28/9/16


A perro flaco todo son pulgas. Lo digo porque, si ya les voy adelantando que el documental "Manda huevos" me gustó muy poco tirando a nada, la casualidad quiso que encima lo viera sólo 24 horas después de haber asistido al pase de la excepcional "Eight days a week", el documental sobre los Beatles rodado por Ron Howard, que no sólo debería llevarse el Oscar el año que viene en su categoría, sino que está entre mis pelis favoritas del 2016 (así, en general).

Las comparaciones son odiosas, pero les juro que no intento hacer leña del árbol caído. Simplemente me voy a valer de ambos documentales para intentar explicar por qué, a mi juicio (ojo, que nunca me cansaré de repetir que esto del cine es algo tan, tan subjetivo, que quien crea estar en posesión de la verdad absoluta tiene un grave problema), Diego Galán (por cierto, antiguo director del Festival de Cine de San Sebastián) se ha equivocado por completo a la hora de enfocar su película.


"Manda huevos" tiene, a priori, una premisa interesante: sintetizar cómo el cine patrio, a lo largo de su historia, ha ido representando en la gran pantalla a los diversos prototipos del varón español. Aquí ya empezamos mal, porque mientras el documental de Los Beatles tenía muy claros sus márgenes (los años de gira; y sí, por supuesto que uno echa en falta historias interesantes de los últimos tiempos del grupo, pero es que ese no era el tema) en "Manda huevos"el tema es tan etéreo, caben tantas cosas, que al final se termina convirtiendo en un cajón desastre.

Lo mismo hay un par de referencias a los antiguos aborígenes que a Cristóbal Colón que a la gente de la postguerra. Pero nunca da la sensación de que el discurso esté bien articulado, sino más bien parece que el documental se ha ido improvisando según las películas y los cortes que tenían a mano. En vez de tener un guión cerrado sobre el que se han buscado las imágenes, da la sensación de que primero se ha seleccionado el material y le han dicho al montador "ahora a ver qué podemos hacer con todo esto".

Porque, lo mejor del documental de Los Beatles, es que funciona casi como una película de ficción. Tiene una estructura firme, a prueba de balas. Decía Ron Howard en la alfombra roja previa al estreno que él es un contador de historias, y eso es exactamente lo que ha hecho; contar una historia fascinante, controlando el tempo, el ritmo, cada cosa que sucede en la cinta, y no al revés.


Regresando a la película que nos ocupa, "Manda huevos" es justo lo contrario. No hay una historia ni un planteamiento cerrado. En el colmo del amateurismo, en ciertos momentos (sí, en plural), escuchamos a la narradora (Carmen Machi, lo mejor de la función, lo que tampoco es decir mucho) decir la frase "pero volveremos a ello más adelante", que es algo que en un documental debería estar penalizado con la cárcel. ¿Pero qué diablos es eso de empezar a contar algo, pasar a otra cosa y regresar más adelante a alguno de los temas? Es un recurso que uno utilizaría en un trabajo del colegio que tiene que entregar al día siguiente, pero no en un documental en el que se supone que uno invierte todo el tiempo que haga falta para que la cosa quede perfecta.

A esto hay que sumarle salidas de tono de lo más incomprensibles, como los cinco minutos de metraje que Diego Galán reserva para hablar de la violencia de género. Tema interesantísimo, por supuesto, pero que en este caso está fuera de lugar. Porque hablar del papel del hombre en el cine y de repente hacer un alegato a favor de las mujeres maltratadas es como intentar meter una secuencia de "Aterriza como puedas" en una peli de Terrence Malick: todo tiene su momento, pero desde luego no es éste.


Es como si el director fuera improvisando sobre la marcha los temas de los que le apetece hablar, sin tener claro a dónde quiere llegar, con lo que al final, como es evidente, no llega a ningún sitio. Pero es que el viaje ni siquiera es interesante, ni ameno, ni divertido. Son 90 minutos como podrían haber sido 40 o 320, en realidad nada hubiera cambiado. Y cuando el montaje de un documental no es milimétrico (¿hace falta que les diga qué me parece el de Los Beatles?), entonces es que se ha hecho algo mal. En este caso, prácticamente todo.

"Manda huevos" parece, en última instancia, uno de esos programas de recuerdos que tienen locución de Santiago Segura (no me hagan buscar el nombre, por favor, confío en que sepan a qué me refiero). Que ya de por sí suenan a espacio de relleno en Televisión Española. Pues cuando encima lo llevas a la gran pantalla y además lo presentas en un festival de cine como el de San Sebastián, o es que te has vuelto loco o que has medido mal (rematadamente mal) tus habilidades como narrador.

Y es que una película llamada "Manda huevos", sobre el hombre español en el cine, en el que de entrada  no aparece el Javier Bardem de "Huevos de oro", en serio, ¿qué tipo de credibilidad puede tener?



27/9/16


Con algo más de retraso de lo que es habitual (por enésima vez, lo siento), pero tranquilos, que no nos hemos olvidado y pensamos seguir reseñando todas las películas que hemos visto en el Festival de cine de San Sebastián. Y hoy toca hablar de una de las grandes sorpresas del certamen para el que aquí suscribe: "Lady Macbeth".

El título no es casual, aunque no esperen encontrar una adaptación de la obra de Shakespeare, sino de una novela de Nikolai Leskov, protagonizada por una chica que, de ahí la referencia, sí que tiene más de un punto en común con el personaje creado por el bardo inmortal, sobre todo en cuanto a su forma de enfocar la vida.

Vayamos paso a paso. "Lady Macbeth" cuenta la historia de Katherine, una chica del siglo XIX a la que no le han tocado precisamente las mejores cartas en la vida. Primero es comprada para convertirse en la esposa de un hombre de buena posición social que, encima, resulta que no está interesado en acostarse con ella. Su suegro la desprecia, tiene prohibido salir de la propiedad e incluso el servicio, que uno pensaría que al menos se pondría de su parte, tampoco es que esté muy por la labor de hacer buenas migas con la nueva señora de la casa.


Y claro, cuando a uno se le pone todo en contra, ha de tirar de ingenio para ir progresando. Eso es precisamente lo que hace nuestra protagonista, que con tesón y fuerza de voluntad comienza a darle poco a poco la vuelta a la tortilla...aunque por el camino pierda toda su inocencia y se convierta en un personaje de dudosa moralidad (en realidad lo de dudosa sobra. Vamos, que de perdidos al río la criatura se lleva por delante a todo aquel que interfiera en sus planes).

En teoría "Lady Macbeth" debería ser una historia con un acusado componente moral, que hiciera que el espectador se horrorizara al contemplar el descenso a los abismos de su protagonista. El problema es que la excelente Florence Pugh es tan carismática y crea un personaje tan memorable que al menos yo no pude evitar tenerle simpatía todo el tiempo, incluso en los momentos en los que es más "Lady Macbeth" que nunca.

Dicho de otro modo, su Katherine, más que un monstruo, es una superviviente. Una mujer que, harta de que la puteen, decide que, si se trata de elegir, se elegirá siempre a sí misma. Me gustaría que vieran la cinta (confío en que tarde o temprano consiga distribución en nuestro país, aunque por ahora aún está haciendo el circuito de festivales) para poder entablar un debate sobre su actitud porque, si bien en la película hace cosas injustificables, nunca se muestra cruel porque sí, ni hace daño a nadie sin motivo. Otra cosa es que se pase tres pueblos, que se pasa. Pero aunque resulte imposible aplaudir sus actos, sí que queda clara su motivación en cada instante.


La película, para decirlo de forma directa, engancha. El director, William Oldroy, se ha sacado de la manga una pequeña joya impecable, tanto en el aspecto formal como en el ritmo que es capaz de conferirle. Si ya de entrada dura sólo hora y media, cosas que se agradece,  es que encima el tiempo se pasa volando y te deja con ganas de más. Porque en ningún momento se hace pesada o repetitiva, merced a la sucesión de acontecimientos (sí, me gustan las pelis en las que pasan cosas. ¿Me oyes, Terrence Malick?) y a pequeños detalles de humor negro que al menos en mi caso terminaron por conquistarme.

"Lady Macbeth" es una historia de pasiones, amores prohibidos, mentiras, traiciones y todo tipo de crímenes. Un drama de los de toda la vida, vamos, pero que aquí, sin llegar a ser lo que se dice novedoso (lo de la originalidad en el cine es algo que está sobrevalorado, y si no esperen a la crítica de la excelente "Que Dios nos perdone", que no deja de ser la versión española de "Seven" y aún así es increíble) sí que se presenta de manera fresca, lo suficiente como para colarse en mi top de lo mejor del año.


Lo único que lamento es que el jurado de la sección oficial haya estado tan ciego como para no reconocerle sus méritos (¿"I'm not Madame Bovary?" ¿En serio?). Pero al menos "Lady Macbeth" se ha llevado el Premio FIPRESCI, señal de que no soy el único que ha sabido disfrutar con una historia que...ahora que ya estamos en el párrafo final y nadie nos oye...me ha gustado más que la propia obra de Shakespeare. Sí, he dicho un sacrilegio, lo sé. Pero en comparación con lo que hace la buena de Katherine en la parte final de la peli, creo que tampoco es para tanto.




23/9/16


Ewan McGregor me cae muy bien. Me parece un actor de lo más solvente que por norma general, independientemente de la calidad de la película en la que participa, siempre está bien. Por eso me duele tanto que su peor actuación hasta la fecha (y recordemos que el actor estuvo en "El ataque de los clones") haya tenido que ser precisamente en la película que supone su debut como director, "American Pastoral".

Ya saben que aquí somos mucho de ir al grano, así que por si no ha quedado claro, se lo resumo ya: la película es mala. Muy mala. De esos dramas que se terminan convirtiendo en comedias involuntarias (si la ven, cuando lleguen a la escena de los guantes, me cuentan qué tal). Un auténtico horror. Porque uno podría pensar que quizás McGregor ha descuidado la faceta actoral porque está demasiado ocupado demostrando su pericia detrás de la cámara. Pero es que como director su labor aún es peor si cabe. Y si creen que le estoy metiendo demasiada caña, recuerden que he dicho que le tengo cariño, así que les juro que estoy siendo hasta benévolo.


"American Pastoral" se basa en la novela del mismo título de Philip Roth, una historia sobre la pérdida del sueño americano y la desintegración de una familia. O eso es lo que intentan venderte, porque en realidad lo que yo vi es la historia de una familia con una hija de las que te hacen pensar en ingresar en la Iglesia de la "hostia bien dada", y que en conjunto deambulan cien minutos por la pantalla sin saber exactamente qué hacer o cómo actuar, con una trama que te preguntas todo el rato hacia donde va, hasta que te das cuenta de que lo que ocurre es que no va hacia ninguna parte.

Venga, me debo a los lectores, así que seré un poco más específico en lo del argumento: McGregor es una antigua estrella del deporte en su instituto al que la vida le sonríe, que está casado con una reina de la belleza (Jennifer Conelly, que ha hecho un pacto con el diablo para seguir igual de guapa que hace 15 años, aunque con más talento aún si cabe) y que tiene una hija con problemas en el habla. Pero la hija les sale rebelde, muy "a las barricadas" y esas cosas. De modo que cuando desaparece justo después de que alguien haya puesto una bomba en la oficina de correos, matando a una persona, pues oye, que no hace falta ser Colombo para sumar dos y dos.


A partir de ahí, McGregor se embarca en una cruzada para recuperar a su hija. Pero no piensen en algo tipo "Venganza" (ya me gustaría), ni por estilo de la cinta (eso era lógico) ni, sobre todo, por marco temporal. Es decir, que los protagonistas aquí prefieren aplicar la máxima de "las prisas son malas consejeras", porque hablamos de años, años y años, que te hacen preguntarte si lo de "queremos que vuelva" no iría un poco de boquilla, porque no se podrían tomar las cosas con más calma.

No he leído la novela de Philip Roth, así que no sé a quién echarle la culpa de este despropósito (he oído de todo, desde que la película es de lo más fidedigna a que se toma muchas libertades; si alguien me puede sacar de la duda, se lo agradezco, porque no tengo intención de leer el libro en un futuro próximo, para qué engañarnos). Lo que sí tengo claro es que, como película, que es lo que a mí me interesa, esto no funciona. Ni por interés, ni por ritmo, ni porque nada tenga el más mínimo sentido. De manera que a los cuarenta minutos a "American pastoral" le ocurre lo peor que le puede pasar a una cinta: que te dé exactamente igual lo que les ocurra a sus personajes.


Y eso, hay que decirlo, es culpa en gran parte de Ewan McGregor, que si ya de por sí le tocaba bailar con la más fea en cuanto al material, no ha sabido sacarle partido a los excelentes actores con los que ha podido contar. Comenzando por una Jennifer Conelly muy desaprovechada, siguiendo por un David Strathairn con el piloto automático y terminando por una Dakota Fanning de la que se me hace difícil pensar que hace unos pocos años me parecía la mejor actriz de su generación (me temo que su hermana Elle le ha comido totalmente la tostada).

A esto hay que sumarle una dirección anodina, un trabajo técnico discutible en algunos aspectos (digamos que no apostaría mucho porque la peli vaya a ser nominada al "Mejor maquillaje" en los próximos Oscar) y, en líneas generales, una sensación de sopor absoluto. Ni siquiera es de estas cintas malas que crean debates acalorados. Es más bien del tipo de las que sales, te encoges de hombro, piensas "qué decepción" y las olvidas rápidamente y para siempre.


Ewan, te juro que esta no es la crítica que me hubiera gustado escribir. Porque sigo creyendo que tienes mucho talento, y la premisa de la historia no estaba nada mal. En manos de David Fincher, esto hubiera sido una pequeña joya (aunque eso no tiene demasiado mérito, en manos de David Fincher hasta la película de las "Spice girls" hubiera sido lo más. Y si nombro a Fincher no es por nada en concreto, sino porque me encanta su trabajo y me apetecía poder escribir en esta crítica al menos una línea sobre algo que realmente me guste). 

Pero por desgracia decidiste hacerte cargo tú. Y siento decirte que esta película te ha quedado tan grande, que al final has firmado un trabajo demasiado pequeño.




Oliver Stone debería llamar a Michael Moore y salir con él a tomar una copas y contarse batallitas, porque los dos se están volviendo un poco cansinos. 

A ver, Dios me libre de decirle al señor Stone qué cosas deben interesarles o qué tipo de películas tiene que hacer. Pero el amante del cine que hay en mí echa de menos los tiempos en los que el director ponía sus obsesiones políticas y personales al servicio de grandes películas como "Platoon", "Nacido el 4 de julio" o, mi favorita, "Un domingo cualquiera", que consiguió algo muy difícil: que me interesara el fútbol americano (básicamente porque está rodada como si fuera una auténtica batalla campal. Cómo la disfruté).

Pero eso es porque antes Stone rodaba con mucha más energía y pasión. En los últimos tiempos es como si el mensaje le interesara mucho más que la forma en la que éste es presentado. Y así pasa que películas como "World Trade Center" (sobre el 11-S) o "Wall Street 2" hablan de cosas que le importan, (temas muy interesantes, por otra parte), pero están rodadas como si no le interesaran lo más mínimo, como si hubiera dicho "qué coñazo, que me obligan a completar la película en vez de poder hacer directamente una tertulia de cuñados, que es lo que en realidad me apetece".


"Snowden", por desgracia, entra en esta categoría. El tema es apasionante, pero si realmente te interesa, lo mejor que puedes hacer es ponerte a ver el documental "Cizitenfour". Porque lo que ha hecho Oliver Stone es rodar un biopic convencional, muy sesgado y con una historia de amor sonrojante, que parece metida con calzador (y que está claro que no le importa en absoluto, aunque ahí estamos todos de acuerdo; es una subtrama prescindible no, lo siguiente)

Al director le falta garra, así de claro. Tiene tanto talento que le basta con tirar de oficio para rodar una cinta muy digna a la que, en el aspecto formal, no se le puede poner ninguna pega. Pero estamos hablando de Oliver Stone, por el amor de Dios. "Convencional" y "digno" son palabras que nunca deberían aparecer asociadas a su cine. Se ha domesticado, como si el cine le aburriera y prefiriera aprovechar el tiempo en tertulias políticas donde exponer sus ideas.


Por suerte para él (aunque en realidad no creo que haya sido cuestión de "suerte", sino que es un viejo zorro que sabía que esto era necesario), cuenta con un elenco de primer nivel que le ayuda a salvar la papeleta y aumentar la calidad de la cinta. Empezando por un imperial Joseph Gordon Levitt que se mimetiza a las mil maravillas con el Snowden real, demostrando una vez más su gran calidad como actor. Su interpretación es sobresaliente.

A su lado (y obviando a una Shailene Woodley de la que sólo diré que me gusta más en la saga "Divergente", y a la que el papel no creo que le quede grande, pero sí que no encaja en él), una sucesión de actores y actrices de primer nivel demostrando su talento en las pocas secuencias en las que aparecen: desde el siempre excelente Tom Wilkinson hasta una magnífica Melissa Leo, pasando por Zachary Quinto, Rhys Ifans, Joely Richardson, o un...parece mentira que vaya a decir esto..,magnífico y contenido (para lo que es habitual en él) Nicolas Cage, ese actor que ha perdido el norte pero que a mí siempre me ha caído bien y que sigo pensando que, en el proyecto adecuado, aún podría dar una última gran sorpresa.


Si mi primer gran problema con la película es que está por debajo de que lo que el director puede (y debería) ofrecer, mi otro gran "pero" tiene que ver con el contenido. El discurso de Oliver Stone es tan partidista, tan personal, tan sesgado, que mi escepticismo me lleva a cuestionar todo lo que veo en pantalla. A ver, no dudo que el Gobierno de Estados Unidos espía a todo el mundo (si están leyendo esta crítica confío en que me digan qué les parece), que todos los políticos son muy malos y que cada día se pisotea nuestra privacidad. Ok, compro. Pero se me hace raro pensar que Snowden sea una especie de moderno Capitán América, un héroe sin dobleces ni defectos que lo hizo todo llevado por una impecable ética personal. Si lo es, chapó por él. Pero la experiencia me ha enseñado que en la vida real nadie es tan bueno (lo que no es una crítica hacia su persona, que no le conozco; pero ya saben lo poco que me gusta que me intenten vender motos, ni siquiera cuando se trata de un director al que admiro tanto).

"Snowden", en última instancia, se convierte en una nueva muesca en el cinturón del tío Oliver. Una película de lo más consecuente con su forma de pensar, pero que en el fondo no deja de ser una muestra de narcisismo cinematográfico. Un "yo tengo razón y voy a demostrarlo" que, para qué negarlo, me fatiga. Porque, como nunca he ocultado, entiendo el cine como un arte. Las noticias las veo en los informativos.


Michael Moore, tras su excepcional "Bowling for Columbine", poco a poco fue olvidando que la gente pagaba no por escucharle a él (al menos no sólo por eso), sino por verle exponer sus argumentos de una forma brillante. Creo que en su caso ya ha cruzado la línea de no retorno. Pero Oliver Stone, que tiene mucho más talento, aún está a tiempo de firmar excelentes trabajos que, más allá de su ideología, puedan ser defendidos cinematográficamente. No tiene que irse muy lejos para ver que es posible hacer pensar a la gente y fascinarla al mismo tiempo. Sólo tiene que recordar que su nombre aparece en los títulos de crédito de la increíble "JFK".


22/9/16



Ya son 25 los tomos que Planeta Comic ha publicado de una de las series más longevas que aun se pueden encontrar hoy en día, una vez que Kirkman ya anunciara que a su “Invencible” le queda apenas menos de un año de vida en las tiendas o que por ejemplo “Fábulas” ya haya cerrado en su número #150. 
Centenar y medio de números son los que alcanzaremos en este “No hay vuelta atrás" (que recopila el material publicado en los números #145-150 USA) continuando una trama que empezó a remontar el interés del lector más veterano de la serie al final del tomo anterior, tras un par de entregas más bien llanas, aun con la aparición de las nuevas piezas del tablero, los conocidos como “Susurradores”, quienes dieron todo un golpe sobre la mesa al tirar por tierra toda posible amistad o alianza con los grupos de Rick y Maggie al acabar con doce de los miembros de la comunidad. Y es que en el presente tomo se respira venganza e ira en todas y cada una de las páginas que lo componen, mientras se lanza al lector un desafío al preguntarle que es lo que habrías hecho tú ante dicha situación. 
Rick se verá obligado por primera vez a tomar decisiones que primen más el beneficio personal que el bien del colectivo, una comunidad totalmente desmoronada y completamente enemistada ante la situación que se les ha presentado y que me hace recordar una frase que suele utilizar mi mujer: “A los amigos hay que mantenerlos cerca, a los enemigos, aun mas”. 

Ojalá pudiese contaros mas, pero sería entrar en un bucle de spoilers que harían que no se disfrutase la lectura como Kirkman manda. Tan solo espero que el guionista se tome al pie de la letra el título de esta entrega y tenga muy claro que quiere contar y hasta donde quiere contarlo, y que la serie mantenga el interés que se merece sin que aparezcan los fantasmas del sopor que como ya he dicho, estuvieron a punto de hacerse con la serie hace bien poco. Adlard sigue dibujando de forma notable la serie que le catapulto al estrellato, dotando a los personajes de la evolución tanto física como psicológica que evidentemente se tiene que dar en una serie tan larga (recordemos que a Carl le conocimos como niño y ahora es todo un adolescente curtido por mil y una putadas). 

No me canso de repetirlo: hace tiempo que los festivales de cine de todo el mundo, al menos los que son inteligentes y entienden las reglas del juego, se dieron cuenta de que la visibilidad lo es todo. Y que, para bien o para mal (las cosas son así), esa visibilidad sólo te la dan las estrellas. Lo que significa que a día de hoy, en Cannes o en Venecia, por poner dos ejemplos, pueden convivir películas minoritarias con otras cintas protagonizadas por actores y actrices famosos que pasearán por la alfombra roja y al final será con lo que mucha gente se quede.

Esta teoría es lo que explica qué hace una película como "Los siete magníficos" en el Festival de cine de San Sebastián ya que, no nos engañemos, es un producto de entretenimiento puro y duro que no cuadra mucho en un certamen como el que se celebra en Donosti. Pero si proyectando la película de paso te puedes traer a uno de sus protagonistas, Ethan Hawke, darle un premio y revolucionar un poco al personal (que como era previsible abarrotó el Kursaal, en el pase en el que estuvo presente el célebre actor) pues oye, bienvenido sea. ¿No les parece?


Dicho esto, y partiendo de la base de que es un relato convencional de aventuras (remake de remake, para más señas; supongo que no hace falta que haga mención a esos "Siete magníficos" de Yul Brynner y Steve McQueen que a su vez se basaban en "Los siete samurais" del maestro Kurosawa), la pregunta en sí es un buen relato de aventuras, sin más. Vamos, que aunque la peli está bien y es entretenida, digamos que no es un título por el que ninguno de sus implicados vaya a ser recordado en el futuro. Empezando por la labor tras las cámaras de Antoine Fuqua, que continúa desinflándose poco a poco (qué lejos empieza a quedar ya ese "Training Day") y que aquí, siendo sinceros, hace un trabajo correcto y punto.

Y es una lástima, porque "Los siete magníficos" tiene un reparto de primera, con unos actores que pasan por la cinta con suerte desigual. Por un lado tenemos a Denzel Washington actuando con el piloto automático puesto (lo que tampoco es ninguna novedad), a Byung-Hun Lee ("I saw the devil") que poco a poco sigue labrándose una carrera en Hollywood pero que tampoco brilla especialmente, y al mismo Ethan Hawke, que aunque no está mal, se nota a la legua que se siente mucho más cómodo en producciones más independientes.


Por el otro lado tenemos a los dos grandes triunfadores de la función: un revitalizado Vincent D'Onofrio, que está viviendo una segunda juventud (y que en la película está un poco pasado de rosca, sí, pero cuya personaje me divirtió muchísimo) y Chris Pratt, consciente de que está llamado a ser una de las mayores estrellas de Hollywood y que aquí vuelve a derrochar carisma por los cuatro costados.

En medio de tanta figura resulta difícil destacar, pero hay que decir que los dos últimos "magníficos", Manuel García-Rulfo y Martin Sensmeier, logran hacerse un hueco y aprueban con nota, al igual que Haley Bennett, a la que le toca jugar el papel de "chica de la función", pero que sabe cómo defender su personaje (mejor que el villano de la función, un Peter Sarsgaard al que también le he visto hacer cosas mucho mejores que pasearse con cara de hastiado, como si tomar el control del pueblo y matar gente fuera más un engorro que la ambición de su vida).


Si me detengo en hablar de los actores y no de la película en sí es porque, una vez más, no hay nada nuevo bajo el sol. El malo malísimo llega a un pueblo y amenaza a sus ocupantes con matarlos a todos si no le ceden el terreno. Estos contratan a los siete magníficos para que les protejan y, aunque es una misión suicida (si no, ¿qué gracia tendría?) estos aceptan (bueno, acepta Denzel, que se pasa 40 minutos reclutando al resto, vamos, que se toma las cosas con calma) y terminan haciendo frente a los malos.

Y tampoco hay mucho más, no se crean. Los siete magníficos se reúnen, hablan con los lugareños, dejan claro que están ahí para plantar cara al malo, y éste llega con toda la artillería (nunca mejor dicho) para el clímax final de la película, que dura su buena media hora. Siendo sincero, a ratos me parecía estar asistiendo a un capítulo de "El equipo A" en el que simplemente todos tienen un poco más de puntería a la hora de disparar.


Qué puedo decirles. Que está pensando para ser una película entretenida que haga una buena taquilla. Que tiene todos los tópicos habidos y por haber (jueguen a ir adivinando qué pasará a continuación, y ya verán cómo su grado de acierto es altísimo) y, esto es importante, al menos no se da aires ni grandeza ni intenta pasar como cine de autor. Lo que no quita para que la historia se haga a ratos un poco pesada y me haga suponer que, como tantas veces ocurre, 15 minutos menos de metraje le hubieran venido de perlas.

Así que ya saben: si les gustan los westerns de toda la vida y les apetece una dosis de sano entretenimiento, aprovechen que en una semana "Los siete magnificos" llega a las carteleras españolas. Pero si lo que quieren es un western diferente, atrevido, que les deslumbre...entonces mejor recuperen "The good, the bad and the weird", peli coreana de hace unos años en la que, casualmente, también salía Byung Hun-Lee. Si las comparaciones siempre son odiosas, en este caso, se los aseguro, aún más. Mucho más.



Antes de empezar, un pequeño consejo. Niños, si os compráis un portátil, intentad que sea uno que tenga clavijas universales y no el conector más raro de la historia. Y si tenéis la mala suerte de que se os rompa, tratad de que no sea un sábado por la tarde, porque si no puede que tengáis que dejar de publicar en vuestra web por causas forzosas durante unos cuantos días...

Terminado el off topic, vamos con la esperada nueva película de J.A. Bayona, basada en un libro del aclamado Patrick Ness (autor también del guión, con lo que en este caso no puede decir eso de "me han estropeado mi material") y con Sigourney Weaver haciendo de abuela del protagonista, porque, por mucho que nos fastidie,el tiempo pasa y la gente ya va teniendo una edad.


La trama se centra en un niño cuya madre (Felicity Jones, disfrutando de sus últimos momentos de fama moderada, antes de que llegue el boom "Rogue One") se está muriendo de cáncer. Y mientras el chaval (que ni es la alegría de la huerta, ni anda sobrado precisamente de amigos) trata de lidiar con esta situación, un monstruo con forma de árbol le visita para contarle tres historias y permitir que sea el niño quien le cuente a él la cuarta (con un propósito que, obviamente, será desvelado al final de la historia).

Quien haya visto los trabajos anteriores de Bayona para la gran pantalla ("El orfanato", "Lo imposible"), ya sabe lo que le espera. Una historia humana, técnicamente impecable pero extremadamente lacrimógena, que parece patrocinada por kleenex. Un comentario que parece hecho a mala leche, lo sé, pero nada más lejos de mi intención: simplementre constato lo que es la marca personal del director, que está claro que se siente más a gusto contando historias en las que las emociones adquieren un especial protagonismo.


El problema es que quizás en este caso la cosa se le ha ido un poco de las manos. Dicho de otro modo, "Un monstruo viene a verme" no es especialmente sutil a la hora de indicarle al público cuándo tiene que llorar o emocionarse. A veces la película "ahoga" un poco al espectador, imponiéndole qué debe sentir en cada momento, en vez de permitir que las sensaciones fluyan de manera orgánica. Los que logren entrar en el juego la disfrutarán enormemente. Los que no, se quedarán bastante fríos, porque no hay nada peor que sentir que están intentando manipularte en una sala de cine.

A mí particularmente la película me gustó bastante. En primer lugar, porque no se me hizo pesada (créditos aparte, dura 95 minutos,y va al grano desde el primer instante). Porque su estructura episódica (sabes que hay cuatro historias, de modo que más o menos siempre llevas la cuenta de en qué punto te encuentras) me parece interesante, porque Bayona, te guste su cine o no, tiene un talento descomunal y a eso hay que sumarle que particularmente adoro el trabajo de Patrick Ness, y éste, su primer guión cinematográfico, no es una excepción.


"Un monstruo viene a verme" no me cuenta nada nuevo, eso es cierto. Y todo cuanto hay que decir sobre la pérdida y la muerte ya lo explicó. mejor y de forma mucho más sutil (nuevamente esta palabra) Darren Aronofsky en la infravalorada "La fuente". Dicho lo cual, la película es de lo más interesante, sobre todo por la pericia visual de Bayona, que eso sí que está fuera de toda duda. Las secuencias de los cuentos que narra el monstruo (narradas con ilustraciones y técnicas de animación, es decir, sin actores reales) son de una belleza excepcional, y con mucho lo mejor de la cinta.

Si a eso le sumamos un Liam Neeson inconmensurable (aunque su trabajo sólo se podrá apreciar en versión original, básicamente porque, motion capture aparte, lo que hace es ponerle voz al monstruo), una moraleja interesante (las cosas pueden ser blancas y negras al mismo tiempo) y unos efectos especiales de lo más dignos, he de admitir que la experiencia me resultó muy gratificante, a pesar de que no logré conectar del todo con la historia (por lo que les decía hace unos párrafos, porque soy de los que cuando le fuerzan a sentir algo en concreto, ya soy incapaz de hacerlo).


Pero, como me conozco a mi gente, también sé que cuando la película se estrene en salas en un par de semanas, va a ser uno de los grandes títulos del año, que hará mucho dinero y le gustará a casi todo el mundo, de lo cual me alegro, y mucho. Porque al final, cuando hablas de temas universales (la muerte, la soledad, sentirse invisible - tema éste de capital importancia en la historia -) , y lo haces bien, la gente siempre responde.

Por eso me da un poco de rabia y no la califico como obra maestra: porque el material y los implicados en el proyecto son lo suficientemente buenos como para que no hubiera hecho falta esa dosis extra de presión a la hora de generar sentimientos. Quizás Bayona, como sí que hace Spielberg, tendría que haber confiado un poco más en el público y en su capacidad de emocionarse sin que nadie les obligue a ello.


21/9/16


A falta de poco más de un mes para que se celebre el evento dedicado al mundo del Manga más importante de este país, por no decir de Europa, FICOMIC anunció ayer las fechas del que será ya su trigésimo quinto Saló del Cómic Internacional, con un cambio de fechas que sorprenderá a más de uno, ya que si bien dicho evento normalmente ha “bailado” entre los meses de Abril y generalmente Mayo (con un par de ediciones en Junio en su totalidad o en parte), este año comenzará a finales de Marzo, exactamente el día 30 para extenderse durante cuatro días hasta el 2 de Abril.


Aun es pronto para conocer información en cuanto a contenidos, actividades y/o invitados, si bien ya por todos en conocida la vuelta de la estrella de la edición de este año, el incombustible Frank Miller, cuyo regreso se anunció a las pocas semanas de terminar la pasada edición. 
Del mismo modo, y como suele ser habitual con los premiados con el Gran Premio de cada año, se anuncia exposición de Jose María Blanco, que irá vinculada al centenario de la revista TBO.

Desde TodoOcio3D estaremos atentos a cualquier noticia sobre el evento, desde la presentación del cartel a los anuncios de diferentes actividades, exposiciones o invitados, para hacérosla llegar en el menor tiempo posible.

20/9/16



Planeta de Agostini continua con paso firme la publicación del universo Transformers en nuestro país con este tomo, “Cyberton Oscuro”, en el que nos encontramos el primer crossover entre las dos series actuales que está publicando la editorial (recordemos que mantiene de forma muy aperiódica otra línea clásica con los comics de los 80 y cuyo segundo recopilatorio tendremos antes de que acabe el año). 
Dichas series, “More Than Meets The Eye” y “Robots In Disguise”, ambas con tres tomos publicados hasta ahora, convergen en el presente tomo para contarnos una historia llena de mitología cybertroniana que sorprenderá al seguidor más clásico de la franquicia y que supondrá todo un punto y aparte en una de las franquicias más conocidas y adaptadas a diferentes medios. 

Starscream liderá Cybertron de forma electa; Bumblebee, quien estaba destinado a hacerlo, está en el exilio; Optimus ha renegado del linaje de los Prime y ahora se hace llamar Orion Pax… ¿demasiados cambios en el status quo tradicional verdad? 
Pero parafraseando a las “Crisis en Tierras Infinitas”de DC, “Tierras morirán, tierras vivirán y el universo nunca volverá a ser el mismo”. Y es que en este tomo nos encontraremos con los Transformers lidiando con dos universos, el “normal” y el Universo Muerto, al recuperar de este último a Galvatron y Nova Prime por parte de Shockwave y así hacerse con el mando de Cybertron. 
No estáis soñando, Autobots y Decepticons trabajando mano a mano...
La aparición, y/o la búsqueda de los Titanes, Transformers tan antiguos como la mera existencia, nos situará en diferentes escenarios con diferentes grupos de personajes a lo largo de la lectura, que hará que nos encontremos desde alianzas nunca vistas entre Autobots y Decepticons en uno de ellos, como un claro homenaje a la maravillosa película de Joe Dante “El Chip Prodigioso” en otro.

Aunque el baile de artistas, quizá demasiados, en un principio puede resultar un poco caótico, finalmente se van asentando cada uno en un punto de acción diferente, lo que acaba resultando hasta beneficioso para la lectura del tomo, destacando personalmente las páginas dibujadas y coloreadas digitalmente por Livio Ramondelli. 

El tomo puede leerse tranquilamente sin haberse leído las series madre, siempre y cuando tengas ciertos conocimientos sobre el universo Transformers, si bien en algún momento del mismo se hace referencia a algún hecho acontecido anteriormente. Dicho esto, si es tu primer acercamiento a dicha franquicia, la lectura de “Cybertron Oscuro” también puede ser la excusa perfecta para iniciarte en la misma, ya que todos los tomos posteriores tomarán como punto de partida lo acontecido en el presente tomo. 
En caso de que sea un treintañero o cuarentón que disfrutó en su momento de la maravillosa serie de televisión, al principio te sentirás un poco descolocado, principalmente debido al cambio de roles de personajes por todos conocidos, pero que una vez dispuestos en el tablero actual volverás a disfrutar como hace décadas. 
Y hablando de nostálgicos, no he podido evitar incluir en esta reseña esta portada que homenajea claramente al "New Mutants #87"


Queremos mas Transformers y los queremos ya!!!!

"Cybertron Oscuro" contiene el material publicado en USA en "Transformers: Dark Cybertron #1-2"; "Transformers: More Than Meets The Eye #23-27" y "Transformers: Robots In Disguise #23-27".

17/9/16


Érase una vez una película del Estudio Ghibli que en realidad no era del Estudio Ghibli, pero que terminó siéndolo por derecho propio.

Tranquilos, que vamos a explicar este pequeño trabalenguas. "The red turtle" es una película del Estudio Ghibli desde el momento en que la primera imagen que vemos es la icónica figura de Totoro. Pero, tirando de imdb en este caso, resulta que sólo seis personas del magnífico estudio japonés estuvieron realmente envueltos en la realización de este film.

La historia es mucho más curiosa. Resulta que miembros del estudio habían visto el cortometraje  de animación "Father and daughter" del danés Michaël Dudok de Wit, que había ganado el Oscar...en 2001 (sí, está claro que los japoneses se toman las cosas con calma). Es más, el último trabajo de De Wit en el campo de la animación se remonta a hace una década ("The aroma of tea", realizado en 2006 y que sólo dura tres minutos).


Pues bien, de repente un día, por sorpresa, De Wit recibe un email del Estudio Ghibli preguntándole si podían distribuir su cortometraje en Japón. Pero además le hacían una segunda pregunta: si estaría dispuesto a hacer un largometraje para ellos. 

Sí, por primera vez el estudio de Miyazaki (¡vuelve, se te echa de menos!) decidió, en vez de elaborar un trabajo propio, producir una película europea. De modo que lo que vemos en pantalla, para bien o para mal, tanto si nos gusta como si no, hay que achacárselo a la labor de De Wit. Sus trazos simples, sus fondos minimalistas y en muchos casos inexistentes. Su simpleza visual (que no conceptual) y su arriesgada apuesta por hacer una película de 80 minutos en los que no hay diálogos.

¿El resultado? Una pequeña joya que, siendo una obra muy personal del director danés, entronca perfectamente con la filosofía del estudio Ghibli, tanto en su técnica experimental (no hay más que echar un vistazo a títulos como "El cuento de la princesa Kaguya" par darse cuenta de que siempre están en constante evolución) como en la propia alma de la película. De modo que, como comentaba en la primera línea, quizás sea un Ghibli mestizo, pero no por ello menos merecedor de llevar el sello de la ilustre compañía.


Resulta difícil explicar de qué va "The red turtle", porque, aunque sé que es tirar de tópicos, es una de esas cintas que es necesario ver para apreciar en su justa medida. Su argumento es muy sencillo, pero la cinta está llena de simbología e imágenes que se te meten dentro y te hacen pensar y soñar.

En la superficie, es la historia de un naúfrago en una isla desierta, de la que trata de escapar construyendo una balsa. Una enorme tortuga roja derriba su balsa y el hombre, en un arrebato de ira, golpea al animal, que pronto se convierte en una mujer. 

Eso, en cuanto a intentar describir con palabras lo que se ve en la pantalla. Porque en realidad, "The red turtle" es una película sobre el ciclo de la vida. Sobre la familia, sobre nuestros sueños y temores, y la importancia de sobreponernos a las adversidades. Es una preciosa e intimista historia sobre el ser humano, sobre quiénes somos, qué nos define, y de qué modo transcurre nuestra existencia. O al menos ese es el mensaje que yo extraje.


Porque lo maravilloso de la película es que cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Qué simboliza realmente esa "tortuga roja", qué es la isla desierta... Es una magnífica película con muchas capas, no para todos los públicos (¿he comentado ya que es una película sin diálogo en la que tampoco pasan tantas cosas?) a la que hay que aproximarse con la mente abierta y con el deseo de dejarse llevar por algo que es mucho más de lo que parece a primera vista.

A pesar de que sólo llevamos un día, no me cabe duda de que va a ser una de las pequeñas joyas de este festival. Una historia pequeña que encierra una enorme grandeza.



16/9/16


Apenas ha arrancado la 64 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y ya tenemos la primera polémica: ¿es "La doctora de Brest" una película como para inaugurar el certamen? A ver, para gustos colores. No tengo ni idea de qué requisitos hace falta, según algunos entendidos, para ser merecedor de dicho honor. Pero lo que sí tengo claro es que la película de Emmanuelle Bercot es mucho mejor que "London Road" (que clausuró San Sebastián el año pasado) y, así, entre nosotros, ahora que no nos escucha nadie...también es mejor que "Regresión", la peli inaugural del 2015, por mucho Amenábar que estuviera tras las cámaras.

Pero vamos a lo nuestro, es decir, a hablar de la cinta. Que está basada en una historia real y que cuenta la lucha de la doctora Irene Frachon (que también está en el festival) por lograr que se prohibiera en Francia un medicamento aprobado por el estado para diabéticos (y que también se usaba para adelgazar), pero que, como descubrió la médico, causaba un elevado número de muertes.

A nivel cinematográfico la película es un drama médico/judicial impecable, para lo bueno y para lo malo. Es decir, no se le puede poner un solo pero, ya que cumple todos los requisitos de este tipo de historias a lo Erin Brockovich (protagonista terca, un caso sólido pero en el que nadie cree, complicaciones, algún golpe de suerte, más complicaciones, momento en el que está a punto de abandonar y luego la parte final con la resolución de la historia) y no se hace larga, a pesar de algunos pequeños baches en momentos puntuales.


Lo malo es que, del mismo modo, se podría decir que "La doctora de Brest" no innova. Es decir, es entretenida, es interesante, muestra una historia de David vs Goliath de esas que a todos nos gustan pero, en última instancia, no nos cuenta nada nuevo. Sí, es horrible descubrir cómo ante evidencias abrumadoras la administración aún tiene tantos reparos a la hora de actuar, presionada por las farmaceúticas. Pero el problema es que casos como éste. desgraciadamente, los hay a cientos en los periódicos...y decenas de películas que tienen este punto de partida.

Aún así, que conste (sí, sé que estoy dando la de cal y la de arena), estamos ante una película muy reivindicable, por lo bien hilada que esta (con los "peros" a los que antes aludía) y, sobre todo, por el soberbio trabajo de su pareja protagonista. Comenzando por una inconmensurable Sidse Babett Knudsen (inolvidable su trabajo en la serie "Borgen"), que se come la pantalla con uno de esos personajes todoterrenos que te despiertan todo tipo de reacciones contrapuestas (vamos, que no intenta ser demasiado simpática, y aunque terminas cogiéndole algo de cariño...uff, hay otros momentos que es para matarla).

El suyo es un tour de force de los que hacen las delicias de cualquier actriz, lo que sumado a que se pasa en pantalla el 99% del metraje, nos indica hasta qué punto es la responsable de que la cinta resulte tan interesante.


Pero no menos destacable es el trabajo de Benoit Magimel. que hace una excelente labor de interpretación contenida, siendo siempre el contrapunto a la excesiva, intenta y a veces antipática protagonista. Es el sufrido "lugarteniente" que no intenta robar las escenas, porque entiende que eso iría en contra de la película, pero que está excelente porque ofrece exactamente lo que su papel requiere.

Dejando aparte las consideraciones artísticas, lo que más me ha llamado la atención de "La doctora de Brest", y es algo que necesito compartir, es la propia personalidad de la protagonista. Si hay algo que me fascina de la película es que demuestra cómo uno puede ser un héroe y, al mismo tiempo, una persona de lo más cuestionable. No es que Irene Frachon sea mala (la de la película, ojo, que a la real no la conozco), pero desde luego es terriblemente narcisista, egocéntrica y en cierto modo un peligro público.


Porque si algo demuestra la cinta es que la buena doctora no teme llevarse a nadie por delante cuando se trata de defender aquello en lo que ella cree. Actúa primero y piensa después, sin sopesar nunca el perjuicio que le puede estar causando a la gente que está a su alrededor. Y sí, todo parece justificado (incluso el hecho de que tiene a su familia prácticamente abandonada) porque defiende una buena causa. Pero, ¿y si se hubiera equivocado? ¿Y si su lucha hubiera sido una batalla quijotesca en la que todos hubieran salido perdiendo por culpa de su orgullo y su falta de tacto?

Lo admito, no puedo dejar de pensar en este asunto. En que admiro a Irene Frachon, pero al mismo tiempo no me gustaría que formara parte de mi vida. Vamos, que huiría de ella como de la peste.

Acabo de caer en la cuenta de algo: que la película me haya despertado esas sensaciones, que me haga reflexionar sobre estos temas. significa que me ha calado. O sea, que sin ser una obra maestra a mí me convence como película de inauguración. Y en cuanto llegue a las carteleras de toda España, harían bien en ir a verla.




Si son lectores asiduos de la web (y no saben cuánto se lo agradezco), habrán comprobado que hemos estado un par de semanas sin actualizarla. He explicado los motivos tantas veces, que no merece la pena detenernos en ello una vez.

Lo importante es que hoy arranca el Festival de cine de San Sebastián, y nos hemos puesto las pilas. Estamos aquí con la idea no sólo de ver buen cine, sino de escribir sobre lo que vemos con ilusión, intentando despertar su interés...y publicando las críticas lo más rápidamente posible. Siempre he dicho que esta humilde web, con todos sus fallos, se crece en los festivales. Y éste no va a ser una excepción.

Así que si hay algo que les puedo prometer es que los próximos diez días va a ver muchas actualizaciones. En cuanto tenga 15 minutos libres estaré tecleando, para traerles todas las novedades del festival, De modo que les animo a que nos visiten.

Empezando por la crítica de la película inaugural, "La doctora de Brest", que se proyectó hoy a las 9 a.m y sobre la que van a poder leer en poco más de dos minutos, a partir de las 15.00 horas (una hora menos en Canarias, of course).

Gracias por estar ahí.


26/8/16


¿Hay algo mejor que tener un Premio Donostia de la talla de Sigourney Weaver? Pues sí, tener dos Premios Donostia de la talla de Sigourney Weaver...y Ethan Hawke.

Y es que el excelente actor y novelista estará presente en el Festival de Cine de San Sebastián para recibir el sábado 17 un merecido reconocimiento a toda su carrera, durante una gala especial en la que se proyectará su nueva película, "Los siete magníficos", donde comparte cartel con Denzel Washington y Chris Pratt. Ni que decir tiene que es un remake de la película de Jim Sturges, que a su vez se basada en los "Siete samurais" de Akira Kurosawa. Detrás de la cámara está Antoine Faqua, que ya dirigió a Ethan y a Denzel en la famosa "Training Day", que le valió una nominación al Oscar al primero y la estatuilla al segundo.


Como curiosidad, hay que decir que Ethan Hawke, como ya contó Alejandro Amenábar, tiene unas ganas locas de visitar el Festival de cine de San Sebastián, pese a que al final el año pasado no pudo venir a presentar "Regresión". Pero mira por donde, con 365 días de retraso pero va a poder cumplir su deseo.

No es la única novedad destacada referente al Festival, ya que también se conoce la película que inaugurará la 64 edición: será la cinta francesa "La doctora de Brest", dirigida por Emmanuelle Bercot y protagonizada por Sidse Babett Knuden y Benoit Magimel.


Por cierto que hoy mismo se han puesto ya a la venta las entradas para las galas del Festival, es decir, Inauguración, Clausura y las dos galas del Premio Donostia. Los precios son un poco elevados, para qué negarlo (35 euros los Premios Donostia y 70 el arranque y cierre de la presente edición), pero también es cierto que merecen la pena.

Para finalizar con este mix de informaciones (que llegan 24 horas tarde, lo sabemos...), decir que también se han hecho públicos los títulos de las 5 últimas películas que competirán por la Concha de Oro: "The Oath" (Baltasar Kormákur), "El invierno" (Emiliano Torres), "Rage" (Lee Sang-Il), "Playground" (Bartosz M. Kowalski) y "I am not Madame Bovary" (Xiaogang Feng).



23/8/16


Estos últimos días se está haciendo eco la petición de una madre en las redes sociales un tanto curiosa, y Todoocio3D, como suele hacer, va a aportar su particular análisis sobre el tema. Para empezar, aquí teneis el texto que la mujer ha enviado a diferentes cadenas televisivas de este país:

Buenas noches, os escribe una madre desesperada, a petición de mi hija pequeña, de 3 años, para que por favor no emitan el anuncio del tráiler de la película «No apagues la luz». Sé que esto es imposible, pero os agradecería que antes de salir un anuncio no adecuado para niños pusierais algo así como: «A Continuación Anuncio + Edad», tal y como se hace en las películas, para que a los padres nos de tiempo de decidir si verlo o no, ya que están presentes nuestros hijos. 
Muchos se burlaran de ni propuesta, pero es muy alarmante ver como a mis hijas le estáis creando un trauma o fobia a la oscuridad al emitir en vuestras cadenas ese anuncio. 
Se me parte el alma cada vez que veo a mi hija pequeña de 3 años taparse los oídos y esconderse cada vez que escucha la música de la nana del tráiler. 
Antes no le daba susto, iba a todas partes de la vivienda sin echar la luz, ahora es incapaz de ir sola a ninguna parte, y la cosa empeora por las noches. Hemos intentado explicarle que eso no ocurre de verdad, ella lo entiende pero lo olvida al escuchar la canción. 
Mi hija pequeña me pide que por favor escriba a la tele para que no vuelvan a echar ese anuncio. Puede que para éste sea ya muy tarde o precipitado, pero os agradecería que lo tuvierais en cuenta para los próximos anuncios.
Muchas gracias.”

Dicho texto ya acumula la friolera de 9500 comentarios, se ha compartido casi 25000 veces (si, con tres ceros) y marca casi 45000 reacciones (ahora ya no es todo "Me gusta"). 
Antes de empezar a desgranar todo esto, y para quien no lo sepa, yo mismo tengo una hija de 5 años. Y una mujer de casi 40 que, aun siendo una buena amante del cine de terror, reconoce que este tráiler acojona, y mucho.

Ahora bien, mi pregunta es la siguiente: ¿en que canales y a que hora dichos niños están siendo traumatizados por todo el país? Volvamos a mi hija de 5 años, quien, cuando está viendo la televisión, lo hace en uno de los muchos canales infantiles que cualquier plataforma digital ofrece y que, aun en caso de que únicamente tengas que “disfrutar” del TDT, puedes encontrar como apropiados para dicho público. Por lo tanto, lo que habría que analizar es si dicho tráiler se está emitiendo dentro de la llamada (y exagerada en su extensión) franja protegida para el horario infantil. Quiero decir, si el tráiler se emite a las 17:00 de la tarde…pero… ¿qué hace un niño a las 17:00 de la tarde viendo otra cosa que no sean dibujos? Tan solo hay que coger cualquier cadena “normal” y ver si un niño debería ver cualquiera de las cosas que emiten en ese horario (T5 no cuenta como cadena normal, lo siento, lo que emiten tras la comida sí que es realmente denunciable). Entonces… ¿dicho tráiler lo emiten por la noche? Por lo tanto habría que preguntarse que cojones hace un niño viendo la televisión a esas horas.

Tan solo hay que darse una vuelta por los miles de comentarios de dicha publicación para leer cosas como "...si claro, no voy a tragarme dibujos animados todo el día..." o leer como la gente argumenta que ver "Mujeres, Hombres y Viceversa" es una OPCIÓN de cada uno y que el trailer en cambio TE OBLIGAN a verlo...



¿Retirar dicho tráiler? Difícil por no decir prácticamente imposible, ya que lejos de conseguir su objetivo, esta mujer lo que ha hecho es regalarles una campaña de marketing IMPAGABLE. 
Si no conocías el tráiler te van a dar ganas de verlo, si conocías la película ahora tendrás más ganas de verla y si tu hijo lo desconocía y ahora le tapas los ojos estarás alimentando su curiosidad…

Y esto no es nada, estoy deseando que se estrene “La Fiesta de las Salchichas”, hacerme una palomitas y sentarme delante de mi red social a la espera de padres indignados escribiendo que las películas de animación no deberían ser para adultos. Al tiempo.