primera hora sumamente elegante, en la que sugiere más que muestra...y de repente en la parte final se desmelena y se marca un par de escenas subidas de tono capaces de escandalizar a las protagonistas de "La vida de Adéle" (vale, no tanto, pero sí, el hombre se sobra lo suyo, hasta el punto de que el +18 en muchos países no se lo ha quitado nadie).

Cuando creemos que si con el argumento nos la ha jugado, al menos entendemos las claves visuales, no, Park Chan-wook nos deja claro que esta es su función y que piensa hacer lo que le dé la gana. Aunque eso sea emular al Paul Verhoeven más pasado de rosca...pero sin perder nunca de vista la calidad estética. Eso es quizás lo que más rabia me da: que es tan bueno que ni siquiera cuando se muestra excesivo cae en el mal gusto, sino que todo es sensual e hipnótico.


"The handmaiden" es un juego. Uno al que resulta casi imposible no rendirse. Por la belleza de sus imágenes, por lo ingenioso de sus giros, por el trabajo de un reparto ejemplar y porque, en definitiva, Park Chan-wook sabe que, a día de hoy, él marca el ritmo y nosotros aplaudimos embobados ante su espectáculo. 

Por mi parte no tengo ninguna queja. Se ha ganado el derecho a hacer lo que le apetezca, cuando y como le apetezca. Y servidor, cuando estrene nuevo trabajo, correrá a comprar su entrada, sin detenerse siquiera a leer la sinopsis de la película. Porque dará igual el género o la trama elegida, sé ya de antemano que el resultado final estará a la altura. Como todo lo que hace este hombre.




23/11/16


Qué tiempos aquellos, antes del digital, en los que en los rodajes se empleaba celuloide que, debido a su coste, había que intentar no malgastar. Quizás si siguiéramos usándolo, los asiáticos en general harían unas películas un poco más cortas, a las que no les sobrara siempre media hora.

Es una idea que he expuesto ya unas cuantas veces, lo sé, pero la repetición no lo hace menos cierto. Y la última prueba es "The wailing" ("El extraño"), la interesante película de Hong-jin Na que se llevó en Sitges el premio a la mejor fotografía, señal de que gustó bastante (todo el mundo sabe que en los festivales los jurados deciden qué cintas les han gustado más y luego hacen encaje de bolillos a ver cómo pueden repartir los premios para que todas se lleven algo). Con todo, es y se hace larga. Más que un día sin pan.


Ojo, que Hong-jon Na es, junto a Park Chan-wook ("Old boy") y Kim Ji-Woon ("I saw the devil"), uno de los directores más en forma de la corriente asiática, y cada nueva película suya se celebra por todo lo alto. Pero entre sus múltiples virtudes no está la de la concisión. De entre sus películas mi favorita sigue siendo la primera, "The Chaser", que tenía un ritmo endiablado (con algún bajón) y que ya de por sí se iba a las dos horas. Luego vino "The yellow sea", que recuerdo que me gustó mucho, pero tendría serios problemas si me pidieran que les explicara en profundidad su argumento (sus 157 minutos pesan lo suyo). Y ahora llega "The wailing", historia que ha decidido que puede contar en menos tiempo...concretamente un minuto menos, es decir, en 156.

Qué manía con las duraciones, dirá alguno. Pues sí, tienen razón. Hay películas de 80 minutos que son un horror y otras como "El Padrino" que desearías que no se acabaran nunca. Así que no se trata de lo largas que sean, sino de si se hacen largas. Y a mí "The wailing" me pareció excesiva. Sobre todo porque creo que, para lo que dura, no se cuentan tantas cosas.


Cerremos ese capítulo, que ya estamos andando en círculos y todavía no hemos dicho ni una cosa de la película propiamente dicha. La historia sigue a un policía que se enfrenta a un extraño virus que está asolando al pequeño pueblo en el que vive, y en el que los afectados primero comienzan a comportarse de modo violento y luego, con el tiempo mueren. Y como los acontecimientos se producen justo cuando un extraño japonés acaba de mudarse a las montañas, pues eso, que pronto la gente comienza a sospechar que se trata de algún tipo de demonio o ser paranormal.

Una de las cosas que me llamó la atención de "The wailing" es que, por una vez, sí que está justificada su presencia en el festival de Sitges, en el sentido de que es una película de terror (bueno, lo que los asiáticos entienden por terror combinado con tropecientos géneros más, desde la comedia al policíaco, que cuando a esta gente le da por sacar la batidora puede salir cualquier cosa...por lo general bastante buena y equilibrada, como es el caso). Acostumbrado a que el festival, con su querencia por el cine asiático (algo que comparto y agradezco), ponga desde un drama de época (la excepcional "The handmaiden", de la que hablaremos mañana) a una película histórica de espías ("The age of shadows"), que pueda no saltarse a la torera sus propias normas resulta gratificante.


Más allá de eso, la película está muy bien filmada (eso no es ninguna novedad) y resulta entretenida...a ratos. Porque, como ya adelantaba hace algunos párrafos, el mayor problema de "The wailing" es que su historia no es tan interesante ni compleja como para necesitar dos horas y media para desarrollarla. Y así ocurre que a ratos la narración decae y uno no tiene muy claro por dónde van a ir los tiros.

"The wailing", dicho de otro modo, funciona a trompicones. Se va volviendo seria a medida que pasan los minutos, pero cuando crees que la cosa por fin está cogiendo foco, no, un requiebro y de regreso al punto de partida. Especialmente sangrante es el giro de guión que sucede en la parte final, cuando crees que ya está claro quién es el responsable de lo que está sucediendo...y no, vuelva otra vez a empezar.


La impresión que prevalece es que "para este viaje no hacían falta tantas alforjas". Te queda una sensación agridulce, como de oportunidad perdida, porque la peli apuntaba maneras. Todo tiene que ver con la capacidad de sus responsables. A otro director le hubiera aplaudido el esfuerzo y me estaría centrando en los aspectos positivos de la historia (que los tiene, desde su excelente fotografía hasta el buen hacer de sus protagonistas, con Jun Kunimura a la cabeza). Pero estamos hablando de Hong-jon Na. Cuando has dirigido una obra maestra como "The chaser", que tu peli tenga "cosas positivas" me parece insuficiente. Hay que pedir más.

A ver si instauramos una nueva moda: la de los Director's cut que, en vez de añadir metraje, le quiten a las películas los minutos que les sobran. Entonces quizás "The wailing" sí que podría estar próxima a la categoría de obra maestra.





¿Puede ser una cinta de ciencia ficción como "The arrival" (La llegada) la mejor película del año?  ¿Supone el film de Denis Villeneuve una absoluta renovación del género? ¿Estamos ante una obra maestra sin paliativos?

La respuesta es no, no y no. 

Una vez pasado este pequeño anti-clímax, es necesario decir que, si bien no comparto el nivel de alabanzas generalizado que la crítica le ha dedicado a la película, sí que estoy de acuerdo en que "The arrival" es muy, muy buena. Pero no tan buena. O a lo mejor es que no logré conectar con ella a un nivel tan personal o intenso como el resto de la gente, que todo puede ser. Pero vamos, que la he visto dos veces (San Sebastián y Sitges) y en ambos casos he salido satisfecho, pero preguntándome exactamente qué es eso que fascina tanto al personal.


No empecemos la casa por el tejado y hablemos primero, como es habitual, de su argumento. La película sigue a la doctora Louise Banks, una lingüista a la que los militares contactan con una misión muy concreta: tratar de entender qué diablos están intentando decir los extraterrestres que, de buenas a primera, han aparecido en el cielo repartidos por distintas ciudades de todo el mundo.  ¿Son amigos, enemigos, están aquí de turismo...?

Y eso, que la buena mujer se pone manos a la obra. Pero como esto no es "Independence Day" (a Dios gracias), la cosa no va de gente que se dispara ni de extraterrestres malvados intentando quedarse la Tierra como souvenir. Aviso para navegantes: no importa lo que hayáis podido imaginar tras ver el trailer, ésta no es una película de acción. Es más, brilla por su ausencia. Sólo hay gente que habla y reflexiona sobre las cuestiones importantes de la vida. Que está muy bien.,,pero mejor que vayan prevenidos.


Pasemos a hablar de los puntos fuertes de la película. En primer lugar, la banda sonora de Jóhann Jóhannsson que, él sí, puede empezar a ir seleccionando traje para la ceremonia de los Oscar, porque será uno de los cinco finalistas. De un modo más que merecido, añado. "The arrival", sin su música, ya no sería "The arrival". Y la voz en off de la protagonista correría el riesgo de resultar algo pedante (ay, lo que hace una banda sonora bien elegida...)

En segundo lugar otra que está estupenda es Amy Adams. Pero eso tampoco tiene mucho mérito porque la señorita Adams siempre está estupenda (sí, hasta cuando hace de la Lois Lane más torpe de la historia, qué coño). De nuevo tiene muchas papeletas para conseguir su enésima nominación al Oscar (que no el galardón). Y ojo, que la cosa tiene su mérito, porque lo cierto es que tampoco tiene tantas escenas de lucimiento. Hace el papel de persona normal...lo que siempre resulta extraordinariamente difícil (ahí está Jeremy Renner, que también intenta parecer un tipo ordinario...y al final casi que te olvidas de que está por ahí, porque no es que rebose carisma precisamente).


(Por no hablar de Forest Whitaker, que hace, una vez más. de Forest Whitaker. En serio, que del trío protagonista sea el único que ha ganado un Oscar demuestra que la victoria de Donald Trump no es la única cosa inexplicable que ha sucedido este siglo en Estados Unidos).

Siguiendo con la enumeración, tenemos el excelso trabajo detrás de la cámara de Denis Villeneuve, posiblemente el director más en forma de la actualidad ("Enemy", "Prisoners", "Sicario"). Su trabajo es tan, tan bueno, que ha conseguido algo casi imposible: que vuelva a tener fe en la secuela de "Blade Runner", que le tendrá a él detrás de las cámaras. Sí, podríamos detenernos en hablar de sus planos, de la planificación de las secuencias...vamos a saltarnos esa parte y dejárselo a críticos más sesudos. Yo lo resumo en que lo hace todo bien.


Pero, más allá de ello, el resto no brilla tanto. Sí, que Eric Heisserer, culpable de cosas como el remake de "Pesadilla en Elm Street", la precuela (precuela, dicen, cuando todo el mundo sabe que era un remake encubierto) de "La cosa", "Destino final 5" o "Nunca apagues la luz" sea capaz de sacarse de la chistera un guión tan sutil, tan hermoso, tan poético, es como para ponerse en pie y aplaudir al chaval. Claro que tampoco hay que pasarse, porque es uno de esos guiones-trampa que lo mismo terminan en película de culto (gracias a Villeneuve) que en telefilm de Antena 3 de primera hora de la tarde.

"The arrival" es interesante, pero demasiado fría y hermética a ratos. A lo mejor el problema es que tiene similitudes con "Interstellar", que es otra de esas cintas que a todo el mundo le encantan y a mí me parece un bluff en toda regla (como casi todo lo que hace Christoper Nolan en los últimos tiempos). Pero si a Nolan le dieron 150 millones y manga ancha para rodar escenas espectaculares en medio de su melodrama familiar, a Villeneuve le han dado sólo un tercio y le han pedido que se quede sólo en la parte de los sentimientos, los pensamientos y las emociones. Y ojo, que en comparación hace un trabajo infinitamente mejor.


Como ven, mi crítica ha sido bastante positiva. Ya les dije al principio que la película me gustó, y mucho. Lo que me sorprende es la reacción tan entusiasta que ha despertado en mucha gente, como si fuera lo más grande desde la invención de la rueda. Tampoco nos pasemos. Es una historia interesante que combina conceptos como la importancia del lenguaje, la teoría de factores de suma cero (eso me dejó impactado) y otros conceptos que no puedo poner sin revelar aspectos claves de la trama, así que seré bueno y permaneceré calladito.

Pero, en último extremo, es una película de ideas. Demasiado cerebral para mi gusto. Intenta ser emocionante (en el sentido de tocarte la fibra) y a ratos está a punto de lograrlo, pero hay algo que no termina de encajar. Es lo que la separa, por ejemplo, de esa obra maestra que es "Lost in translation". No puedo explicar por qué, pero esa película me llegó y "The arrival" no. Quizás porque, en una cinta que presta tanta atención al tema del lenguaje, acaba fiándolo todo a un idioma que parece haber encandilado al resto del mundo, pero en el que a mí se me escapan palabras claves.





22/11/16


¿Recuerdan "Seinfeld", la genial serie de televisión? Bueno, espero que no sólo la recuerden sino que también la veneren como se merece (en caso contrario me costaría decir que siguen siendo ustedes bienvenidos a esta página). Pues bien, logró hacerse un hueco en la parrilla convirtiéndose en "la serie que no iba de nada". Sus personajes simplemente hablaban, pasaban el rato y se comportaban como seres humanos normales (es decir, que eran mezquinos y miserables).

Eso funciona en la pequeña pantalla, en clave de comedia, en episodios de 22 minutos y gracias a la genialidad de un equipo artístico irrepetible. Justo todo lo que no tiene "Shelley", una de esas películas de terror en las que mucha atmósfera, mucha tontería, pero al final no pasa absolutamente nada.


Una chica rumana se traslada a una casa en el campo (pero campo, campo, en plan nadie a 10 kilómetros a la redonda) donde comienza a trabajar como asistenta de una pareja que no puede tener niños. La idea de la chica es trabajar allí un par de años y ahorrar el dinero suficiente como para poder comprarse una casa en la que vivir con su hija.

La cosa va bien, hace buenas migas con su "jefa", hasta el punto de que ésta le hace una proposición: ¿qué tal si llevara en su interior el ansiado bebé, como un vientre de alquiler? A ellos les hacía un favor brutal y, en compensación, le pagarían lo suficiente como para que se pudiera comprar la casa de manera mucho más rápida. Y claro, la chica acepta, porque el trato le parece interesante, porque le cae bien la mujer y, sobre todo, porque si no no habría película (o ésta sería aún más aburrida, que es algo difícil pero no imposible).


La joven se queda embarazada a la primera. Pero conforme van pasando los meses, se empieza a sentir cada vez peor y, lo que es más preocupante, empieza a actuar de forma rara. Como si lo que estuviera gestando no fuera a llevarse el premio a "bebé hermoso del año", sino a "mejor colega del hijo de Rosemary".

Hombre, dirán ustedes, la cosa no pinta tan mal. Estoy de acuerdo...si hubiera algo más. Pero no, lamento decirles que esto que acabo de contarles no es la premisa, sino la única parte comprensible de la película. A partir de ese momento todo se reduce a silencios, sueños extraños, escenas confusas y. básicamente, el típico desarrollo de "elige tu propia aventura", es decir, soy el director Ali Abbasi y soy tan vago que no pienso cerrar esta película, mejor vete interpretando tú lo que va ocurriendo. Ya lo he dicho unas cuantas veces: ya estoy muy mayor para esta clase de juegos.


Todos tenemos nuestras filias y fobias. Particularmente no soporto las películas found footage ni los films que dejan cualquier explicación en mis manos. Es como si Velázquez, a mitad de "Las meninas", hubiera bajado los pinceles y dicho "y ahora os imagináis el resto". Lo siento, pero no. Cada vez tengo menos paciencia. Porque no me cabe duda de que hay (pocos, pero los hay) directores inteligentes que realmente sabrían cómo rematar su historia pero a los que les divierte mucho más dejar descolocados a los espectadores. Pero también hay mucho autor de tres al cuarto que sencillamente no sabe qué hacer, y que piensa que ser críptico le convierte inmediatamente en alguien interesante. 

"Shelley" ni siquiera es una mala película. Entra en una categoría peor, la de cinta aburrida. En su primer tramo no logra enganchar lo suficiente como para que hagamos el esfuerzo de entender qué está pasando en su parte final. Dicho de otro modo, sus primeros 45 minutos son un preámbulo a lo que tiene que venir, pero es que los segundos 45 son un "completa los puntos" que nos remite a los primeros 45, que ya de por sí eran... ¿lo ven? La pescadilla que se muerde la cola.


De lo más flojo que he visto este Sitges. Un film que quizás hubiera funcionado bien como cortometraje, pero que se agota demasiado pronto demostrando que en realidad no había tanto que contar (por no decir prácticamente nada). Cuando eres capaz de resumir toda una película en una frase promocional, es que hay algo que estás haciendo mal. Sus responsables se equivocaron con el enfoque. Yo me equivoqué entrando en la sala a verla. Todos salimos perdiendo. El mal (en forma de bebé infernal o no) ha salido ganando.





Bienvenidos a la película más "malrrollista" del festival de Sitges. Olvidaos de "Pet", al lado de ésta la cinta de Dominic Monaghan es una fábula infantil. Creo...no, estoy seguro de que hacía tiempo que no lo pasaba tan mal dentro de una sala de cine. Ni siquiera con "Martyrs" (la buena, no el remake descafeinado) me revolví tanto en la butaca.

Pero es que "Grave" (o "Raw", o "Crudo", o como diablos vayan a terminar titulando a la película cuando se estrene la próxima primavera) no está hecha para estómagos delicados. Ni siquiera los que ya estamos curtidos en todo tipo de películas extremas (vamos, los que nos tragamos la polémica "A Serbian film") estamos inmunizados ante propuestas como la de la debutante (en pantalla grande, también tiene en su filmografía un corto y una tv movie) Julia Ducournau, que da muestras de una madurez narrativa que me hace pensar que va a tener una carrera de lo más interesante.


"Grave" es provocación elevada a la enésima potencia. La historia de una jovencita vegetariana que, al llegar a la universidad de veterinaria (donde ya estudia su díscola hermana) se ve obligada a ingerir carne en una de las novatadas que los veteranos les tienen preparados a los nuevos estudiantes. Y sí, vale, la cosa no parece que sea para tanto. Pero es que eso despertará en ella unos deseos irrefrenables de seguir consumiendo carne...y no necesariamente animal, y decididamente no cocinada.

La comparación con "Martyrs" no es casual. Porque hay dos maneras de enfocar este tipo de películas: el estilo yanki, es decir, premisa rompedora y desarrollo convencional. y el estilo europeo de los que se sienten más cómodos con el cine de autor. Se pueden decir muchas cosas de "Martyrs" (a mí me encanta, otros la odian), pero no que se la pueda inscribir en la categoría de "torture porn" o que en ella la violencia sea gratuita. Su director, Pascal Laugier, usaba elementos del cine de terror y el gore para hablar de una historia sobre el fanatismo, los límites del dolor y cuestiones espirituales de lo más interesantes.


Pues Ducournau hace lo mismo con "Grave". Sí, la frase promocional puede ser "chica vegetariana que acaba convirtiéndose en caníbal", pero eso sería caer en un enfoque reduccionista y demostrar que no se ha entendido nada de lo que se ha visto en pantalla. Porque, una vez más, te puede gustar o no el resultado (particularmente compro), pero no se puede negar que la cinta tiene mensaje. Que las escenas desagradables (y hay unas cuantas) no están puestas porque sí, sino que sirven a un propósito superior. 

La directoria logra hacernos sentir escalofríos y algo de repulsión mientras aprovecha para contar una historia que funciona a varios niveles. En cierto sentido es el rito de iniciación de una chica (fabulosa Garance Marilliner) y su paso de la adolescencia a la edad adulta. Habla sobre cambios corporales, psicológicos, la sensación de no saber qué está pasando, de sentirse aislada del mundo. Vamos, lo que significa crecer.


Por otro parte la película habla también de la familia (y el diagnóstico que hace no es nada halagüeño). La malsana relación que tienen las dos hermanas (Garance y una Ella Rumpf igualmente soberbia), capaces de quererse y odiarse al mismo tiempo, resulta tan intrigante como difícil de digerir (nunca mejor dicho). Pero es que incluso esos padres, con un papel muy secundario, dibujados a base de pinceladas, terminan por ser mucho más de lo que parecen, dando sentido a una trama que a ratos parece confusa, pero que termina no siéndolo en absoluto. Sé que suena críptico, pero ya lo entenderán.

A un tercer nivel, estamos ante una película de terror-realista, donde la protagonista no vaga por el campus en busca de víctimas (ya les digo que no es de esa clase de películas), sino que el horror se presenta de un modo tan desprovisto de glamour como seco y directo a la yugular. No, "Grave" no es una película para todos los públicos. Aquí la sangre parece real, luce real y hasta sabe real. No piensas "qué espectáculo cinematográfico tan guay", sino "qué mal rollo me está dando todo".


Ahora bien, en un pequeño semi-off topic, he de admitir que, aunque la historia es dura y no hace concesiones, me impactó aún más el retrato que se hace de las universidades francesas. Dicho de otro modo, si lo que se ve en pantalla se parece remotamente a lo que sucede en la vida real, déjenme que les diga que jamás permitiría que ningún conocido se acercara a diez kilómetros a una de ellas. Una cosa son las novatadas y otra muy distinta que sientas deseos de que se queme la facultad entera con todo el mundo dentro. Si estos son los veterinarios del futuro, pobres animales (y pobre raza humana, en general).

Pero eso es sólo la anécdota. Lo importante es que "Grave" es una película dura que se presenta tal cual, sin que su directora intente edulcorarla o hacernos más placentera la experiencia. La tomas o la dejas...o la vomitas, como le pasó a más de un espectador en Toronto. En Sitges nadie llegó a tanto, pero vamos, que salimos todos con un mal cuerpo que pa qué.


Es una de las grandes apuestas de Sony para el próximo año. Y yo que ustedes no me la perdería, porque si algún día los americanos deciden hacer el remake (y no me extrañaría en absoluto), ya les digo yo que se van a dejar por el camino muchas situaciones incómodas. Las mismas que hacen que "Grave" sea lo que es, y que podamos amarla y odiarla al mismo tiempo. Dicho de otro modo, quiero volver a verla y al mismo tiempo preferiría no volver a hacerlo nunca, así de intensa resulta la experiencia.





16/11/16


Ni tanto ni tan calvo. Me parece absurdo que la gente abandonara la proyección de "Swiss Army Man" a la mitad cuando se proyectó en Sundance, porque ni es una tomadura ni pelo ni tan escatológica como nos han intentando vender (Volveremos a ello en un momento). Pero al mismo tiempo también me parece exagerado que en Sitges se la coronara como la mejor película del certamen. Digamos que, particularmente, estoy en un punto intermedio. Vamos, que me pareció una película de notable.

Si algo tiene "Swiss Army Man", esto hay que reconocérselo, es originalidad por los cuatro costados. El siempre excelente Paul Dano es un náufrago harto de su soledad que está pensando en quitarse la vida, cuando de repente descubre el cadáver trajeado de un hombre (Daniel Radcliffe, que está que se sale y que aquí sí que entiendo que le premiaran como mejor actor en Sitges) que es arrastrado hasta la orilla.


Llevado por la curiosidad, Hank, el náufrago, decide posponer un rato sus planes suicidas para ir a inspeccionar el cadáver de Manny. Y a partir de ahí surgirá entre ellos una hermosa amistad que ayudará al primero no sólo a recuperar el interés por la vida sino también a escapar de la isla desierta en la que se encuentra, con la inestimable colaboración del muerto, que ejercerá de auténtica navaja suiza multiusos (de ahí el título de la película).

Espera, espera, dirán ustedes. Rebobinemos. ¿Amistad? ¿Pero no habías dicho que el segundo hombre estaba muerto? Pues así es. Ahogado, en pleno proceso de descomposición y con tendencia a tirarse pedos (que es precisamente lo que más indignó a muchos espectadores de Sundance. Pero a mí, que no me gusta el humor escatológico, ya les digo que, más allá de ser una pequeña gamberrada de los directores, no sólo está justificado sino que tampoco es un recurso que se utilice todo el rato, no exageremos).


Pero en la imaginación de Hank, Manny está vivo. No sólo eso, sino que se permite el lujo de darle consejos. De levantarle el ánimo. Sí, su cuerpo es fundamental para que la huida prospere (el modo en que el cadáver es utilizado para sortear toda clase de obstáculos es brillante, divertidísimo y sin lugar a dudas de lo mejor de la película. Este tipo de cosas que hay que verlas para creerlas). pero no menos importante es su forma de ser, por más que se trate de una proyección de los propios pensamientos del protagonista. Es. a grandes rasgos, una vuelta de tuerca a la amistad que mantenían Tom Hanks y Wilson en "Náufrago", sólo que cambiando el balón de voleibol por un hombre muerto.

Los directores, Dan Kwan y Daniel Scheinert, se han sacado de la manga una película tan inclasificable como extremadamente bella, donde la irreverencia y el humor fácil se dan la mano con la poesía y el humanismo. Resulta complicado hablar sobre los grandes temas de la vida mientras en pantalla se suceden situaciones absurdas que bordean continuamente la línea del humor grueso, pero sus responsables lo consiguen.


Más allá de la bizarrada grandísima que es la película en sí (en serio, me encantaría asistir a esta clase de pitch, para ver la cara que se les queda a los productores cuando escuchan el argumento), lo cierto es que, si logras pasar de los primeros quince minutos, dejas de pensar en lo estúpido de la situación y a preocuparte más por el personaje principal. Por los personajes, qué diablos, que aunque sea un cadáver también sientes empatía por Manny y su malograda existencia.

La película es una oda a la vida, una reflexión sobre cómo sobreponernos a nuestros errores. Por eso particularmente no me gusta el tercer acto, cuando se sacuden un poco las cosas. Sí, es original (de nuevo) y nos pilla con el paso cambiado. Y sale brevemente Mary Elizabeth Winstead, a la que sencillamente amo (lo sé, tengo demasiadas debilidades personales, qué puedo decir). Pero me parece que juega un poco en contra de todo lo que nos han contado con anterioridad, restándole algo de fuerza al mensaje.


Aunque claro, si en mi opinión (siempre personal y subjetiva, ojo), los directores están a punto de cagarla, no es menos cierto que lo arreglan con un plano final tan brillante que les perdono el giro de tuerca extra que se sacaron de la mano.

"Swiss Army Man" tiene muchos, muchos aciertos. Pero ninguno tan grande como su casting. En manos de otros actores probablemente la película no sería lo que es, y estaría mucho más cerca de ser interpretada como una broma pesada. Pero lo bueno es que aquí está Paul Dano, actor al que parece que tenemos tendencia a infravalorar, cuando lo cierto es que siempre está magnífico ("Love & Mercy" y esa nominación que le escamotearon, "Prisoners", "La juventud", "Pequeña Miss Sunshine"), y que realiza una interpretación soberbia, logrando crear un personaje tan entrañable como emocionalmente roto.


Y qué decir de Daniel Radcliffe en el que quizás sea (al menos hasta la fecha) el papel de su vida. Siento una gran simpatía hasta este actor, no sólo por lo brillante que es sino por el modo en que ha sabido reconducir su carrera después de "Harry Potter", demostrando que no le tiene miedo a nada (lo mismo se desnuda sobre los escenarios en "Equus" que hace de mago aficionado repelente en "Ahora me ves 2") y que es creíble en absolutamente cualquier papel. Mal que le pese a mucha gente, Daniel es mucho más que Harry y no tiene por qué seguir siempre a su sombra.

Hay que tener valor para aceptar un guión en el que haces de cadáver. Y menos fácil aún es conseguir una interpretación tan buena que tu personaje, sin dejar de estar nunca muerto, parece más vivo que el 90 por ciento de los personajes del cine actual. Chapó por él, por Paul Dano y por Kwan y Scheinert. No han dejado a nadie indiferentes, y eso es siempre una buena señal.


Ya les digo que no me parece una obra maestra (término que se usa con demasiada ligereza). Pero tampoco me cabe duda de que "Swiss Army Man" pasará a la historia del cine y será de esa clase de títulos de los que se seguirá hablando en las próximas décadas.